HERE HE IS, LADIES AND GENTLEMEN, NON OTHER THAN... DANIEL JOHNSTON

19 de octubre de 2012

 

Hi, How Are You
(Autoproducido, 1983)


¿Quién era Daniel Johnston allá por setiembre de 1983? Pues, a sus 22 años, un muchacho de Texas con una enfermedad mental que, más que retraerlo en un mundo cada vez más complicado (es decir, violento, absurdo, sexista, monetizado, hipócrita, ya sabes...), se mostraba con un entusiasmo envidiable, grabando a esas alturas su quinto álbum (¡!). Siempre en cassette, siempre grabados en su boombox, siempre con un arte que se adelantó por varios lustros a la estética indie que en algún momento tanto adoraste. Y siempre cantando sobre el amor (o “la falta de”, o el rechazo que éste produce), sobre esa búsqueda -casi equiparable a una Cruzada- por este dulce sentimiento, en la que hay que vencer hasta al propio Satanás y sus fuerzas maléficas.


Hi, How Are You reúne en cinta un puñado de canciones en las que un maníaco depresivo modela/sublima/exorciza media hora de un collage sónico que -como él mismo confesara- casi lo sume en una crisis nerviosa (de ahí el subtítulo de “the unfinished album”). Se aprecia toda una gama de sensaciones impensada para un tipo que grababa enclaustrado en su sótano con grabadora casera. Ahí están esas visiones mórbidas sobre el averno, sus monólogos desconcertantes, canciones que mezclan jazz, vaudeville y sampleos (escuchándose con una fidelidad de sonido que depende de la posición en la que Johnston haya colocado su grabadora); todo registrado sobre una cinta aparentemente chancada justo antes de grabar encima.

Y sin embargo, todo lo que sale de ahí parece embrujarte, te conecta desde que machucas play, le sigues la corriente. A pesar de que los tambores suenen más metálicos que el triángulo que usan los carros de basura, de que las guitarras usadas parezcan haber sido armadas con madera vieja y cuerdas hechas de ligas 5 minutos antes de registrar, de que los órganos pareciera que se van a caer cuando presione la siguiente tecla, y de que la voz suene peor de lo que se escucha al ropavejero que pasa por tu calle cada mañana. Pero esa, llamémosle, paleta de sonidos es la que te atrapa. Es la impresionante mente de un niño inquieto, su irrestricta capacidad para jugar y creérsela, lo que sobresale y se impone en su propuesta (la interpretación de “Desperate Man Blues”, cantando “There Ain't No Spunk Left In Me” sobre la pista de una banda de jazz, es sublime). De ahí que su sombra sea una de las luces más potentes del rock alternativo norteamericano.


La voz del buen Daniel es punzante, remarca estupendamente los acentos, puede cantar los temas más tristes, y al mismo tiempo hablarte de manera muy concienzuda sobre su propio estado de salud, como cuando dice “I Guess I Lean Toward The Excessive/But That’s Just The Way It Is/When You’re A Manic Depressive” en “Walking The Cow”; con un entusiasmo -algunos le quieren llamar “androginia”- que pareciera que ya pasó/todo está bien, reforzado con sampleos de discos de música infantil. No me quiero imaginar lo que habría grabado si hubiese llegado a escuchar algún disco de Yola Polastri, no es joda. La cinta empieza con su propio saludo, que le da título al tape, para inmediatamente dejar paso a (¿la autobiográfica?) “Poor You”, cuento que transmite la calmada desesperación con que su protagonista se aferra al consuelo de una apaciguadora visita angelical.


Lo interesante es que, salvo algunas excepciones, las canciones no parecen trasmitir esa frustración que le aquejó y le impidió, precisamente, terminar del todo el disco. Hi... no es íntegramente confesional, pero cuando lo hace (“Despair Come Knocking” y su hipnotizante desafinación), te desarmas en mil piezas: toda una evaluación de su propia bipolaridad. Algunas canciones no pasan del minuto de duración (y quizás eso al final signifique para el oyente algo parecido a un bluf). A pesar de esto, Daniel Johnston tiene una gran virtud, que va acorde a su prolífica creatividad: supera el miedo a intentar cosas. No se queda corto -canta a capela si es necesario (“She Called Pest Control”), graba el trocito de un coro y listo, queda (“Nervous Love”, seis segundos); usa sonidos de animales en una granja como intros (la mencionada “Walking The Cow”)... Y, en un acto de total afirmación, llega a presentarse antes de interpretar toda una canción, cantando sobre la pista de un disco de swing: “Is Here Tonight, Because He Says He Had A Lot To Get Out Of His Chest” -confiesa en la tremebunda “Keep Punching Joe”, no sin antes cambiar la entonación de su voz para “entrar en el personaje”. Tiernísimo.


Daniel Johnston es un hombre que volcó su ser (enfermo, espontáneo, inocente, honesto, obsesivo) en su arte, que llevó su vida a su música, y que sólo busca(ba) que lo escuchemos. The Moldy Peaches, Sparklehorse e infinidad de bandas indies debieron gastar la cinta de este cassette. Y ahora tú debes hacer lo que tengas que hacer para escucharlo. Todo lo que conoces cambiará desde ese momento. Luego de esta experiencia, sométete a esa alucinante montaña rusa que es The Devil And Daniel Johnston, el brutal documental que abarca su vida. Cuando acabe, vas a querer salir corriendo para buscarlo y abrazarlo. Yo aún no lo logro...


Cristhian Manzanares


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