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ALTIPLANO: COSMOVISIONES ALTO-ANDINAS

27 de diciembre de 2013

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Espontáneamente planteado en un inicio como la respuesta alemana a la psicodelia que venía de la Unión Americana, el kraut rock forjó un camino propio que lo convertiría -por sus innegables méritos- en el principal filón del rock de vanguardia al despuntar los 70s: exploraciones antropológicas de métrica motorik, vocación sideral en clave de ariete con que tumbarse las puertas de la percepción, impresionismo altamente expresivo que hizo del sintetizador -en palabras de Ralf Hütter, de Kraftwerk- “un instrumento psicoanalítico, un instrumento freudiano”... De todo ello y más se compone el legado de las bandas alemanas abroqueladas tras esa etiqueta de origen británico.

Lo de Altiplano es plausible no sólo por ser, que sepamos, el único nombre de la movida peruana que parte consciente y específicamente del viejo kraut rock teutón; sino también porque debe ser lo más cercano que la escena local tiene a la categoría de “gestor cultural” (hoy tan de moda y manoseada entre la “gentita chic”). En casi cualquiera de sus formas, la música rock es cultura, pero el dúo conformado por Ronald Sánchez y Carlos Torres Fuentes además recupera     e     integra    constantemente    elementos -estéticos, lingüísticos, históricos- de nuestro acervo prehispánico. Este interés, enraizado desde su debut La Corte Cósmica (Pyramidal Records, 2005), ha sido apuntalado por sus siguientes trabajos -que le han permitido al tándem acceder al circuito de instalaciones y performances en algunos museos de nuestro país e internacionales.

Conversamos vía Internet con Ronald Sánchez a propósito de los cerca de diez años que tiene Altiplano    de    constituido,    y    del lanzamiento -orquestado en exclusiva para El Hexágono Carmesí- de Raiku, recopilación virtual que incluye piezas de sus tres producciones editadas y dos temas hasta hoy inéditos (“Colorful” y “Für Inken”).

EL HEXÁGONO CARMESÍ: ¿Cuándo se forma Altiplano? ¿De quién o quiénes nace la idea?
RONALD SÁNCHEZ: Se fundó en Lima entre los años 2000 y 2002. Altiplano se crea por influencia del sonido amplio y majestuoso de la música tradicional de Puno, la música Sikuri. El sonido y la idea la gestamos Carlos Torres Fuentes y yo, Ronald Hernán Sánchez. Ambos vertemos nuestro interés por ese mundo ritual mágico que es el Perú ancestral.
EHC: ¿Existe una prehistoria como dúo antes de La Corte Cósmica? ¿Presentaciones, quizá maquetas caseras? ¿Experiencias previas haciendo música?
RS: Existe una linda historia que contar con Carlos Torres, Eduardo Lecca, Hermann Hamann, entre otros miembros; que data del año 1999 y llega al 2005. La denominamos la Trigal Sessions: fue una época en la que nos permitimos trabajar en la espiritualidad y en la música cósmica -en los sonidos más mínimos, en la literatura sagrada, en los pensamientos más etéreos... Muchos años de mucha música, grabaciones caseras, improvisaciones que duraban de 3 a 5 horas... Aún todas esas maquetas están ahí intactas, esperando un día para decantarse por nosotros.
EHC: ¿Actualmente Altiplano tiene una alineación definida o permanece como frente abierto de colaboración con músicos afines?
RS: Nos mantenemos en la misma formación desde el inicio. Actuamos como catalizadores, como nexo discretos: Carlos es el encargado en la parte más estética de Altiplano, y yo, digamos que gesto los ambientes. Siempre trabajamos con otros músicos, colaboradores imprescindibles en nuestra música.
EHC: ¿Alguno de ustedes tiene proyectos paralelos?
RS: Casi todo lo que se gesta con otras colaboraciones sale bajo el ánimo/rótulo de Altiplano.
EHC: Las bandas nacionales de post rock arrancan mirándose en Main, Disco Inferno o Flying Saucer Attack; pero Altiplano es de los contados casos locales que parten de una de las principales fuentes del post rock: el kraut rock. ¿Qué es lo que más les atrae de esa vanguardia de inicios de los 70s? ¿Con qué grupos kraut se identifican?
RS: El sonido alemán  nos cautivó mucho por su símil emotivo con la música andina, shamánica y tradicional del Perú. Encontramos cómo las atmósferas de ambas sonoridades podían dialogar, cómo el interés de mirar hacia uno mismo, hacia lo étnico y el folklore se daba de manera tan natural a través de la electrónica cósmica. Popol Vuh, Tangerine Dream, Klaus Schulze: ésos son nuestros nombres de cabecera.
EHC: ¿Consideras que hay grupo similares a Altiplano a nivel nacional?
RS: Me imagino que los habrá y eso me motiva mucho. Pero carezco de información sobre movimientos musicales en el interior del país.
EHC: ¿Qué opinión te merece el Espira de la época del Electr-Om (1997)?
RS: Debió ser un disco lindo en su momento. A futuro, suena como buen precedente de esas inquietudes 90s y 70s por la música introspectiva. Me hace recordar también a los discos de El Aire.
EHC: Desde un punto de vista estrictamente artístico, ¿están satisfechos con La Corte Cósmica?
RS: Sí, pienso que La Corte... fue un disco que tiene algunas piezas que escapan de la definición convencional de “música”, que escapan de lo que denominamos comúnmente “sonido”, y en ese sentido encuentro la satisfacción de haber reflejado claramente nuestro interés por el Arte.



EHC: ¿De qué modo se da esa integración de instrumentación e imaginario de nuestro pasado prehispánico por una parte, y de kraut rock por otra?
RS: Creo que partimos de la idea de ambientar, crear paisajes similares a nuestra naturaleza geográfica, y es así porque nuestras grandes aspiraciones del alma son como Apus, que comienzan siendo pequeñas piedras para luego ser colosos pétreos. Aire, cielo azul, agua... hablo de elementos vitales cuando pienso en la música prehispánica. Y en el sonido de los sintetizadores y en los procesos, buscamos la contemplación y el eco.
EHC: Entre el debut y Los Mitos De La Creación (2008), transcurrieron tres años. ¿Ustedes sienten que hubieron cambios trascendentales de un paso a otro?
RS: Lo que veo es un camino andado, en el que las primeras etapas exigían más esfuerzo para llegar a ese sonido. Percibo más próximo el sentido estético con cada trabajo nuevo, por lo que ese camino es susceptible de entenderse como la suma de todas las etapas anteriores. Creo en la magia como tal, soy un apasionado del detalle, del trabajo diario y consciente, de la importancia de lograr esta disciplina.
EHC: Háblanos un poco de Los Mitos De La Creación.
RS: Los Mitos De La Creación fue un disco-homenaje al doctor Arturo Jiménez Borja, donde se incluye la voz del ex director del Museo de la Nación dando vida a relatos concernientes al dios Pachacamac, a la creación del mundo andino y a su imaginario. Fue un disco bastante libre, que narra además la historia de la fundación de Lima por Pizarro y sus encomenderos.



EHC: La tercera producción es un EP, Caral, aparecido bajo la modalidad de descarga gratuita. ¿Se ha publicado también en formato físico? ¿A qué se debió el cambio en la difusión de sus trabajos?
RS: Aprovecho la oportunidad para aclarar que Caral es un trabajo que le pertenece a la Universidad Del Pacifico, un disco de largo aliento (contiene 15 canciones). Lo que se difundió en Caral EP fueron dos temas del disco completo y otros tres correspondientes a los dos discos anteriores. Los trabajos de Altiplano no están en línea en su totalidad: apenas un par de canciones, un par de videos. En físico es otra cosa: creo que me encanta la idea del material que perdura, palpable. Espero que el próximo disco de Altiplano aparezca en formato “huaca” o “huaco parlante”.
EHC: A diferencia de La Corte Cósmica, jornada en la que la tradición prehispánica es una constante disruptora por estar nítidamente perfilada, en Caral EP esta tradición o veta parece haber sido del todo digerida. De hecho, el sonido de Caral EP ya es más propiamente post rock. ¿Ustedes lo sienten así o tienen otra lectura?
RS: La Corte Cósmica sin duda fue un disco muy libre, íntimo, lleno de búsquedas y pérdidas. Los siguientes proyectos han sido concebidos por encargo, bajo conceptos predeterminados. La ingenuidad aún se siente, creo, en Caral, sólo que es más guiada o contenida. Caral fue un disco muy arduo en su elaboración, comportó un proceso creativo muy puntual con horarios -y disciplina de creatividad más que inspiración.
EHC: Como grupo, ¿Altiplano ha desarrollado otras actividades a la par de su trayectoria discográfica? ¿Instalaciones, performances sonoras?
RS: Sí, en estos años Altiplano ha logrado compaginar instalaciones y espacios de museos u otras ambientaciones. Las más recientes datan de este año: Rayku (en el Modern Museet -Stockholm, Suecia-), Allpa Rayku (Centro Cultural Inca Garcilaso –Lima, Perú) y Lakino (para el Latin-American Film Festival -Berlín, Alemania).
EHC: ¿Palabras finales?
RS: Las de José Mujica en la cumbre de Río, el año pasado: “Cuando luchamos por el medio ambiente, el primer elemento del medio ambiente se llama la felicidad humana”.

Hákim de Merv


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SERIE RÍO BABEL (LUSTRA EDITORES)

13 de diciembre de 2013

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Con el auspicio de la prestigiosa Biblioteca Abraham Valdelomar de Ica, el año pasado la editorial limeña Lustra publicó una ambiciosa colección de poesía universal llamada Serie Río Babel, que hasta el momento abarca siete volúmenes, a saber:

1) T. S. Eliot. La tierra baldía. Traducción, prólogo y notas de Roque Puel de Cristo.
2) Ezra Pound. Lustra. Traducción y presentación de Ricardo Silva-Santisteban.
3) César Vallejo. Trilce. Edición y estudio de Raúl Hernández Novás.
4) Rainer Maria Rilke. Elegías de Duino. Traducción y presentación de Renato Sandoval.
5) Robert Browning. Poesía escogida. Selección, traducción y nota preliminar de Armando Roa Vial.
6) Saint-John Perse. Anábasis. Traducción y prefacio de Octavio G. Barreda.
7) William Butler Yeats. El yelmo verde y otros poemas. Traducción y prólogo de Roque Puel de Cristo.

Quisiera señalar primero la gran voluntad y entusiasmo de la editorial por recrear aquel maravilloso año de 1922, el denominado annus mirabilis, alrededor del cual vieron la luz o se gestaron no sólo algunas de estas obras, sino otras como el Ulises de James Joyce. Además, lo loable del caso es la oportunidad, hablando del reducido y ridículo ámbito editorial peruano -a excepción obviamente de Trilce-; de que estos libros, algunos de ellos los más importantes dentro de la historia poética mundial, estén por fin al alcance del público lector nacional, que posiblemente nunca tuvo la ocasión de conocer a alguno de estos destacados poetas, ya que las anteriores ediciones nacionales están fuera de circulación desde hace años -como los Veinticinco Poemas de Yeats (1), la Poesía Completa de Vallejo (que contiene Trilce) (2), el Personæ de Pound (que incluye Lustra) (3), las Elegías De Duino (4), la Obra Poética Completa de Perse en dos tomos (5), y la inhallable La Tierra Agostada de Eliot (6), por lo que la Poesía Escogida de Browning se convierte en una verdadera primicia editorial peruana; es decir todo un plausible esfuerzo humano.

Muy importante es el hecho de que todas éstas sean ediciones bilingües, exceptuando nuevamente a Vallejo (bueno ¿y en qué caso no fue la obra vallejiana un anomalía en las efemérides de la poesía?), lo que posibilita el acercamiento a los textos en sus idiomas originales y facilita el acuerdo o no con lo propuesto por el traductor, convirtiendo plenamente a estos volúmenes en “obras abiertas” al hacer uso de nuestro derecho como lectores de volvernos dignos escoliastas: ¡a sacarle punta al lápiz! También es importante el precio asequible de esta colección: la editorial me vendió directamente los siete volúmenes a 105 soles, es decir a quince soles cada libro. Y digo asequible pues los costos de ediciones extranjeras (que mayormente vienen de la alicaída España) están siempre por las nubes -basta darse una vuelta por la librería El Virrey para comprobarlo.

En cuanto al papel, la cubierta, la encuadernación y el acabado, los libros son impecables. Sin embargo, en lo tocante a la edición literaria, nos topamos con muchos inconvenientes que los empobrecen sobremanera. En primer lugar, hay una carencia de datos biográficos de los traductores, que en todo libro de traducción es merced incluir, ya que de esa forma sabremos la experiencia y erudición del intérprete. Y por ello va la siguiente pregunta: ¿quién es Roque Puel de Cristo? Nunca había escuchado su nombre con anterioridad y, por lo que escribe en sus textos introductorios, deduzco que es peruano. Por lo demás, intuyo que tal vez sea uno de esos nuevos talentos de la interpretación literaria que nos da la “excelente” escuela de traductores de la excluyente Universidad Ricardo Palma (como Miluska Benavides, traductora de Una temporada en el infierno de Jean Arthur Rimbaud, en reciente pulcra edición limeña). ¿Cómo diablos saberlo? ¿No que los libros fueron concebidos en la Antigüedad justamente para divulgar conocimientos? O será que, en estos tiempos de la así llamada Era Cibernética, cuando algo no se sabe hay que necesariamente “googlearlo”... Aun así, lo único que encontré del tal Puel de Cristo (por cierto, qué feo nombre, ¿padres fanáticos religiosos, tal vez?) en Internet fue el mismo prólogo a esta edición de La tierra baldía. ¿Por qué tanto misterio? Muy a pesar de que algunos sean nombres célebres dentro de la traducción literaria en español (Silva-S., Sandoval, Roa Vial), las noticias bio-bibliográficas sirven para saber las buenas nuevas por parte de ellos, pues mayormente son ellos mismos quienes las redactan, para así estar al tanto de sus últimos libros o próximos proyectos, y saber también si están vivos, enfermos, muertos, etc (7). Este increíble resbalón es, parafraseando a Eliot, il miglior difetto.

En segundo lugar, cada libro viene con un epílogo escrito expresamente por jóvenes poetas peruanos ligados a Lustra Editores. Pero en muchos de ellos hay sandeces imperdonables y lugares recontra comunes. Tal vez el que sale mejor librado de todos es Jerónimo Pimentel en su epílogo a Trilce, pues es un libro que nunca se alcanzará a comprender, incluso para quienes hablan el mismo idioma de Vallejo; mas no así creo yo para quienes deben valerse de una traducción para tratar de entender lo que dijeron dichos poetas. Incluso entre estos epílogos abunda la mala redacción. Por ejemplo, José Agustín Haya de La Torre escribe en el epílogo a Anábasis:

“No por nada, el Nobel de Literatura de 1960, despertó el interés de poetas como T. S. Eliot, Giuseppe Ungaretti y de Hugo von Hofmannthal -quienes lo tradujeron a sus lenguas-, y hasta de un poeta lejano en su expresión, como Juan Ramón Jiménez” (Perse, p. 66).

Leyendo esto, uno puede discernir que Perse, a raíz del Nobel, recién le fue atractivo al buen Juan Ramón ¡quien había muerto en 1958...! Por otra parte, Bruno Polack, muy a pesar suyo y de lo que trató de esbozar/tartamudear acerca de Pound, siempre será el pequeño y mugroso pólack... Mario Pera, en el epílogo a Rilke, también nos deja con sus escarceos en medio de la nada, sin conclusiones ni sentencias ante el inmenso corpus de la obra rilkeana. Pobre Rainer Maria, ahora sí que las espinas del rosal le deben estar doliendo en el alma.

Pero quien da la mayor patinada es el más viejo de estos jóvenes poetas, el horazeriano Paul Guillén, quien titula pomposamente su epílogo como “Robert Browning en el Perú”, para luego escribir líneas abajo:

“Debemos preguntarnos sobre el por qué en la poesía peruana no existen menciones directas o traducciones de Browning; seguro Antonio Cisneros, que [sic, aquí debió poner “quien”] dedicó una tesis doctoral a la poesía inglesa, lo conocía, e intuimos que Rodolfo Hinostroza [¡Sí, el mierda ese!] también debió conocerlo, pero no ha habido mayor interés en el Perú por el poeta de ‘Sordello’ ” (Browning, p. 181).

¡Oh vaya!, muy aparte de notarse apresuramiento al ser escrito, Guillén cae en la gran necedad de aseverar que posiblemente haya alguna lejana conexión entre Perú y Browning cuando en realidad no la hay, chamullando para ello en el camino al mismo estilo de César Toro Montalvo. Qué gran diferencia existe entre ese estúpido epílogo y, por ejemplo, el espléndido prólogo titulado “André Breton en el Perú” de Ricardo Silva-Santisteban (8) (el que sin duda Guillén ha tratado infructuosamente de emular), en donde sí se evidencian vasos comunicantes entre artistas peruanos y el poeta francés. Por lo demás, Guillén no es de buen corazón ni de hábil memoria, ya que no da crédito a quienes alguna vez le ayudamos. Verbigracia: en la solapa de su libro Historia Secreta (publicado por Lustra en 2008, véase facsímil adjunto en el siguiente párrafo) se encuentra un retrato fotográfico suyo que fue tomado por quien esto escribe en noviembre de 2005, durante la presentación en la Universidad de San Marcos de su anterior poemario La transformación de los metales, foto por la que no se me acreditó -como se supone es de justicia- en la susodicha hoja de créditos. Sin embargo, a los fotógrafos que colaboraron en la portada del libro (véase al inicio de este párrafo), sí se les acreditó, tal vez porque ellos sí eran profesionales y no aficionados apasionados por la poesía como quien escribe. No sé si la gente de Lustra sabía esto, pero Guillén sí lo sabía desde el 2005 (véase autógrafo adjunto). Lástima, pues ésta ha sido la más dolorosa puñalada en la espalda que un “amigo de la poesía” me haya dado. Advierto que si hay alguien allá afuera que aún no conozca la verdadera personalidad de Paul Guillén, aquí tiene la punta del iceberg.

Dicho esto, hay que afirmar una vez más que la crítica literaria en el Perú está podrida y agonizante gracias a las persistentes argollas literarias, que ha llegado a un nivel paupérrimo como muy bien lo atestiguamos con estos deleznables epílogos. Y si así son los noveles colofones de estos jóvenes poetas, podríamos figurarnos cómo serán sus futuros prólogos, antologías, ediciones críticas, discursos de aceptación ante la Academia Peruana de la Lengua, discursos ante el rey de Suecia al aceptar el premio Nobel, etc. ¿Se imaginan? Tal vez serían un copy and paste maldito del floro telúrico y magnético de Marco Martos, o del discurso hecho para club literario de tías ricachonas de Ricardo González Vigil...

Por otra parte, hay que señalar que todos los epiloguistas (exceptuando al iqueño César Panduro en el libro de Yeats, quien es el más sincero y menos complejo de todos) forman el consejo editorial que diseñó esta colección. Como ya se habrán dado cuenta, todos son del género masculino. ¿Acaso ésta es otra sede del famoso club de Toby en el que sólo figuran hombres? ¿Acaso a ese testosteronado consejo no pudieron ser convocadas poetisas importantes como Arianna Castañeda, Alessandra Tenorio, Luisa Fernanda Lindo o Karina Valcárcel, quienes han publicado con Lustra? ¿De nuevo estamos ante las magnánimas argollas literarias?

Por último, en el caso de La tierra baldía, existe una inmensa deuda con el traductor Ricardo Silva-Santisteban, quien -como ya dimos a conocer- en el año 2010 publicó su versión del mismo poema, y de quien sin lugar a dudas Puel de Cristo ha tomado muchas referencias, tanto en el cuerpo del texto poético como en las notas del poema, pero acreditándolo tan solo dos veces (¡!) en todo el libro (véanse las pp. 57 y 63). Por ejemplo, compárense sus versiones de la primer parte del poema:

Abril es el mes más cruel, engendrando
lilas de la tierra muerta, mezclando
memoria y deseo, devuelve a la vida
inertes raíces con lluvia de primavera.
El invierno nos mantuvo cobijados, cubriendo
la tierra con nieve que todo lo borra, nutriendo
con tubérculos secos una vida que casi no llega a serlo.
[Versión de Roque Puel de Cristo, p. 27].

Abril de todos los meses el más cruel,
engendra lilas de la tierra muerta,
mezcla memoria y deseo, mezcla
insensibles raíces con lluvia primaverales.
El invierno nos mantuvo abrigados, cubriendo
la tierra con olvidadiza nieve, nutriendo
escasa vida con tubérculos secos.
[Versión de Ricardo Silva-Santisteban, p. 17].

Juzgue usted, lector. En el campo de la traducción poética, sobre todo en el ámbito hispanoparlante, es necesario que las versiones se diferencien, se distingan; no solamente por el léxico y las cisuras escriturales, sino por la sapiencia y la experiencia poética de los traductores (9). Y, en el presente caso, debemos decir -muy a pesar nuestro- que Puel de Cristo se apoya demasiado en Silva-Santisteban, por no decir que voltea o disfraza el texto cual negrero de editorial barata como si fuera su versión. Y hablando de Eliot, si Robert Browning fue tan importante en la formación poética del autor de The Waste Land, ¿por qué el prologuista Puel de Cristo y el epiloguista Diego Molina Rey de Castro no lo mencionan en sus respectivos textos, como sí lo hacen saber en las introducciones a Lustra y a la selección de Browning? Seamos buenos por un momento, démosles el beneficio de la duda: tal vez ese dato no figuraba en Wikipedia cuando redactaban sus textos... En el libro de Yeats, Puel de Cristo también le agradece a Silva-Santisteban por permitir piratearlo -“cuyas traducciones de Yeats fueron una fuente inagotable de inspiración en cada momento” (p. 17), para luego continuar: “Asimismo, la traducción de la Poesía reunida del poeta irlandés llevada a cabo por Antonio Rivero Taravillo, y editada por [la editorial española] Pre-Textos, ha sido fundamental en el desarrollo de este proyecto”. Es decir, el uno la trabaja y el otro la baraja...

La verdad es que me gustaría decir mucho más, pero ya son las 3:33 a.m., estoy cansado y mañana supuestamente debo ir a trabajar, si es que logro levantarme luego de escribir haciendo de tripas corazón por defender a la Poesía. Una vez más lo digo aquí: el esfuerzo por editar la Serie Río Babel ha sido encomiable, pero muy descuidado filológicamente hablando. En las solapas de estos libros se anunciaban para este 2013 -que ya acaba- cuatro libros más en la serie, de autores como Lao Tse, Charles Baudelaire, Konstantino Kavafis y Georg Trakl; que esperemos en nombre de la sacrosanta poesía no tengan las deficiencias señalas aquí por nosotros.

Antonio De Saavedra


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1 W. B. Yeats. Veinticinco poemas. Traducción de Ricardo Silva-Santisteban. Lima: separata de la revista Lienzo No. 6, Lima, 1984. Luego publicado en libro: Lima: Universidad de Lima, 1986.
2 C. Vallejo. Poesía completa. Edición crítica de Raúl Hernández Novás. Lima: Procultura, 1988. La edición cubana, editada el mismo año, sí incluía el estudio introductorio, reeditado por Lustra.
3 E. Pound. Personæ. Traducción y presentación de Ricardo Silva-Santisteban. Lima: Ediciones Pedernal, 1995.
4 R. M. Rilke. Elegías de Duino. Traducción y presentación de Renato Sandoval. Lima: Editorial Nido de Cuervos, 2000.
5 S. J. Perse. Obra poética completa. Tomos I-II. Introducción y versión castellana de Jorge Zalamea. Lima: Rectorado de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 2004. (Colección El Manantial Oculto; 43-44).
6 T. S. Eliot. La tierra agostada. Edición bilingüe. Edición, traducción, presentación y notas adicionales de Ricardo Silva-Santisteban. Lima: edición privada fuera de comercio de 300 ejemplares para circular entre amigos del traductor, 2010. [Silva-Santisteban se justifica apartándose, como dice, “de la rutina de otros traductores” de rotular consabida y cansinamente en español el poema como La tierra baldía].
7 Al momento de escribir esta reseña, nos enteramos de que hace unas semanas Renato Sandoval sufrió un ataque cardíaco durante su estancia en España. No hemos tenido más noticias al respecto; por nuestra parte, esperamos de todo corazón que se cuente bien de salud y bregando siempre por la poesía como lo hace desde antaño.
8 Véase el prólogo en mención en: André Breton. Poemas. Traducción de Armando Rojas. Edición, prólogo y bibliografía de Ricardo Silva-Santisteban. Lima: Jaime Campodónico Editor, 1993 (Colección del Sol Blanco), pp. 7-46.
9 Por ejemplo, las versiones al español de Bernard Noël por la argentina María Negroni (Córdoba: Alción, 2004) y por el chileno Pablo Fante (Santiago: Cuneta, 2011) coinciden en algunos textos, pero cada uno tiene su modo de plasmar lo expresado por aquel poeta francés.

ENLACES RECOMENDADOS

http://la-fortaleza-de-la-soledad.blogspot.com/2013/07/poesia-para-el-invierno-lustra.html ("Poesía para el invierno / Lustra", por Gabriel Ruiz Ortega, en La Fortaleza De La Soledad).

http://escritoresporescritores.tumblr.com/post/48947445054/eliot-o-el-espejo-roto-de-la-modernidad-por-roque-puel ("Eliot o el espejo roto de la modernidad", por Roque Puel De Cristo -prólogo a su versión de La tierra baldía-, en Escritores Por Escritores).

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BOSS HOG: PUNK ANTES DE LA EXPLOSIÓN BLUES

29 de noviembre de 2013

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Drinkin’, Lechin’ & Lyin’ EP
(Amphetamine Reptile, 1989)
Boss Hog
(DGC, 1995)

Se dice mucho de conciertos que inspiraron a otros músicos a formar sus propios grupos. Que sirvieron de encuentro para que dos personas, en ese momento perfectos desconocidos el uno del otro, confluyan e inicien una travesía sónica sin vuelta atrás. Cuenta la leyenda que Jon Spencer y Christina Martinez se conocieron en un concierto de The Jesus And Mary Chain allá por el ‘85. Aquel show en Washington DC sería el inicio de una de las parejas más interesantes de la escena rockera underground de los Estados Unidos. Mira tú...

No somos ajenos al cimbreante derrotero del buen Spencer: su recordado paso por los básicos Pussy Galore, y la excitante aventura que significó The Jon Spencer Blues Explosion (ya revisada en estos mismos bytes). Boss Hog, cuyo nombre guiña cómplice al villano de la serie The Dukes Of Hazard, es una raya más en el inquieto recorrido sonoro del buen Jon, un proyecto que incluso se inició cuando aún Pussy Galore se mantenía en actividad. Su status de “side project” mutó a trabajo completo una vez que las peleas internas en PG deshicieran inevitablemente a la banda.


Luego de algunos sencillos, Spencer y Martinez se presentan por fin en formato EP contando con Charlie Ondras de la banda hardcore Unsane y Jerry Teel de Honeymoon Killers (donde militase alguna vez Christina), además de Kurt Wolf, colega de los Pussy. Titulado Drinkin’, Lechin’ & Lyin’, el extended los muestra en un estado crudo y agresivo, características que incluso se manifestaban en sus míticas presentaciones en vivo (Martinez tocó totalmente desnuda en su primera presentación en CBGB’s, además de aparecer sin ropa en la portada del disco -todo un trademark).


La propuesta plasmada en Drinkin’... es un rock’n’roll básico, sucio y casi deliberadamente mal tocado -y, sobre todo, registrado, como puede dar la impresión el primer tema del EP, “Trigger, Man”; con una percusión protagonista durante los segundos iniciales y la guitarra de Spencer rasgando las cuerdas para luego desembocar en un estruendo de riffs y gritos de su esposa, ideas que se repiten en “Pull Out”, ahondando aquí en los aullidos guturales de la pareja.

La rudeza y lo desprolijo de la producción se mantiene en el resto del extended, como en “Spanish Fly”, en donde se superpone un grabación pasada la mitad del tema... Pero luego asoman ‘mejores’ tracks como “Sugar Bunny” y el cierre “Fix Me”, canciones vibrantes, donde la tensión entre Spencer y Martinez queda mejor ilustrada.

Para 1995, un nuevo disco de Boss Hog sorprendió a muchos. Sobreponiéndose a la muerte por sobredosis de Charlie Ondras cuatro años atrás, este larga duración autotitulado es el primero para un sello grande (hay que contar entre ambos hitos el disco Cold Hands, 1992, y el mini-LP Girl +, 1993). En esta ocasión, Martinez aparece en carátula dibujada como una suerte de Morticia punk, siempre insistiendo en sus desaliñadas vidas marcadas por el sino de los excesos. Sin embargo, musicalmente es mucho más directo y pulcro que el EP comentado líneas arriba, sin por ello abandonar la concisión (15 temas, 40 minutos).


Boss Hog es un disco de marcada impronta bluesera, y esa cadencia propia del género impregna todos los tracks, aunque pasando siempre por el tamiz de los Stooges y lo más belicoso que le hayas oídos a los Rolling Stones. El primer rasgo notorio del álbum es el protagonismo de Christina Martinez, su voz ahora lleva gran parte del peso interpretativo en todo el disco y da la talla completamente, con una virulencia que ya quisieran para sí punkekes de cuero y cadenas. Esto, sumado a la pericia guitarrera de su marido, que no es un virtuoso pero sí hábil manejando el feedback y acordes; ofrece un cóctel rudo, ruidoso, y muy original (¿recuerdas a alguien más que haya usado una impresora como instrumento en alguna canción?, ahora escucha “Strawberry”).

La testosterona (!) de Martinez ruge desde el arranque con “Winn Coma”, de sonido hard-rockero más pulido que lo que se les había degustado antes. “Sick” mantiene esa ruta, siempre tratando de que tus parlantes no se queden sin bulla que emitir. Los mejores momentos se los disputan “Ski Bunny” y “Green Shirt”, los cuales se encuentran uno tras otro en el disco, y que tratan de mantener esa vibra de rock’n’roll old school -temas que no pasan de los 2 minutos y cuyo impacto está garantizado. Su actitud punkeke es innegable, a pesar de mezclarla divertidamente con mucho de rockabilly y funk.


“I Dig You” es una pieza rara, casi acalipsada, que nos devela un peculiar mano a mano entre Jon y Christina, él diciéndole “I Dig Your Groovy Hips!” y ella respondiéndole “I Dig Your Barbequed Lips!”, además de algún beso volado por ahí y algunas alusiones a su pene que no tengo por qué repetir. La cosa se pone más virulenta a la mitad del álbum con “What The Fuck” y “White Sand”, apoyados en riff densos e interpretaciones amenazantes (¿cuántas canciones de White Stripes habrán salido de acá?).


De pronto, la joyita del disco dice presente, en forma de un cover de Ike & Tina Turner (!!!): “I Idolize You”, una delicia de principio a fin. La sorpresa final llega con “Texas”, pieza construida sobre un arreglo de piano y acompañamiento de cuerdas, mientras Martinez se deshace en una interpretación tortuosa que sobrevive a la enrevesada conclusión del surco, como para justificar su caricatura de portada.


Spencer ha probado ser muy versátil y sobre todo, muy entretenido al momento de entregarnos un nuevo episodio sonoro, tratando de hacer música con la perfecta cantidad de intrepidez y creatividad. Su encarnación como Boss Hog tiene muchos de estos momentos, y si crees que su Blues Explosion no tiene más que ofrecer, pues bien puedes dar una vuelta en U y repasar estos instantes de combustión rockera. No será para nada ningún retroceso, créeme.

Cristhian Manzanares


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DEMIAN, DE HERMANN HESSE: EL VALOR TRASCENDENTE DEL ESCLARECIMIENTO MORAL

15 de noviembre de 2013

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Se entiende que la moral da forma a aquella conciencia de libertad propia del ser humano, a través de la cual sus actos son juzgados como buenos o malos. En términos generales, la moral puede conceptualizarse como aquel conjunto de valores deseables en toda persona, en el que se incluyen el respeto a la dignidad humana y la igualdad de sus congéneres (en torno a su género y ante la ley).

En  una   sociedad   democrática  y  pluralista como -teóricamente es- la nuestra, existen muchas modas que aparecen tras cada período de crisis de valores morales y/o éticos. En estos tiempos de globalización, la Ética se ha puesto de moda. Todos hablan de ella: los políticos, los científicos, los medios de comunicación, los abogados, los jóvenes, los no tan jóvenes -todos los sectores de la sociedad. Sin embargo, cabe la pregunta: ¿podemos adjudicar a la conciencia moral un valor de trascendencia que justifique nuestros esfuerzos para convivir saludablemente en una sociedad en la que la decadencia y la confusión parecen prevalecer sobre el Sistema? Para tratar de dilucidar este panorama, presentamos este análisis de la novela Demian: Historia De La Juventud De Emil Sinclair, de Hermann Hesse, uno de los más profundos escritores del siglo pasado.

ILUSTREMENTE AQUEJADO

Hermann Karl Hesse nació el 2 de julio de 1877 en Calw, Baden-Wurtemberg (Alemania). Descendiente de misioneros cristianos, su familia tuvo una editorial de textos religiosos dirigida por el abuelo materno, Hermann Gundert. Sus padres fueron Marie Gundert y Johannes Hesse, hijo de un médico originario de Estonia. Tuvo cinco hermanos, de los cuales dos fallecieron prematuramente.

Durante los primeros años, el mundo de Hesse estuvo impregnado por el espíritu del pietismo suabo. El pietismo, vale la pena recordarlo, fue un movimiento religioso protestante surgido en Alemania en el siglo XVII, como reacción evangélica contra el intelectualismo y el formalismo dominantes en las iglesias luterana y calvinista. “Suabo”, por otra parte, es el gentilicio de Suabia, una región histórica alemana repartida actualmente entre Baden-Wurtemberg -como ya se dijo, la cuna del autor- y Baviera.

En 1881, la familia se instala en Basilea, pero vuelve al año siguiente a Calw. Una vez terminados con éxito sus estudios latinos en Göppingen, Hesse ingresa en el seminario evangélico de Maulbronn, del que pronto se escaparía a causa de la rigidez educativa que le impedía -entre otras cosas- estudiar poesía (“seré poeta o nada”, dice en su autobiografía). En Bajo Las Ruedas (1906), el joven Hermann hace una descripción de ese opresivo sistema educativo.

Hesse sostuvo continuos y violentos conflictos con sus padres, lo que lo lleva a un intenso peregrinaje a través de diferentes escuelas e instituciones. Pronto entra en una fase depresiva y manifiesta tendencias suicidas (“quisiera partir como el Sol en el ocaso”). Al poco tiempo, acomete una primera tentativa de suicidio (por lo que se lo interna en un manicomio, y luego en una institución para niños).

A fines de 1895, Hesse empezó a trabajar como librero en la librería Heckenhauer, labor a la que se consagró en cuerpo y alma. El grueso del fondo literario versaba principalmente sobre teología, filología y derecho. La tarea del joven aprendiz consistía en agrupar y archivar libros por cantidad. Al terminar la jornada, continuaba enriqueciendo su cultura en solitario -los libros compensaban la ausencia de contactos sociales (“...con los libros tenía más y mejores relaciones”).

La consagración literaria de Hesse hizo posible el matrimonio con Maria Bernoulli, en 1904, permitiéndole fundar una familia. Escribió la citada Bajo Las Ruedas además de relatos y poemas varios, pero su siguiente novela, Gertrude (1910), supone una crisis de creatividad en Hesse. Acabó a duras penas la obra, y más tarde la consideró fallida. En 1911, debido a algunos problemas familiares, tuvo que viajar por Ceilán e Indonesia. Allí no pudo encontrar la inspiración espiritual y religiosa que anhelaba. No obstante, este viaje impregnó sus obras posteriores, comenzando por Cuadernos Hindúes (1913).

Tras la declaratoria de la Primera Guerra Mundial (1914), Hesse se presentó como voluntario en la embajada alemana. Se le declaró inútil para el combate, siendo destinado a Berna para asistir a prisioneros de guerra en su embajada. Los conflictos con el público alemán no se habían disipado, cuando Hesse sufrió una nueva vuelta de tuerca que le sumió en un conflicto existencial más profundo: la muerte de su padre, la grave enfermedad de su hijo Martin y la crisis esquizofrénica de su esposa. Entre septiembre y octubre de 1917, Hesse redactó su novela Demian. El libro fue publicado en 1919, con el seudónimo de Emil Sinclair.

En gran medida, por esta obra tardía le fue concedido en 1946 el premio Nobel de literatura. Después de la Segunda Guerra Mundial, su creatividad fue declinando: escribió relatos y poemas, pero ya ninguna novela. Murió mientras dormía, a los ochenta y cinco años, el 9 de agosto de 1962 en Montagnola, a consecuencia de una hemorragia cerebral. Sus obras, consideradas de gran valor espiritual y humanístico, han contribuido enormemente al despertar artístico de generaciones enteras, concretándose de este modo un aporte significativo para la literatura universal.

PERIPLO MANIQUEISTA

Demian: Historia De La Juventud De Emil Sinclair es una novela de “formación”, ya que su propósito es relatar la evolución espiritual de un adolescente recorriendo y atravesando los difíciles años del crecimiento hacia la adultez. El colegial Sinclair es engatusado por Kromer, un mal compañero -vagabundo y fanfarrón- que actúa como hombre experimentado. Sinclair, atraído por la personalidad de Kromer, engaña a sus padres, roba y cae por el tobogán del pecado. Entonces aparece Demian, otro condiscípulo que se expresa de manera distinta, una mirada entre fría, intemporal y misteriosa; que parece salir de un pasado sin edad.

Demian parece reflejar gran parte de la vida de Hesse. Muchos críticos tienden a suponer que Emil Sinclair es un “alter-ego” que Hesse utilizó para retratar su propia vida. El Hesse-Sinclair que se muestra aquí es el yo-real impregnado de los valores tradicionales de la cultura moderna y la religión cristiana; pero a la vez, es un ser inconforme y gustosamente alejado del rebaño humano, cuestionándose a sí mismo permanentemente en la búsqueda de superar la vieja moral y la esperanza de sentido en medio de una sociedad en decadencia. Por otra parte, Max Demian representa el yo-ideal que Hesse dibuja siempre con un semblante filosófico-reflexivo, cuyo sentido de la existencia busca ser trascendental, y que se opone a toda tradición hegemónica para transformarla y crear nuevos valores.

Entendido el libro de este modo, vemos en su protagonista el reflejo de un autor que se mueve entre dos mundos: el de la Luz, la familia y las tradiciones sociales; y el mundo de la Oscuridad, compuesto de todo aquello que le es ajeno. Como buen adolescente, Sinclair se siente atraído por este último. Hesse nos refleja la tormenta de emociones y temores que vive un adolescente; nos enseña el camino que su protagonista sigue para realizarse como persona, dejando de lado las partes que le resultan superfluas mientras va sacando a la luz su propia esencia.

En la introducción al libro, Hesse señala: “...He sido un hombre que busca y lo soy aún, pero no busco ya en las estrellas ni en los libros: comienzo a escuchar las enseñanzas que mi sangre murmura en mí. Mi historia no es agradable, no es suave ni armoniosa como las historias inventadas; sabe a insensatez y a confusión, a locura y a sueño, como la vida de todos los hombres que no quieren mentirse más a sí mismos...”. Por lo tanto, la figura de Abraxas resulta ser la representación de lo divino y de lo demoníaco en la realidad metafísica. Demian alguna vez le dirá a Emil que habría de ahondar más allá del dios al que se le rendía culto, porque tan sólo representaba la mitad del mundo, es decir el mundo luminoso. Habría que buscar la otra mitad, un culto a lo demoníaco, al mundo oscuro. Abraxas es el dios que hace posible la visión de los dos mundos en uno solo.

ÉTICA Y PSICOANÁLISIS

La psicología de Jung influiría de manera significativa en toda la obra literaria de Hesse, a la par que éste recogía el desesperanzador panorama que en Europa se observaba desde la Primera Guerra Mundial. Desde esta experiencia, Demian nos pinta una vida interior conflictiva en la búsqueda de la superación de la moral de la Modernidad: valores burgueses, cristianismo hegemónico, escuela tradicional, entre otros aspectos que han impregnado grandes verdades y han eclipsado el fondo de la individualidad de muchos seres humanos.

Por otro lado, Jung ejerce sobre la vida onírica de los personajes de Hesse una fuerte influencia. Los sueños son de vital importancia para la realidad, pues contribuyen a confluir pasado, presente y un posible futuro a través de los deseos inconscientes, simbolizados con imágenes que cobran forma visible a través de la vida misma. Con estas palabras Hesse sustenta su tesis: “Todos los hombres viven momentos difíciles. Para los de nivel general, es éste el punto de la existencia en el que surge la máxima oposición entre el avance de la propia vida y el mundo circundante, el punto en que se hace más difícil la vida pasa por aquel morir y renacer que es nuestro destino, sólo esta vez, cuando todo lo que hemos llegado amar quiere abandonarnos y sentimos de repente en nosotros la soledad y el frío mortal de los espacios infinitos”.

Demian: Historia De La Juventud De Emil Sinclair es una hermosa novela que nos enseña que la juventud es una época de la vida en la que se deben buscar alternativas para solventar los problemas con paciencia y rigor. Si queremos ser hombres capaces, realmente críticos y trascendentes, diferentes del espíritu gregario imperante; debemos mirarnos hacia adentro, conocernos a nosotros mismos para enfrentar al mundo exterior. Para tal conocimiento, hay que mantener la conciencia del mundo completo cuyas caras son el bien y el mal, sabiendo que ambas aparecerán en nuestras acciones vitales influyendo en sus consecuencias.


En última instancia, nuestra conciencia moral sólo pertenece a Dios y a nosotros mismos. Por lo tanto, debemos ser conscientes de que ella estará siempre ahí, latente, advirtiéndonos de ciertas cosas antes de tomar decisiones; como también rezongándonos cuando hemos elegido actuar apresurada o inapropiadamente. Y esto seguirá ocurriendo aún cuando estemos exhortados a seguirla, a pesar de los errores. En todo caso, lo importante es ser consecuentes y leales, a pesar de las limitaciones. Después de todo, no sabemos cuándo tendremos que defender nuestra propia postura a capa y espada.

Jorge Antonio Buckingham


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LEONARDO BACTERIA, IN MEMORIAM

1 de noviembre de 2013

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“No puede ser que a Leuzemia se le dé todo el apoyo, y no a los otros grupos. Los mismos medios de comunicación no nos respaldan. Aquí en el Perú hay buenos grupos que no reciben apoyo, eso jode un culo”.

Los lectores peruanos de esta bitácora saben qué es Leuzemia y hacia dónde apunta esta cita. Los lectores de otros países pueden googlear el nombre del una vez legendario grupo punk nacional para averiguarlo sin prejuicios -y comprender el significado entre líneas de esta opinión vertida por Leonardo Bacteria en entrevista concedida al desaparecido portal DeCajón.com (2000). Tal vez ése era el rasgo más resaltante de Leonardo cuando uno lo tenía frente a sí: vehemente y salvajón en sus declaraciones, siempre iba al choque, sin importarle quién estuviera delante suyo. Quienes lo llegamos a apreciar por -o a pesar de- esa brutal sinceridad no somos pocos, pero muchísimos más fueron los que terminaron evitándolo/odiándolo. Se sabe de ciertos nefastos y acomplejados sujetos que trataron de convencer a cierto dibujante con ácido en las venas para que caricaturice a Bacteria en un cómic que hasta tenía nombre propio -Teo Microbio.



Pensar que ya han pasado casi dos años desde que Leonardo muriese... para no creerlo, francamente. A veces, dejábamos pasar él y yo una cantidad de tiempo similar sin llegar a vernos. Lo bueno es que siempre conservamos el contacto, bien a través de Internet, bien mediante el hilo telefónico. En todos mis años de conocerlo, nunca tuvimos el menor roce, y eso que oportunidades no faltaron, dado el feroz radicalismo con que mi insumiso amigo descerrajaba sus “excéntricos” y díscolos juicios -por temporadas, admiraba y odiaba el Mezzanine de Massive Attack, lo mismo que los relatos de Lovecraft.

Leo dejó este mundo hacia la quincena de noviembre del 2011. Insólita coincidencia a consignar: yo lo conocí un día de la primera o segunda semana de noviembre de 1997. Es decir, claro, lo había visto en las páginas de medios especializados, y escuchado a través de los trabajos que iba publicando; pero aquella fue la primera vez que lo vi en persona. Lo primero que hizo tras estrecharme la mano fue espetarme un “no estoy de acuerdo con tu reseña del The Downward Spiral de Nine Inch Nails”. Felizmente, por esos azares del Destino yo tampoco estaba ya de acuerdo conmigo mismo.



Pocas veces vi a Leonardo Del Castillo -tal era su verdadero nombre- desde esa primera ocasión hasta el cambio de milenio. A partir de entonces, cuando entro a trabajar en DeCajón.com, nos frecuentamos más. Incluso me invitó en repetidas oportunidades a su casa, pero esa cercanía física no se tradujo en una aproximación más íntima. Me explico: Leo siempre me hablaba de libros, de películas, y por supuesto que también de música; pero no de temas personales. Nunca conocí a nadie de su familia mientras él estuvo entre nosotros -a excepción de una de sus abuelas, con quien nos cruzamos una vez en el pasillo del segundo piso (supongo que la señora ni se acordará...). Esa reserva, sin embargo, no hizo mella alguna en nuestra relación: yo la respeté, y él, asumo que por tácita reciprocidad, también; mientras intercambiábamos discos y k-sets, y de vez en cuando uno que otro libro.

Paralelamente, comenzamos a vernos seguido en conciertos, fueran sólo de Insumisión, fueran en asociación con otras bandas. Esto último resalta un mérito que tendrían que reconocerle tirios y troyanos: al margen de su airada verborrea y de sus fundamentalistas preferencias, Leonardo siempre estaba  dispuesto a  organizarse con otros grupos para  sacar     adelante   tocadas  y proyectos -con lo que muchas veces ello conlleva (venta de material, difusión, etc). Era, en ese aspecto, más permisivo que en sus aficiones personales.


A la par de publicar el fanzine Asco (de corta duración), Leo comenzó a hacer música como MDA al lado Miguel Tipacti, baterista de Atrofia Cerebral (donde también militase el “gritante” José Morón, posteriormente en Dios Hastío). Lo suyo fue, desde el saque, minimalismo de choque: extremecore, grindnoise, crustcore... Nula habilidad instrumental, harto odio, rapidez y suciedad. La extinción ineluctable, en otras palabras. Esta experiencia le sirvió a Bacteria de mucho, no obstante. Lo permeabilizó, por ejemplo, en el entendimiento de que el techno y las tendencias extremas que practicara MDA guardan en sus bases una misma cualidad: la economía, cuando no parquedad, de recursos. Para 1994, Leonardo alumbra el marbete con el que se le asocia de forma más perdurable. Compuesto de consignas a favor de la legalización del aborto y la masturbación, de proclamas antimilitares y antitaurinas, y de sacadas de mierda a íconos intocables como Soda Stereo y Caifanes; este rollo le granjeó en mayor escala tanto admiradores como detractores a muerte. De ahí que el nombre escogido no pudiera ser más adecuado: Insumisión.


Bajo este alias, Leo trajinó la escena durante poco más de una década, al principio a través de un acercamiento aún irresoluto a tendencias techno en esencia comerciales, como el house, el technotraxx y el eurobeat; para luego volcarse al industrial y al gabber hasta decibeles inaguantables. En todo ese tiempo, Insumisión le hizo frente a la indiferencia con entereza: qué otra cosa podía esperarse si no, de un músico que dejaba la piel en cada una de sus presentaciones. De un trasgresor en constantes evoluciones...


Después vendrían las épocas de Pestaña y de El Paladar Del Conejo, en formatos mucho más accesibles pero igualmente polémicos. Tontipop que, desde algunas de sus letras, rememoraba la incendiaria labia de Insumisión, y que asimismo se burlaba de los estereotipos rockeros covereando a Paloma San Basilio (“Juntos”) o dedicándole canciones a sitios comunes de la ciudad (“Por Petit Thouars”). Para entonces, habíamos vuelto a dejarnos de ver, pero nos manteníamos comunicados por el desaparecido Messenger o merced a larguísimas llamadas telefónicas. La última vez que visité su casa fue en septiembre u octubre del 2008, y la última vez que nos vimos fue en agosto del 2009, cuando Leonardo me visitó -sin saberlo- por mi cumpleaños. Una anécdota al respecto: la reunión estaba programada para un sábado, y coincidió que Leo podía aparecerse ese día. Yo estaba temeroso de esa conjunción, porque había invitado a gente que de música sabe poco o nada, y por ahí que Leo podía mandarse todo un manifiesto. No fue así: se acopló perfectamente a esa manchita -debe haber sido la única ocasión en que le vi hacer bromas.


No llegué a hablar con Leonardo antes de su insospechado deceso. Recuerdo que una semana antes lo llamé para avisarle de un cachuelo, sabiendo que estaba próximo el concierto que Sonic Youth daría en Lima y que por ahí le faltaban fichas para la entrada. Lo llamé dos veces: primero me recibió el recado una persona, luego, la contestadora. Cuando un amigo que teníamos en común me avisa el domingo 19 de noviembre por la noche, después de una dura jornada de trabajo, lo primero que pensé fue que acaso si hubiéramos conversado en esos días me hubiera sentido más resignado. Como ya dije, de la vida personal de Leo sabía lo que sé de física cuántica, y por eso no me atreví a llamar a su casa (pues nadie me conocía). Por eso, no supe que Leo las había estado viendo negras desde hacía algún tiempo. Por eso, no estaba al tanto de una condición psicológica que le había sido diagnosticada -el detonante que terminó llevándoselo a la otra.

Muchas cosas se han dicho sobre Leonardo Bacteria después de su muerte. Incluso desde antes, por los anticuerpos que generaba su verbo flamígero: que era gay (como si eso fuese motivo de vergüenza), que se drogaba con tranquilizante de gato, que fue un mal padre -ni siquiera sabía que lo era, aparentemente dejó una niña de meses de nacida... Aunque todo eso fuera verdad, y no estoy diciendo que lo sea, estas aseveraciones no hacen menos al Leo que conocí. Soy un convencido de que la muerte no nos enaltece ni nos envilece. El que ha sido un mierda, sigue siendo después de muerto un mierda. Ídem con quien ha sido una buena persona. Por eso, me quedo con la imagen que siempre tuve de Leo: un buen amigo con quien nunca nos incordiamos, que siempre me tuvo en consideración a pesar de algunas opiniones divergentes, y con quien podíamos conversar literalmente horas de horas sin sentirnos ninguno de los dos aburridos. Aún ahora que el tiempo ha pasado, a veces siento el impulso de marcar su número.

No fueron pocas las veces que Leonardo se declaró un descreído de los derechos de autor. Ahora que la coyuntura local está álgida a ese respecto, ponemos aquí para libre descarga los discos que Leo editase bajo su nom de gerre más célebre -excepto los dos primeros pasos. El maxi debut no lo llegué a conseguir, y del segundo esfuerzo de Insumisión, Bacteria siempre renegó -así que, siendo consecuente con su deseo, queda omitido.

Si Dios existe, Su tiempo no debe ser conmensurable con el de los hombres: lo que nosotros percibimos como un siglo, Él debe percibirlo apenas como un segundo o menos. Así que, para expresarnos en términos de una insondable -y tal vez inexistente- divinidad, me despido por ahora de ti, Leo. Volveremos a vernos pronto.

“Ahora soy feliz y libre”.
Leonardo Del Castillo
17-11-2011

Hákim de Merv


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