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ESTACIÓN VICTORIA: DÍAS DE GLORIA EN EL PAÍS DEL POP

20 de junio de 2010

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Quizá el más grande reto al que nos enfrentamos los melómanos es el de actualizar, con el paso del tiempo, nuestra habilidad para incorporar los nuevos dialectos que constantemente transforman el panorama musical pop/rock y electrónico. Entiendo que esa capacidad es de origen innato, pero también que su fecha de caducidad está ineluctablemente determinada por una suerte de imperativo biológico.

Semanas atrás, una voz amiga me contaba que las mejores páginas de su vida nunca son las que ya se han volteado. Yo, por el contrario, siento que mis mejores años ya fueron hace rato. No me gusta el mundo en que vivo, y no puedo ni quiero adecuarme. ¿Qué queda, pues? Parafraseando a Umberto Eco, asumir mi condición de reaccionario, tener el valor para ser -además- decadente. Y qué puede ser más decadente que vivir en el pasado.

Hagamos, entonces, de tripas corazón.

CHANTAJE EMOCIONAL

No hay caso. A la avanzada de ismos que encontró suelo fértil en la Madre Patria a inicios del siglo pasado, a las generaciones literarias del 98 y del 27 influenciadas por esas mismas corrientes vanguardistas, y a genios de la talla de Dalí, Buñuel o Gaudí; es menester sumar, como aporte básico de la España contemporánea a la cultura humana, la legendaria movida rock que nació a fines de los 70s. Ojo que no es joda: bandas extraordinarias como El Aviador Dro Y Sus Obreros Especializados o Mecano, por citar dos ejemplos palmarios, dan fe de la fina artesanía pop que se fabricó en la península ibérica después del punk -y a lo largo de todo un decenio jubiloso, romántico, cuyos réditos artísticos todavía hoy permanecen intactos.

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Cómo habrá sido de alucinante este fenómeno “contracultural”, que dichos réditos no quedan monopolizados por sus protagonistas más señeros, sino que se distribuyen entre grupos menos “internacionales” que recorrían incesantes los circuitos hispanos. Justamente, en medio de esta pléyade compuesta por nombres como Heroica, los fundacionales Kaka De Luxe, El Último Sueño, Cinemas Pop, Oviformia-SCI, Parálisis Permanente o los barceloneses Ultratuia; encontramos a un acto que encajó algunos de los más grandes clásicos de aquella eterna primavera.

SINTONÍA DE LA MODA ESTANDARIZADA

En el principio fueron Los Modelos, formados en la capital española durante el verano de 1980. Sorprendentemente, la información disponible en Internet no es escasa: los cibernautas interesados hasta pueden descargar desde la notable bitácora ...No Es Extraño Este Vinilo? el mini álbum epónimo y póstumo (1983, http://noesextraoestevinilo.blogspot.com/2010/06/los-modelos-los-modelos-1983.html) que les publicase la entonces debutante label MR, subsello de Ariola-Eurodisc. Las crónicas del período hablan de un quinteto pop más melcochudo que la sacarosa, con cierta inclinación hacia el beat. A fines de 1981, Los Modelos se separarían. A pesar de los lustros transcurridos, aún hay incondicionales que les extrañan.

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De los sobrevivientes, el guitarrista Guillermo Pérez De Diego y la carismática vocalista Casilda Fernández se unieron al tecladista Francis Muñoz para explorar en esencia el mismo territorio, pero con dos diferencias cruciales: utilizar un código a partes iguales entre pop y electrónico, y llevar un estricto régimen contra la diabetes en labores compositivas -en lo cual también colaboró mucho Muñoz. El flamante trío se bautiza como Estación Victoria y firma contrato con MR.

COLONIZANDO ALFA CENTAURO

Que la metamorfosis fue efectiva lo deja claro desde el saque el primer single. Contacto En Saigón (1983), si bien muestra a EV como herederos naturales de LM, marca distancia desbrozando sonoridades más afines al post punk y a la new wave de esos días. De The Human League a O.M.D., de Duran Duran a Japan, los madrileños se nutrían del compás mecanizado que dominaba los charts de las principales metrópolis, apenas sorteando la mímesis en el (híbrido) sonido.

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De hecho, en su momento la cara A fue comparada con “Canton”, del Tin Drum (Virgin, 1981) de los imprescindibles Japan. La semejanza se sostiene básicamente en el intro de reminiscencias orientales, que usa la misma estructura, si bien las notas no son iguales. El ritmo, empero, es diferente, y las letras no tienen nada que ver una con la otra. Juzgue el lector, en todo caso, la pertinencia del parangón -que Muñoz explicó aduciendo que ambos temas se construían a partir de una melodía china tradicional. De paso, admiremos la belleza de la guapa Casilda, toda una new romantic ella:

Las melodías que desde el Korg facturaba Francis dotaron a Contacto En Saigón de un elegante sonido, reflejado pulcramente en el proceso de grabación del sencillo. Pero es en las líricas que los triates rebasan las similitudes del plano sonoro para trascender desde su tiempo y espacio. Hay en Estación Victoria un cuidado exquisito para la rima y el empleo de vocablos. La línea que cierra la historia de espionaje ambientada en plena Guerra Fría de “Contacto En Saigón”, antes del estribillo postrer, dice “Bajo El Cielo De Indochina/Me Entregó El Microfilm”. Ubicada la aventura en Saigón, Muñoz pudo haber utilizado “Vietnam” en lugar de “Indochina”: elegir esta última palabra, no obstante, le da un aire de distinción, de sabiduría y también de nostalgia por tiempos antiguos y más felices. Esta práctica, como se verá más adelante, alcanzará una saludable continuación. “Colonias”, por su parte, narra estupendamente una historia ¿proto? ¿retro? futurista, que revela -con perfecta dicción- el origen extraterrestre del género humano. Ni siquiera Erick Von Däniken lo hubiera hecho mejor.

(Valga aclarar que la toma 45 rpm de “Contacto En Saigón” no es la misma que EV colaría más adelante en su LP debut -versión inferior a la primigenia-. Además, contrariamente a lo que algunos blogs afirman, “Colonias” no fue recuperada en la puesta de largo.)

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El single llamó mucho la atención de la prensa especializada. Antes de acabar 1983, MR les promociona junto a alineaciones de la época como Polanski Y El Ardor, Danza Invisible, Betty Troupe, Farenheit 451 o Última Emoción; en las compilaciones 4473910 y 14 Hits Action (donde comparten surcos con A Flock Of Seagulls, Heaven 17 y Thompson Twins). Para la primera, MR recicla “Contacto En Saigón”; para la segunda, el grupo adelanta una de las mejores composiciones que haya firmado jamás artista alguno en nuestro idioma.

EL LAMENTO DE ANASTASIA

Para 1984, Estación Victoria se estrena en 33 rpm con un epónimo algo disparejo de diez temas. Hay canciones que toleran describirse como precursoras del tontipop que inventaría poco después  Aerolíneas Federales y que explotarían  en los 90s La Casa Azul o La Monja Enana.  Tal es el caso de la  obertura “Hollywood” -otra referencia sutil: la de Vercingétorix, el caudillo galo que resistió la invasión romana- o, más claramente, “Papá Te Odio (Yo No Quiero Ir A La India)”. En curiosa coincidencia, uno de los combos citados, La Monja Enana, comparte con EV el gusto por cultivar una veta sci fi (“Los Días De Perky Pat” y “Me Enamoré De Un Robot” se construyen a partir de textos del gran Philip K. Dick). Estación Victoria ilustra esa pasión futurista en “Sol En Venus”, “Rascacielos” y “Atentado En La Central”.

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Musicalmente, Fernández/Pérez De Diego/Muñoz suenan un pelo menos new wave que en el single. Eso se nota en la nueva versión de “Contacto En Saigón”, que cambia el fade out del original por un pomposo cierre cuasi orquestal (con lo que se parece un poco más a “Canton”). En la misma senda está “Galeón Español”, que sin embargo queda mejor librada por su puntillosa e ingeniosa letra (“Aletas Triangulares Nadando Alrededor”), y porque sobre la marcha arriesga una vuelta de tuerca -en principio parece hablar en pro de la Corona, luego se descubre que la voz cantante la llevan más bien los piratas. Una característica que comparte con la mejor canción del disco.

Ésta es “Octubre Rojo” (prensada después a 45 revoluciones). El bajo funkeado y la programación robusta a medio tiempo inician la oda, seguidos por teclados vigorosos en su abrumadora nostalgia. Sobre este patrón rítmico, escuchamos a Casilda evocar con ternura infantil las épocas en que Rusia era aún una monarquía: “Me Gustaba Escuchar/En Las Noches De Invierno A Lucio Contar/Viejas Historias/Que Sólo En Rusia Pudieron Pasar”. Primera sorpresa: uno podría pensar, con ese título, que se trata de una apología al régimen comunista, como lo es “Héroes De La Unión Soviética” de Gabinete Caligari. Conforme avanza la letra, también hay que descartar cuestionamientos a lo “Moscú Está Helado” de Esplendor Geométrico o “La Cicatriz En La Fábrica Roja” de El Aviador Dro: el presente de la muchacha es únicamente seis meses posterior al “triunfo” del proletariado eslavo. Ni lo uno ni lo otro -sino puritita melancolía y consternación, sensaciones rubricadas por unos violines tristísimos.

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Más adelante, prosigue Casilda: “Me Siento Morir/Cuando Un Comisario Pasa Junto A Mí/No Vaya A Sospechar/Que Por Mis Venas Corre Sangre Real”. Cae la última venda, la que no nos dejaba comprender que el personaje que se desespera es Anastasia, la mítica descendiente de la familia del zar que escapó a la matanza bolchevique de Ekaterimburgo. Y la pena y amargura cobran una dolorosa dimensión real.

Pero “Octubre Rojo” no sólo es el testimonio de alguien que ha sobrevivido a la caída de su mundo. Se celebra al héroe nacional Alexander Nevsky, a los cosacos y a los boyardos, y a la obra Taras Bulba de Nikolái Gogol. Es decir, se ensalza una riquísima y milenaria cultura satanizada por el enemigo occidental, que luego se ha revalorizado a través de películas como Andréi Rubliov (de Andréi Tarkovsky, inspirada en el pintor medieval) o, más recientemente, la superlativa The Russian Ark (de Alexander Sokurov).

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Todas estas cualidades apuntan a una sola conclusión. Si entonces una letra de este calibre, que se daba el lujo de homenajear a Nevsky y a Gogol, era posible en una canción de formato pop, que además en sus días tuvo mucha difusión radial en su país; qué maravillosa época debieron ser los ochentas en España -un mundo en el que los oyentes sabían quiénes eran estos personajes (a ver cuántos de nuestros escolares cuartomundistas pueden hacer lo propio) y en el que, como dice una opinión vertida en YouTube (http://www.youtube.com/watch?v=bflPp1w5a0o&feature=related), “la cultura y la originalidad eran más importantes que el consumismo”.

DISINTEGRATION

Mucho, y por mucho tiempo, se ha especulado sobre por qué Estación Victoria se desmembró. Algunos afirman que la culpa la tuvo Casilda, quien le tenía miedo a los escenarios, pero la mismísima vocalista ha desmentido tajantemente estas afirmaciones. En cambio, la Fernández ha retrucado que se debió al magro apoyo de su discográfica (ver los comentarios al video de “Contacto En Saigón”).

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Decepcionada Casilda por esta apatía, poco pudo hacer su reemplazo, Jenny Rodríguez, por suplir a una de las voces más preciosas del pop español. Como siempre, circunstancias de este tipo permiten hipótesis de toda laya. Yo, que les escuché (muchísimos) años después, sólo puedo sentirme agradecido por esas piezas tan notables. Composiciones que no sólo me confirman que el rock ha entrado en una crisis aparentemente irreversible con el cambio de milenio -sino que, lo más importante, si el mundo de hoy es una mierda, a mí no tiene por qué salpicarme esa mierda.

Hákim de Merv

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ENLACES RECOMENDADOS

http://www.popes80.com/grupos/estacionvictoria.htm y http://www.popes80.com/entrevistaestacionvictoria.htm (en Pop Es 80).

http://www.discogs.com/artist/Estaci%C3%B3n+Victoria (en Discogs).

http://sangrespanola.blogspot.com/2008/10/estacin-victoria-estacin-victoria-1984.html (en Sangre Española).

http://saltyka.blogspot.com/2010/04/estacion-victoria-estacion-victoria.html (en Music Blog Of Saltyka And His Friends).

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