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ELEGANTE: INVIERNO LAP TOP

8 de mayo de 2010

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Desvaneciendo                                                                                                               (Distorcia Discos, 2004)

A nivel local, una de las pocas satisfacciones que nos han dejado los primeros diez años del siglo XXI es la proliferación de medios alternativos de difusión/distribución a través de Internet -fenómeno que a su vez ha viabilizado la proliferación y, en algunos casos, consolidación de netlabels cuyos planteamientos pueden reclamar sin sonrojos el siempre resistido calificativo de “innovadores”. Mediaba la década, por ejemplo, e Internerds Recors (2004-2007) era una pujante escudería online de contadas y muy cuidadosas ediciones físicas. El camino inverso lo tomó Dorog Records (2004 a la fecha), discográfica que inició operaciones en el mundo real, haciendo gala de una estética impecable en sus empaques; y que hoy se ha convertido en permanente surtidor de lanzamientos virtuales a cual más oxigenante.

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No es de extrañar, entonces, que otra de esas pocas satisfacciones legadas por el decenio 2000-2009 sea resultado de los esfuerzos fortuitamente convergentes de ambos sellos: una atractiva, saludable veta de ambient-pop/post IDM -acrónimo de intelligent dance music- que tiende puentes entre los territorios del avant garde más accesible y del pop con aspiraciones “serias”. Por Internerds, jugaron Pulso Adolescente y Aural Noise, entre otros; por Dorog, Jonathan Castro y Polvos Azules son de los más destacados. Naturalmente, esta confluencia es matizada por terceros igualmente recomendables: Sónica de Trujillo -y su posterior encarnación Jardín Solar-, el dúo Ida (perteneciente al colectivo limeño del mismo nombre), los huancaínos Alcaloide y Corazones En El Espacio...

Así las cosas, conviene recordar/reivindicar un antecedente directo, aparecido también en el 2004, que sentó en buena medida las bases para el florecimiento de esta “sub-escena” y definió tanto sus contornos como sus (principales) virtudes y sus (pocos) defectos. El artefacto publicado se llamaba Desvaneciendo, debut de un proyecto del que hasta ahora desaprobamos el desatinado nom de guerre: Elegante.

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NIEBLA HÚMEDA

Desatinado, sí, pero no porque proceda contradicción alguna entre la denominación y el sonido. Desvaneciendo está muy lejos de ser áspero, tosco, rudimentario o industrial. El error radica en un alias tan poco creativo, en exceso común y carente de pegada. En cualquier caso, la infeliz elección no mella el valor intrínseco del documento, mismo que llegó a mis manos prácticamente de rebote. Entre abril y mayo del 2005, lo encontré en medio de una pila de discos, en casa del ruidista Christian Galarreta. Consultado mi anfitrión, sólo pudo decirme que Elegante practicaba un rollo afín al IDM, afirmación que bastaba para excitar la curiosidad. ¿Cómo sonaría un grupo peruano harto influenciado por Autechre, Plaid, Aphex Twin, Boards Of Canada o The Black Dog Productions?

Los créditos en el plástico aclaraban que Elegante no era un grupo, sino el unipersonal de Daniel Martinetti; que Desvaneciendo había sido editado el año anterior, y que era un esfuerzo casi solipsista en su independencia: disquera creada ad-hoc (a la usanza del período post punk), tiraje recontra mínimo (y, por consiguiente, nula difusión -me parece que jamás se puso a la venta-), contacto directo con el músico (sin molestos intermediarios), etc.

A la distancia, reconozco que Desvaneciendo quizás se merecía más escuchas de las dispensadas entonces. Más que IDM, suena a intelligent techno, que no es exactamente lo mismo. Las siglas hacen referencia evidente a un mínimo grado de ritmo y movimiento relacionados con la danza. Si la etiqueta ya es bastante discutible entre los grupos decisivos del género -¿alguien puede bailar el Geogaddi (Warp, 2002) de Boards Of Canada?-, en Elegante circa 2004 no tiene ningún sentido hablar de “dance”. Pero sí de (sosegada) pulsión. El disco, además de instrumental, es predominantemente contemplativo en su melancolía -despega casi como pidiendo permiso.

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LATIDOS

La calidad de registro en Desvaneciendo es  notable, al punto que el sample de arranque -fácil repescado del  típico  reportaje mediocrón de nuestra  señal abierta- es lo único que delata un origen “tercermundista”. En el primer tema, que titula como el álbum, digamos que sólo por descarte se puede hablar -y con pinzas- de IDM. Acaso sea más exacto aludir a una suerte de proto ambient-pop: algunas de estas ideas las trabajarían a posteriori coterráneos como El Paso o Ionaxs.

Desde el segundo track, “Encontrarse”, Elegante, sin olvidar las lecciones de sus mayores -ecos de Global Communication, la tutela de los ineludibles Autechre-; busca pararse en aquellos hombros para sobrepasarlos, por imposible que sea la empresa, subsumiendo cualquier inclinación rítmica a esa amarga desesperanza que tan bien conocemos/padecemos los peruanos. En la pulcritud del acabado sonoro, Martinetti invoca la tecnología como nuevo medio en la vida del Hombre, y simultáneamente remarca todas aquellas imperfecciones humanas por las cuales urgimos tanto de estos, ejem, “artificios”.

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Los vacíos en la memoria que nuestra imaginación se afana en atiborrar -chequear el interesante film israelí Waltz With Bashir (2008) para más señas-, la brevedad de la vida de nuestra especie y su pequeñez frente al Universo, la imposibilidad de un efectivo acercamiento afectivo hacia nuestros semejantes... Éstos y otros tópicos, ya más personales, me visitaron mientras el láser recorría Desvaneciendo; acunados tras la técnica puntillista de los arreglos, las reverberantes programaciones, la indietrónica que embadurna las secuencias. Y siempre, por encima de todo, la expresividad encomiable de la melodía. Como escribiera hace ya seis años, música para robots con alma.

APRENDIZAJE(/BALANCE)

Muy poco de lo que conocemos en vida suele ser “perfecto”. En este estreno, que hasta hace unos meses era también función única, tres obstáculos impiden otorgar el 10/10. Uno de ellos es la duración de algunos cortes. “Tranquilidad” pudo haber quedado en 5 minutos sin resentir su estructura, y algo similar sucede con un par de piezas más. Otra traba, consecuencia de la anterior, es la extensión global del disco: 78 minutos debe ser todo un record a nivel nacional. Tal vez eliminando números tan predecibles como “Latidos” (en clave house), la jornada quedaba no sólo pareja sino más concisa -allí están bandas como Lali Puna o Pulseprogramming para demostrar que sí se puede.

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El tercer inconveniente está vinculado a la poca fortuna con que se bautizó a la mayoría de composiciones presentadas en Desvaneciendo, lo que desdibuja en algo la buena impresión lograda. La vívida añoranza retrofuturista a lo Boards Of Canada de “Veo Tus Ojos... Calla La Boca” no se merecía designación tan achorada. Y hasta ahora es un enigma por qué “Dos Semanas” -uso extensivo y muy bien trabajado de un sample de batería- se llama así.

Sin embargo, queda establecido que la puesta de largo de Elegante tiene muchos momentos de ensoñación y chispazos de genialidad. Y aunque el austero teclado imitativo de “Cambio” se monta en una secuencia sísmica de grado 4, reclamando ocupar el sitial de honor, “No Mates Más Toros Por Favor” se lleva las palmas: bien ensamblado medio tiempo, evocadoramente nostálgico, que, siendo tributario del IDM, produce el raro efecto de bajonearme (cosa que sólo me ha pasado con las distopías más señeras de Autechre: “Piezo”, “Rae”, “Eggshell”, siguen nombres).

¿LLEGÓ LA HORA?

Párrafos atrás escribí “Elegante circa 2004”. Luego de Desvaneciendo, Martinetti encarpetó el a.k.a. de Elegante y dio vida al grupo Sonoradio, cuyo primer berrido fue la estupenda canción “Mírame Mierda”, incluida en el Dormitorios Electrónicos: Sonidos Hechos En Casa (Internerds Recors, 2005). Más tarde, Sonoradio purgaría un primer disco epónimo (2007) a golpe de electroclash.

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Nada, sin embargo, volverá a ser igual. Hace poco, el músico reactivó Elegante, ahora desde coordenadas más, glup, toneras. El interesado puede descargar el doble compilatorio Música Para Gimnasios: Compilación De Música Electrónica Peruana (2009) desde el site de Dorog Records, para aplicarle a la nueva faceta post-rave de Martinetti (Orbital es un buen símil). Quienes se sientan desahuciados por este brusca resurrección, mejor esperen sentados dándole una y otra vez al Desvaneciendo. Esta vez, anunciando ya novísimo derrotero drum’n’bass, la consigna de Elegante parece inalterable: “¡Danza, Danza, Malditos!”.

Hákim de Merv

ESCUCHA EL DESVANECIENDO AQUÍ

ENLACES RECOMENDADOS

Daniel Martinetti/Elegante: http://www.myspace.com/danielmartinetti (en MySpace) y http://www.dorogrecords.com/ (en Dorog Records, sección Discos).

Sonoradio: http://www.myspace.com/sonoradio (en MySpace).

Waltz With Bashir: http://www.lavanguardia.es/lv24h/20080515/53463033333.html (en La Vanguardia), http://www.univision.com/content/content.jhtml?cid=1812989 (en Univisión) y http://es.wikipedia.org/wiki/Vals_con_Bashir (en Wikipedia).

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RED HOUSE PAINTERS: LA ÉPICA DE LA MELANCOLÍA

2 de mayo de 2010

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Red House Painters (“I” a.k.a. “Rollercoaster”)                                                      (4AD, 1993)

Red House Painters (“II” a.k.a. “Bridge”)                                                               (4AD, 1993)

A veces, la distancia que separa dos sentimientos en común es una banda de rock -voz, guitarra, bajo y batería; como conductores de energía y emotividad. Principiaban los noventas cuando un muchacho de San Francisco, marcado por experiencias infantiles sobrecogedoras y recuerdos contrariados, decide armar una: Red House Painters. Mark Kozelek se apropia del nombre de un colectivo revolucionario artístico oriundo de Tenesse -International League Of Revolutionary House Painters- para destilar las vivencias de un duro crecimiento, esas llagas que no sanan a pesar de lo recorrido y olvidado, y las convierte en el principal engranaje que mueve al proyectado grupo. He ahí una de las cualidades que les diferenciará de actos afines: su honestidad pura y directa. Es este tenor casi autobiográfico el que nos gana antes de salir a la cancha. En el camino, la vida de Mark se entrecruza con las de Gordon Mack, Jerry Vessel y Anthony Koutsos; y con ellos se alista para liberar(se de) sus depresiones. Como resultado, Down Colorful Hill (4AD, 1992), la primera entrega de muchas: un álbum con la crudeza del que ya no quiere guardarse nada, pero sonando como si quisiera evitar hacer el menor ruido.

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Frente a la supuesta y engañosa amabilidad que nos ofrece el apartado musical de Red House Painters, nos damos de narices contra la rigurosa negrura de sus tópicos. Amoríos rotos, familias apesadumbradas, desolación personal -todo sale/va mal en el universo del pobre Mark. Red House Painters es un confesionario, el de Kozelek. Y es esa vehemencia delatadora la que provocará 2 rodajas grises y melancólicas como la tarde más fría bajo la que alguna vez hayas caminado.

Al año siguiente del debut, RHP edita sendos volúmenes epónimos, rebautizados por los fans como Rollercoaster y Bridge debido a las fotografías de las respectivas carátulas, dándonos a nosotros los casi igual de afligidos oyentes material suficiente como para no recuperar el optimismo. Rollercoaster y Bridge mantienen aún el perfil bajo de la ópera prima: mientras la voz de Kozelek calza perfecto con el sepia de ambas fundas, funciona además como la manta blanca que cubre un cadáver, el tul que tapa un rostro desencajado, aquella manta que ponemos sobre el espejo que reflejará (sobre el cuarteto) cada uno de nuestros pesares.

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En Rollercoaster (mayo), cuya montaña rusa de portada es referencia constante en muchos de sus temas, las alusiones al niño que alguna vez fue Mark son continuas. Un pequeño que creció sin quererlo y no sabe cómo afrontarlo. Esta tristeza, sin embargo, no es la primera impresión reflejada en la placa, pues “Grace Cathedral Park” es una pieza acústica folkie bastante más amable que una deprimente balada descorazonada. La banda construye a partir de ahí un disco hecho de un minimalismo absoluto, poblado de silencios, angustias y emotividad. La humanidad de Kozelek y compañía se vuelve totalmente accesible, mas no por eso deja de ser perturbadora, y bajo ningún término quedamos frente a su pesar como hombres mejores -ni tampoco él se muestra como la peor escoria del mundo. Simplemente, contemplamos su desazón sin juzgarla ni condenarla.

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La bipolaridad de algunos tracks aquí incluidos va de la mano con aquella noción del noise y el shoegazing de la época, pero con la suficiente personalidad como para instaurarse dentro de un nuevo derrotero en la década, el slowcore -el traje entallado para la congoja del buen Mark, quien no tiene reparos en descubrirse a lo largo de casi 75 minutos de música. Estilísticamente, si bien es cierto la variedad sonora balancea el monólogo taciturno del letrista, en algunos episodios Rollercoaster es dueño de una ortodoxia monolítica que podría resultar tediosa. No obstante, es el empuje y talento del line up los que saben dar en la cresta con vaivenes y giros que nos dejan sin excusas para no someternos. Épicas tales como “Katy Song”, una de las mejores canciones de los noventas, o cantos descarnados como el de “Down Through” o “Mistress”, además de esos largos opus de nigérrimo talante como “Funhouse” y “Mother”, de 8 y 13 minutos respectivamente; se han inscrito con fuego en la piel de todo aquel que ha tenido momentos de flaqueza espiritual.

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Bridge (apenas 8 canciones), publicado en octubre, tiene más de segunda parte que de nueva exploración o propuesta, sin que esto desmerezca su valía. Aunque no nos desafía -haber tenido que tragar semejante sopa amarga apenas poco tiempo atrás nos preparó para este postre agridulce-, tampoco redunda. Sorprende la relectura de “I Am A Rock” de Simon & Garfunkel (práctica que se hará costumbre y cuyo inmediato sucedáneo es el tema “Shock Me” del guitarrista de KISS Ace Frehley -¡¡!!-, editado por la 4AD en el homónimo EP de 1994). Melancolía y cierto atisbo de humor forman parte del cúmulo de emociones de esta jornada, con una imagen -el puente- igual de evocativa que la de su predecesor: “I Am Not Very Well Read/And Did You Say That I Will Lose My House/And Can You Spare Me Of My Pain/And Can You Spare Me Of My Tears”, canta Kozelek en “Uncle Joe”. Más un puñado de canciones efectivas que un álbum sólido, Bridge sirvió para constatar que el vocalista no perdió el nervio. Aunque se le puede acusar de componer este tipo de números como quien se prepara una merienda por la tarde, hay esfuerzos notables que capturan por lo inesperado, como el cover de “Star Spangled Banner” (ese norteamericanísimo saludo a la bandera), y “Blindfold”, cuyo estertor final está hecho para escarapelar cada poro de tu arrugada piel. Canciones igual de desarmantes que en el glorioso capítulo previo pero de menor duración -y de una mayor orientación acústica-, Bridge se queda corto en su legado por simple comparación, aunque debo confesar que todavía hoy me sigue pareciendo mucho más siniestro que Rollercoaster -lo cual ya es bastante. Buenas pruebas residen en “Evil”, surco de 7 minutos que da inicio al disco, y que arranca con un par de risas cómplices antes de la canción propiamente dicha; y “Helicopter”, así como la reelaboración más agresiva de “New Jersey”.

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La dinámica de RHP está signada por el paso lento de sus temas, y la pluma oscura y perversa de Mark Kozelek. Su belleza radica en el sosiego que podemos encontrar dentro de la maraña de penurias que les cubren, en esa extraña mezcla de folk y noise bien resuelta en sendos discos que han empapelado muchas habitaciones cargadas de desconsuelo y abatimiento, incluso en estos días, ya de adultos (o más aún, quizás por eso). Sus evocaciones, sus imágenes, sus referentes; nos llevan no sólo a una década en donde despertábamos a la música íntegramente, sino también a episodios que, aunque a veces tristes, son nuestros, y nos han hecho lo que hoy somos. Por eso, merecen que los tengamos siempre presentes.

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Cristhian Manzanares

ESCUCHA EL RED HOUSE PAINTERS (“I” A.K.A. “ROLLERCOASTER”) AQUÍ

ESCUCHA EL RED HOUSE PAINTERS (“II” A.K.A. “BRIDGE”) AQUÍ

ENLACES RECOMENDADOS

http://es.wikipedia.org/wiki/Red_House_Painters#Discograf.C3.ADa_de_Red_House_Painters (en Wikipedia).

http://cuandoeramosalternativos.blogspot.com/2010/04/red-house-painters-entrevista-rockdelux.html (en Cuando Éramos Alternativos...).

http://www.elruidodelacalle.com/wordpress/2006/03/las-cosas-significan-mucho-en-el-momento-preciso/ (en El Ruido De La Calle).

http://everythingisgoingtobealright.posterous.com/red-house-painters-katy-song-1993 (en Everything Is Going To Be Alright).

http://www.nofimagazine.com/kozelekint.htm (en No-Fi Magazine).

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