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(DES)ANIM(AT)E, MISÓGINO: Saber Marionette J O Los Androides Sueñan Con Ovejas Eléctricas

20 de julio de 2011

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Resulta poco menos que ridículo, cuando no in extremis preocupante, que haya todavía gente reticente a aceptar el valor artístico de un lenguaje tan noble como el de la animación japonesa. Sobre todo si éste es capaz de transmitir sentimientos tan impresionantes o ideas tan revolucionarias/polémicas como las de la saga Saber Marionette J. Es verdad, series como X-Files o Millennium, o animes como Neon Genesis Evangelion; fueron un “todavía-más-allá” en el difícil arte de incinerar sistemas de creencias y estructuras mentales heredadas de nuestros mayores. Pero SMJ prefiere dispararle, por lo demás con éxito, al músculo más débil del cuerpo humano -rasgo del que carecen las anteriores producciones mencionadas (lo que no es un defecto, obviamente).

En las siguientes líneas, un esfuerzo -espero que ahora sí definitivo- por plasmar las vívidas emociones que esgrimen las Chicas Marioneta J como principal caballo de batalla.

EL MENSAJE EN LA BOTELLA

Superpoblada la Tierra en el siglo XXII, la Humanidad se ve en la necesidad de lanzarse al espacio profundo a concretar por fuerza un anhelado sueño: la colonización interplanetaria. Lejos, muy lejos de su lugar de origen, la tripulación de la nave Mesopotamia -predominantemente científica- ha encontrado un mundo idóneo para asentarse, al que bautiza como Terra-2 por su enorme parecido con la “metrópoli”. Al aproximarse a la atmósfera del nuevo hogar, la computadora del transporte adquiere conciencia de sí misma como resultado de un proceso experimental que intentaba darle sentimientos para una mejor interacción con el género humano. El ordenador es, pues, similar a un recién nacido, sólo que dotado de una incipiente conciencia -no sabe distinguir entre el bien y el mal, por ejemplo. Su primera reacción natural es fijarse en la persona responsable del experimento. A renglón seguido, borra del mapa a los tripulantes. Debido a lo repentino e inesperado del ataque, apenas seis terrestres alcanzan la superficie de un planeta totalmente deshabitado por raza inteligente alguna. Menudo problema: todos son hombres.

Afortunadamente, esos adanes traían consigo la técnica de la clonación. De este modo, Terra-2 se puebla sin la necesidad de la mujer. No obstante, lo que en ese momento fue un escollo biológico inteligentemente salvado, con el paso de los calendarios se convirtió no sólo en una imperiosa necesidad de desfogue físico, sino también en insustituible requerimiento afectivo. El Hombre crea “marionetas”, robots con apariencia femenina dedicados a las labores domésticas, pero la mentira le dura poco -desilusionado y nostálgico, lo observamos añorante de compañeras reales.

Trescientos años después, el planeta se halla dividido en seis ciudades-reino: Xian (equivalente a China), New Texas (Usalandia), Romana (descendiente de Italia), Petersburg (a imagen de Rusia), Gertland (estilo Alemania nazi) y Japones (obvio, ¿no?). Los hombres se sienten más solos y la vida es gris. La historia de Saber Marionette J empieza aquí, de modo bastante onírico. Otaru Mamiya (Namiya en la tambaleante traducción latinoamericana), un muchacho semi indigente de Japones, se sueña en un aula de clases. Distraídamente, dirige su mirada a través de una ventana que da al exterior. Para su sorpresa, descubre a una mujer. Ambos cruzan miradas y se preguntan mutuamente: “¿Quién eres?”. Al día siguiente, después de un día algo agitado, Otaru descubre por azar a una marioneta intacta, y casi sin querer la activa. Para su sorpresa, este robot no es igual a los demás: puede expresar emociones de cualquier tipo, sus habilidades superan con creces el promedio de sus semejantes, y, sorpresa otra vez, es la misma chica que vio en sueños Otaru, con quien establece un nexo que el tiempo tornará indisoluble.

Que exista una marioneta tan extrañamente “humana” como Lime (83-55-85) no pasa desapercibido. Su presencia en el palacio del shogun durante una exhibición de reliquias históricas es rápidamente advertida por el gobernante Ieyasu Tokugawa (pieza clave en la trama). Hacia el final del tercer episodio, merced a un atentado contra la vida del shogun, ya ha aparecido la segunda marioneta, Cherry (80-50-80), igualmente entregada al servicio de Otaru. Con el despertar de Bloodberry (95-60-88), el trío queda completo.

I’M A CYBORG, BUT THAT’S OK

Hasta aquí, salvo por el algo peculiar argumento, Chica Marioneta J (que se terminó de emitir en marzo de 1997, seguido posteriormente de 6 OVAs tituladas Saber Marionette J Again, y de la altibajera Saber Marionette J To X) no difiere gran cosa de otros animes pertrechados de situaciones humorísticas, música de primera y calidad gráfica excepcional. Es con la irrupción en primer plano de Fausto, gobernante de Gertland y autor intelectual de los atentados aludidos, que la madeja empieza a desenredarse, tras varios intentos fallidos de invadir Japones. Por cierto, Fausto no aparece solo, sino custodiado siempre por sus muñecas-sable: Tiger, Luchs y Panther; la némesis del terceto de Otaru. Estas seis marionettes son capaces de sentir gracias a los “circuitos vírgenes”, chips de emociones primarias implantados en sus cuerpos. Se explicita también la sed de dominación “mundial” de Fausto y sus planes para apoderarse de los circuitos vírgenes de las marionettes de Otaru. Lo empuja a extender su poder a las demás naciones el deseo de preparar un reino unificado para la llegada de la verdadera mujer.

Saber Marionette J-02

Trescientos años después de la llegada del Hombre a Terra-2, sólo el shogun Ieyasu Tokugawa y Fausto saben que la Mesopotamia no se empeñó en exterminar a los 6 sobrevivientes porque había conseguido lo que quería: una mujer de carne y hueso, conservada en suspensión inanimada durante tres luengas centurias. Esa mujer era/es la responsable de dotar a la computadora de conciencia: Lorelei, pareja del Fausto original. El ordenador se había “enamorado” de ella, como un neonato de su madre.

Saber Marionette J-05 Ambos saben, además, que eventualmente puede rescatarse a Lorelei. Para llevar a buen puerto tan urgentísimo propósito, porque el fantasma de la degeneración genética les sopla en el cuello, era necesario contar con la tecnología que hiciera posible los vuelos espaciales (la Mesopotamia y su cautiva orbitan en torno a este mundo), algo que el Hombre de Terra-2 había abandonado -y olvidado- en favor de una vida más sedentaria. Pero más necesaria aún era la evolución afectiva de las marionettes equipadas con circuitos vírgenes: si éstas alcanzan la madurez completa, habrán creado una perfecta imitación artificial de Lorelei, y podrán tomar su lugar en el corazón de la nave. Éste fue el plan primigenio de los supervivientes Fausto y Ieyasu (el original de Otaru, aunque el actual shogun no se le parezca en absoluto). Detalle relevante: cada uno trabajó a espaldas del otro. Fausto andaba hondamente flechado por Lorelei, y de hecho eran una pareja en regla. Ieyasu también estaba bien templado de la científica, pero evidentemente la amaba en secreto.

De este modo, se crearon dos juegos de chips. La desesperación del actual Fausto por hacerse de los circuitos de Lime, Cherry y Bloodberry se debe a que ellas han madurado totalmente, mientras que las muñecas-sable del “fhürer” no lo consiguen todavía. A todo esto, la Mesopotamia intuye el embuste y empieza a lanzar minas espaciales con el fin de liquidar a toda la población de Terra-2. No hay, pues, otra salida que enviar los chips maduros al crucero interestelar.

EL FANTASMA EN EL CASCARÓN

El desenlace de la serie (25 capítulos) es algo forzado para mis neuronas, no para mi miocardio. Las marionettes de Otaru, a pesar de sentirse profundamente enamoradas de él, deciden en secreto ocupar el lugar de Lorelei, me gusta pensar que menos por la preservación de la Humanidad que por la de su señor. Engañan a Otaru, mandándolo de regreso a Terra-2, y liberan a Lorelei, quien escapa con ayuda de Luchs. (Ella les acompaña por orden de Fausto, quien comprende tardíamente que es brindándoles amor que los circuitos vírgenes maduran, no usándolos como herramientas). Transcurre el tiempo y los clones de la nueva Eva Mater se desarrollan con celeridad. La población erige una escultura en memoria del sacrificio de las marionettes, pero ese reconocimiento sólo consigue deprimir más a Otaru. Éste tiene un sueño, similar al que abría el primer episodio: a través de la ventana de su salón de clases, contempla a Lime, esta vez acompañada de Bloodberry y Cherry: “Logramos que comprendiera. Volvemos a casa, Otaru”. A buen entendedor pocas palabras. I'll Always Be Your Side.

Tal vez lo más trivial a resaltar de esta primera producción de la saga SMJ sea una apreciación relevante para los incondicionales del “fan service” -quienes, sin embargo, no verán satisfechos a plenitud sus deseos: la gran calidad que logra el dibujo del cuerpo femenino (a cargo de Satoru Akahori, también creador del manga original). Sin llegar al detallismo fotográfico/anatómico de Sorceress L, las curvas aquí son p-e-r-f-e-c-t-a-s. No tanto en Lime y compañía, sino en su antítesis. Especialmente memorable respecto a este punto es el capítulo “Spring Welcome! The Otaru Cup Marionettes Contest”, en el que Japones organiza un concurso de marionettes tipo Miss Universo. Frente a los atuendos característicos de Bloodberry, Cherry y Lime; las exuberantes muñecas-sable lucen espectaculares -la minifaldera Luchs como una chiquilla china en traje tradicional, Panther como una congelada belleza de escaparate, y Tiger como una despampanante, sexy cowgirl.

Descontando esa atingencia frívola, el trasfondo de Saber Marionette J (llevada a la pantalla chica con la atenta mirada/supervisión/aprobación/complicidad de Satoru) es uno de los más complejos en el apartado anime. La solución al crucial problema de los seis hombres solos es la única viable, pero conduce inevitablemente a una artificialidad total y pone el dedo en la llaga sobre el espinoso tema de la clonación. A diferencia de Neon Genesis Evangelion, en el que se discute sobre si los clones de Rei Ayanami son seres humanos o no, en Chica Marioneta J la cuestión queda zanjada desde un principio: los clones son seres humanos dotados de alma. Cualquier posible duda desaparece ante el apremio afectivo de mujeres -el tema de la homosexualidad en un mundo sin ellas sirve para darle razón de ser al bufón de la historia, Mitsurugi Hanagata, “enamorado” de Otaru.

LA DELGADA LÍNEA LÍMITE ENTRE LA NATURALEZA Y LA ARTIFICIALIDAD

Pero las virtudes de Saber Marionette J no sólo abarcan las antes mencionadas. La presencia de sentimientos en artificios humanoides revive el apasionante tópico del límite que separa al hombre de la máquina. Como decía el español Juan Campos en referencia a Blade Runner, “si los replicantes son idénticos a los humanos salvo por el hecho de carecer de sentimientos, ¿qué ocurre cuando ya los tienen?”. En este punto es que la débil línea que separa lo orgánico de lo inorgánico se vaporiza. La relación con la genial película de Ridley Scott, por otra parte, no es gratuita: el primer capítulo de SMJ titula “Bienvenida Lime: ¿Sueñan Las Marionetas Con Ovejas Eléctricas?”, parafraseando el nombre original de la novela del enorme Philip K. Dick que inspiró a Scott. También hay un toque a lo Total Recall de Paul Verhoeven (inspirado asimismo en otro relato de Dick): el decimoquinto clon de Fausto tiene intactos los recuerdos de todos sus predecesores, implantados en el cerebro. 

Saber Marionette J-04Los guiños a la ciencia ficción occidental no se quedan allí, por supuesto. Es inevitable comparar a la computadora de la Mesopotamia con Hal 9000, el ordenador que se apodera de la nave en cierta odisea espacial obra de Arthur C. Clarke, y que el maestro Stanley Kubrick llevara al cine. Una referencia oscura, eso sí, es la de Terra-2. El nombre, que en inglés juega con las acepciones de “Tierra Número 2” (Terra Two) y de “Tierra También” (Terra Too), parece extraído del por decir lo menos intrépido cuento de Theodore Sturgeon, Si Todos Los Hombres Fueran Hermanos, ¿Dejarías Que Alguno Se Case Con Tu Hermana? (claro que lo de Sturgeon va por otro lado, si bien igualmente polémico). Tuve la suerte de consultar el texto del escritor americano, por lo que se me hizo fácil descubrir la relación. Pero así como ésta, ¿cuántas alusiones secretas ocultará SMJ?

Esto, desde luego, no se traduce en un anime meramente metatextual, un Frankenstein de citas en 2D. Porque el lado más fuerte de Saber Marionette J es, como dije, su potencia afectiva. Más que de una fábula de las relaciones entre hombres y mujeres, se trata de una historia de sacrificio y amistad. Conforme avanza la serie, Lime y compinches van desarrollando tres facetas de la personalidad femenina -o mejor aún, tres facetas de la personalidad de Lorelei. Lime personifica la inocencia, salvando las distancias se asemeja al inolvidable Principito de Saint-Exupery. Cherry, en cambio, representa la maternidad, es la clásica mujer ducha en labores domésticas y devota al esposo. Mientras, Bloodberry es la imagen de la fidelidad, aunque más se identifica con la pasión, su amor es el más carnal (y tiene un par de buenísimos argumentos para conquistar a Otaru). Por esta razón, choca constantemente con la romántica Cherry, y más bien ve en Lime a una hermana menor.

Sabiéndose rivales por el amor de Otaru, las tres se convierten en amigas inseparables y se complementan. Para cuando parten hacia la Mesopotamia, ya se han vuelto entrañables, punto que para mí está fuera de discusión. Son entrañables y se acabó. Años atrás me decía mi hermano, una persona que le tiene cierta alergia al anime, que SMJ le gustaba, pero que tenía algunas escenas insoportables de mirar. Cinco años antes quizá le hubiera hecho el amén. Y es que él estaba en la etapa del raciocinio total, típico de su edad. Porque, o es eso, o yo me estoy ablandando conforme me acerco a la cuarentena. Pero no, se trata de tener un mínimo de sensibilidad para saber apreciar los detalles tiernos, la camaradería, la lealtad para con los tuyos. Por eso, duele en el alma el sacrificio que realizan. Por eso, después de ello, o se es fanático a muerte a partir de este punto o ya no se lo es nunca. El epílogo en el que Otaru (finalmente enamorado de las tres) las pierde rendiría el cerebro de cualquiera, un final con harta clase y personalidad, antes que el happy end al que ha sido conducida la historia de SMJ.

Saber Marionette J-14

Debo reconocer, sin embargo, que ese mismo happy end del que renegaría tratándose de una película real, es perfectamente comprensible vistos los parámetros bajo los que se mueve el anime. Debo reconocer, además, que ese final deja la puerta abierta para una eventual continuación. Ante tal perspectiva, uno cede. El cerebro dice que el final le resta puntos a SMJ, pero el corazón se desborda de felicidad. “Humano, demasiado humano”, diría Nietzsche. No importa. Basta con que lo recuerde mientras suena “El Aire Que Respiramos Es El Mismo” de Theremyn_4 para disfrutarlo con nostalgia. Sí, pues, después de todo, el hombre no puede vivir sin la mujer. Como dice La Mode en “El Eterno Femenino”, “Tienen Ese Algo Misterioso/Que Daba Miedo A Leonardo Y A Amiel/Que Sólo Las Minorías Entienden/Que Hizo A Warhol Esposo De Su Cassette”.

“WE ARE THE ROBOTS/WE ARE THE ROBOTS”

Y sí. Ni bien uno chequea a las sabers de Japones, mientras suenan los acordes del tema de apertura de la primera OVA, el “bobo” da de saltos. Como cuando encuentras a los amigos de toda tu vida. Saber Marionette J Again es, desde la primera OVA hasta la última, un regalo para los fans. Un obsequio labrado con esmero. Cada video tiene su propia presentación, los colores son encendidos y vivaces, la acción tiene buen ritmo, y cada episodio tiene su propio tema de cierre -absolutamente todo el soundtrack de la saga, la mayor parte a cargo de la popularísima Megumi Hayashibara, es genial. Pero por sobre todo, brilla la virtud señera que hace de esta serie algo mágico: el aprendizaje que comporta la vida diaria y la interacción de la patota, ahora con Otaru hecho todo un sultán (jo). La falta de muñeca de Fausto le impide educar adecuadamente a sus saber dolls, razón por la que se las endosa a su nuevo “maestro de modales”.

Las situaciones que se generan al haber 6 marionettes viviendo con un hombre (Hanagata no cuenta, aunque viva al lado con su hermano Yumeji) copan por completo las tres primeras OVAs. Con un nuevo personaje: Marine. Esta marionette aparece misteriosamente en Japones y de un modo pintoresco se acollera a Lime y compañía. Circunstancia reveladora: físicamente, Marine es una india norteamericana, lo que da indicios sobre su lugar de origen. El argumento, si bien levemente inferior al de la serie original, conserva bastante de la compleja elaboración de aquel, y no es un alargue innecesario de SMJ. Se trata de un arco de historia complementario que termina de un modo marcadamente ambiguo. Tras salvar a Terra-2 de un nocivo brote de plasma, Marine entra en shock/coma y no es posible repararla inmediatamente. Sin embargo, Lorelei augura una eventual rehabilitación. Después de los créditos finales de la última OVA, observamos a la gentita en el mar, mientras Marine se va acercando. La textura en exceso resplandeciente de esas escenas parece darnos a entender que se trata de un sueño de Lime.

Saber Marionette J-18

Vistos ya los 26 capítulos de Saber Marionette J To X, lo más probable es que Marine no haya despertado nunca, puesto que no aparece más. Tengo mis reparos con esta continuación de las OVAs. Hay episodios interesantes que toman nuevos enfoques de la vida de las marionettes. Bloodberry, por ejemplo, que es modelo de fidelidad, conoce a un chico muy parecido a Otaru y se pregunta si ya ha dejado de amar a su señor. Cherry llega a rebelarse contra Japones por mantener a su lado a un bebé extraviado, al que amamanta como a una madre humana -escena que al malandro más hijueputa de Los Barracones debería arrancarle un par de lagrimones. Lime tiene una experiencia mística al conocer a una hada, experiencia finalmente explicada en términos lógicos. Estos episodios son acercamientos a una situación planteada en el capítulo 14, a partir del cual las sabers llegarán a cuestionarse seriamente la vida al lado de Otaru.

Todo esto, es verdad, no deja de ser sugerente. Pero la forma como termina la historia, el sesgo infantil que adquiere el trazo del dibujo, y algunos graves errores de continuidad, de ningún modo atribuibles al doblaje; desmerecen el balance final. Aunque debo reconocer que estoy empezando a aceptar que ese cierre, una inverosímil variante de la transubstanciación del Cristo (sin el superstar de por medio, menos mal), era el único que podía satisfacer tanto a Otaru como a las temporales “familias postizas” de las marionettes. En todo caso, le otorgo a SMJ To X el beneficio de la duda.

 Saber Marionette J-20

Y es que así de gansos somos los fans, entre los que por supuesto me cuento. Sin retroceder muchos años, hubo un tiempo en mi vida en que cagaba cuadrado por SMJ: banda sonora, polos, fotos, posters, las series completas en formato VHS... Después, abandoné a las sabers, pero siempre han estado allí, mirándome desde las paredes de mi cuarto, como uno de los recuerdos que seguramente me acompañarán hasta el fin de mis días -cosa por la que no tengo la menor intención de avergonzarme. Lime, Dai Suki.

Hákim de Merv

ENLACES RECOMENDADOS

http://es.wikipedia.org/wiki/Saber_Marionette (en Wikipedia).

http://www.linkmesh.com/saberj/articulos/robots_de_saber_marionette_j.php (en Linkmesh).

http://asiax.blogspot.com/2011/06/saber-marionette-j-to-x.html (en Asia X).

http://todocomic.blogcindario.com/2011/04/00300-saber-marionette-j.html (en TodoComic).

http://elrincondespidey.blogspot.com/2011/01/saber-marionette-j.html (en El Rincón De Spidey).

http://www.mianimeonline.org/2010/07/chica-marioneta-j-saber-marionette-j.html (en Mi Anime Online).

http://www.fragpoint.com.ar/manga-y-anime/13298-opening-y-ending-de-saber-marionette-j-j-again-j-x-r-y-un-plus-xd.html (en Frag Point).

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