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J.R.R. TOLKIEN: CREADOR Y EXPLORADOR DE LA TIERRA MEDIA

8 de febrero de 2013

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“En el principio estaba Eru, el Único, que en Arda es llamado Ilúvatar; y primero hizo los Ainur, los Sagrados, que eran vástagos de su pensamiento, y estuvieron con Él antes que se hiciera cosa alguna”.

Quien en alguna oportunidad se aventuró a afirmar que la fantasía era un género literario cuyo público es un pequeño y restringido grupo de románticos y soñadores, probablemente olvidó que fue niño alguna vez. Es errado mantener la creencia de lo así llamado “fantástico” como patrimonio de la mente infantil que descubre un mundo habitado por quimeras. Sabemos que los cuentos de hadas representan la historia del Hombre, en cuyos relatos se encuentran caracterizados los rasgos más profundos de la naturaleza humana -enfocados desde un punto de vista mágico y universal. En ellos, encontramos temas como la constante lucha entre las fuerzas del Bien y el Mal, el triunfo del Amor, el espíritu de aventura y la maravilla de la Naturaleza. Sus personajes suelen ser príncipes enamorados, madrastras perversas, demonios o ángeles planetarios. ¿Cómo privarse, entonces, de esa misteriosa facultad que posee la fantasía para alejarnos de la agobiante realidad de un mundo de maquinaria y contaminación? Ayudará a escapar del marasmo que produce la vida cotidiana echarle un vistazo a la vida y obra del escritor del género fantástico quizás más reconocido y admirado del siglo que se nos fue.

EL MAGO BLANCO

John Ronald Reuel Tolkien, hombre de letras y novelista, nace de padres británicos en el pueblo de Bloemfontein (Sudáfrica), el 3 de enero de 1892. Es educado en la escuela King Edward -donde aprende lenguas clásicas, anglosajón e inglés medio-, en la primaria St. Philip y en la Universidad de Oxford. Para analizar los libros escritos por Tolkien, uno debe observar su niñez y considerar su especial interés por los idiomas. Es poseedor de un gran talento lingüístico: tras estudiar galés antiguo y finlandés, empieza a inventar sus propias lenguas élficas. Tras graduarse en 1915 de Bachiller en Lengua y Literatura Inglesa, se une a la armada británica y combate en la batalla de Somme (Primera Guerra Mundial), donde mueren dos de sus tres amigos más cercanos. Antes de embarcarse para Francia, en junio de 1916, contrae matrimonio con el amor de su infancia, Edith Bratt. Deja el puesto eventualmente tras pasar la mayor parte de 1917 en el hospital sufriendo de “fiebre de trincheras”. Los años posteriores a la Gran Guerra son dedicados a su trabajo académico como profesor de anglosajón en Oxford, donde pronto demuestra ser uno de los mejores filólogos de su tiempo. Él y Edith tienen cuatro hijos, y es a ellos a quienes primero les cuenta el relato El Hobbit -el preludio de la “Trilogía de los Anillos”, publicada en 1938 por Sir Stanley Unwin. El Hobbit prueba ser tan exitoso que Sir Stanley pronto le pide que escriba una secuela. Pero no es hasta 1954, cuando Tolkien se acerca a su retiro, que el primer volumen de su obra maestra, El Señor De Los Anillos, es publicado -y su aterrador éxito lo toma por sorpresa. Tras su retiro, Ronald y Edith se mudan a Bournemouth, pero cuando Edith fallece en 1971, Ronald regresa a Oxford y fallece por causa de una breve enfermedad el 2 de septiembre de 1973, dejando su obra mitológica, El Simarillion, lista para ser editada y publicada por su hijo, Christopher.

SU CARRERA ACADÉMICA

J.R.R. Tolkien fue lingüista y literato de profesión. Su principal campo de acción fue el estudio del anglosajón (inglés antiguo) y su relación con lenguas similares (escandinavo antiguo, alemán antiguo, gótico), con especial énfasis en los dialectos de Mercia, esa parte de Inglaterra donde creció y vivió; pero además estuvo interesado en la Inglaterra de la Edad Media. Aparte de esto, Tolkien fue experto en la literatura sobreviviente escrita en estas lenguas. Ciertamente, su inusual habilidad para leer en simultáneo textos de fuentes lingüísticas y su propia literatura le dio perspectiva en ambos aspectos. Todos estos intereses -el lenguaje, la tradición heroica, el mito, la historia, y una verdadera y profundamente sustentada creencia y fervor a la devoción cristiana- fueron compartidos por su colega y amigo C. S. Lewis (autor de las Crónicas de Narnia), lo cual tuvo un efecto avasallador en la composición de las historias de ambos camaradas. Entre las obras más destacadas de Tolkien, descontando las ya citadas, se encuentran Las Aventuras De Tom Bombadil y El Granjero Giles De Ham.

CRÓNICAS DE LA TIERRA MEDIA

Tolkien fue el creador de la Tierra Media, el territorio de una ficticia y antigua era, habitado por toda clase de criaturas fantásticas: hobbits con agudísimos ojos y oídos, orcos perversos y demoníacos, trolls que abandonan sus cavernas durante la noche, dragones que roban y protegen tesoros descomunales, enanos dispuestos a recuperarlos...

La eterna lucha del Bien y el Mal, las pasiones humanas, la ambición, la mentira, la desconfianza, la lucha por el poder, el valor, el heroísmo, la lealtad; todo lo que podemos concebir en nuestra mente, todo aquello que podemos imaginar, está escrito en la historia de Arda (la Tierra), creada por el canto de los Ainur en uno de los más hermosos mitos cosmogónicos concebidos por el Hombre. De ahí en adelante, se da inicio a la gran mitología de El Simarillion que empieza con la llegada de los Valar (los Poderes del Mundo), que son Ainur enviados por Eru Ilúvatar para proteger su creación, hasta el nacimiento de los Elfos y, más tarde, de los Hombres. Transcurridas las tres primeras Edades del Mundo, es precisamente hacia el final de la Tercera Edad que se dan los sucesos descritos en El Señor De Los Anillos (1954). Esta trilogía de novelas, compuesta por los volúmenes La Comunidad Del Anillo, Las Dos Torres y El Retorno Del Rey; narra el viaje de su protagonista principal, el hobbit Frodo Bolsón, para destruir el Anillo Único -en paralelo a la guerra que, para recuperarlo (ya que es su principal fuente de poder), provocará el enemigo de la Tierra Media: Sauron, el Señor Oscuro.

¿Cómo empezar a entender El Señor De Los Anillos? ¿Cuál es el encanto de otra historia más acerca de un anillo con poderes mágicos? En realidad, no es una historia más sobre anillos, como la del Anillo de los Nibelungos o la del anillo que Felagund le da a Barahir, padre de Beren, como muestra de agradecimiento y que lo compromete en la historia de los Simarils (tomando como ejemplo al propio Tolkien). Lo primero sería preguntarse ¿de dónde viene el poder del anillo? Y algo que está muy unido a esto es ¿de dónde nace el Mal? La concepción del Mal en el mundo de Tolkien es imprescindible, por ser lo que entreteje la historia de la Tierra Media. La primera vez que aparece el Mal en el universo tolkeniano es en la creación de Arda, cuando los Ainur cantan la música creadora del mundo, y Melkor, el Ainur más poderoso, crea una disonancia con el afán de hacerse notar y predominar sobre los demás. Es entonces que Eru lo reprende y nace en él una especie de frustración y rencor por la humillación. Esto recuerda un poco la idea de Luzbel y su transformación en Lucifer al ser expulsado del cielo. El origen del Mal germina en Melkor -o mejor, es éste un instrumento de su creación. Porque es Eru Ilúvatar mismo la fuente de inspiración para cualquier fuerza creadora, y sea ésta la música de los Ainur o la de Melkor (agresiva y violenta), está contenida en la idea creadora de Eru. Tolkien concibe un dios absolutamente “equilibrado”, origen del Bien y del Mal, enfatizando que los Ainur son partes del pensamiento de Ilúvatar. Después de la creación del mundo, todo lo que en él sucede ya está polarizado. La Tierra Media es poblada primero por los Ainur que bajan a terminar la creación del mundo (instancia que podría hacernos concebir a los Valar como avatares de estos Ainur) y defenderlo de Melkor -a quien los Elfos y hombres llamarán Morgoth-). En este mundo, Morgoth logró desunir Elfos y Hombres hasta que, al término de la Primera Edad, los Valar se unen a los hijos de Ilúvatar para derrotar a Melkor y expulsarlo del mundo.

Pero el mal sembrado por Morgoth no desaparece con él. Sauron, su más leal y poderoso sirviente (pues es un Ainur, también), ha quedado vivo -si bien ha debido humillarse ante los poderosos vencedores para seguir con vida. Después de este afrentoso episodio, Sauron anhela vengarse por la injuria. Su odio a los Elfos y -en especial- a los Hombres es cada vez mayor, de manera que se retira a Mordor, donde se hace más oscuro y poderoso.

Entre las razas de seres que habitan la Tierra Media, podemos encontrar una variada gama de las más fabulosas criaturas. Los Elfos (Quendi) fueron los primeros en despertar y aventurarse en la Tierra Media. Son una raza noble y agraciada, seres inmortales que a pesar de guardar gran semejanza morfológica con los hombres, son muy distintos de aquellos desde otro punto de vista: resplandece en su interior una luz que revela un espíritu y unos dones únicos. Son hábiles con el arco, porque tienen muy buena vista y puntería, y también manejan la espada bastante bien, sobre todo mandobles y espadas relativamente pesadas. Los hobbits tienen un origen poco claro, aunque parece que surgieron en la Primera Edad, más o menos al mismo tiempo que los Hombres (de hecho, se dice que están relacionados con ellos). Sus costumbres son bastante excéntricas: cavan y excavan, y viven en “agujeros”. Los enanos son descendientes de los Siete Padres, los señores primeros, creados a partir de la tierra por el Vala Aulë -el Herrero de los Valar (la forma plural del vocablo “Vala”), el creador de las montañas, llamado Mahal por los enanos. Fueron éstos creados antes que ningún ser vivo, pero Eru obligó a su siervo Aulë a destruirlos, pues se salían del esquema de la canción original. Sin embargo, en el momento de la ejecución sintió piedad por estos pequeños seres y les perdonó la vida, con la condición de que no despertasen sobre Arda hasta que lo hiciesen los elfos.

De otro lado, todos los dragones que han existido en la Tierra Media fueron creados por Morgoth durante la Primera Edad. Los hay de tres tipos: aquellos que reptan como serpientes, otros que caminan como los hombres, y otros -los más maravillosos- que vuelan. Los dragones son criaturas astutas y crueles, capaces de razonar e incluso de soñar. Presumidos y autocomplacientes, todos parecen tener un “talón de Aquiles” o punto débil en el que es posible atravesar su armadura e infligirles un daño mortal.

IMPRESIONANTE TALENTO LINGÜÍSTICO

A través de toda la obra de Tolkien, incluso aquella que permaneció inédita mientras vivió el autor, podemos apreciar cuán reales son los lenguajes usados o glosados por sus principales personajes -especialmente los dialectos élficos sindarin y quenya. Éstos son dialectos con raíces consistentes, leyes fonéticas e inflexiones; en las cuales Tolkien vertió todos sus recursos imaginativos y filológicos. Además, muchas de estas lenguas fueron derivadas de un lenguaje “proto élfico”, reproducidas en un modo lingüísticamente realista. El sindarin era el dialecto élfico cotidiano, mientras que el quenya era una suerte de “latín” élfico. Muchas palabras élficas en El Señor De Los Anillos eran sindarin. Ejemplos: nombres de lugares en el mapa de la Tierra Media (Minas Tirith, Emyn Beriad), la canción para Elbereth cantada en Rivendel. El lamento de Galadriel, en cambio, era quenya. El idioma de Rohan, por otra parte, era un lenguaje real: el anglosajón. Los otros idiomas en la trilogía fueron mucho menos trabajados: entish (ent), khudzul (enano), habla negra (el lenguaje de Mordor). El aduanaico, lenguaje de Númenor, desarrollado en 1946 mientras concluía la trilogía, fue la decimoquinta lengua inventada por el autor.


La ficción que Tolkien buscó mantener era la siguiente: que, a saber, la trilogía El Señor De Los Anillos, El Hobbit y El Simarillion son en realidad antiguos manuscritos escritos por Frodo y Bilbo, respectivamente -textos de los cuales él era mero editor y traductor. Tolkien no lo declaró así de franco, pero es implícito en que muchas secciones de la trilogía son escritas fuera de la historia. Así, el prólogo está redactado plenamente por un editor moderno, describiendo un tiempo arcaico. Este concepto no es una idea original, ya que muchos autores han pretendido que sus fantasías eran historias verídicas de algún tiempo remoto. Pero pocos lo han hecho tan concienzuda y exitosamente como lo hizo Tolkien. El componente más efectivo de su pretensión, huelga decirlo, fue el aspecto lingüístico de la Tierra Media, al autocalificarse como traductor de los manuscritos. En el escenario, era evidente que los hobbits no pudieron haber hablado inglés (la historia toma lugar en un pasado remoto y ellos hablaban su propio lenguaje, llamado “westron” -también referido como la lengua común-). Tolkien “tradujo” este lenguaje al inglés, lo cual incluía derivar todos los nombres de lugares en lengua común a sus equivalentes en inglés.

Debido a que su interés, habilidad y amor por el lenguaje se manifiestan a cada nivel y en cada palabra de la trilogía; la obra de Tolkien es muy difícil de traducir a otros idiomas. Estos factores producen un resultado muy difícil -si no imposible- de duplicar. La ‘Guía de Nombres’ en las instrucciones de Tolkien para los traductores de la trilogía no intenta solucionar esto. En ella se extiende la lista de nombres en el índice y especifica cuál debe ser traducido (siendo lengua común) y cuál debe ser dejado sin modificar. Esto requería una traducción eficaz para conseguir el propósito deseado, pero eso sólo sería al principio. Reproducir los demás dédalos lingüísticos sería prácticamente imposible.

EL HOBBIT EN PANTALLA GRANDE

Peter Jackson, director de cine galardonado con un premio de la Academia, y que ya había llevado al ecran una soberbia y magnífica adaptación de la trilogía El Señor De Los Anillos; estrenó hace poquísimos meses El Hobbit: Un Viaje Inesperado, la primera parte de la adaptación de la imperecedera y popular obra de Tolkien. La aventura sigue el viaje del protagonista Bilbo Bolsón, que se embarca en la recuperación del reino enano de Erebor y su tesoro, arrebatados por el temible dragón Smaug. Impulsado ingeniosamente por el mago Gandalf El Gris, Bilbo se encuentra acompañado de trece enanos dirigidos por el legendario guerrero Thorin Escudo De Roble. Su itinearario les hace adentrarse en las profundidades del bosque, cruzando tierras peligrosas, donde se encuentran con trasgos, orcos, wargos salvajes, arañas gigantes, cambia-pieles y hechiceros. Aunque su objetivo era la Montaña Solitaria de Oriente, la comunidad se ve forzada a escapar de los túneles de los trasgos, donde Bilbo se encuentra con Gollum, la criatura que cambiará su vida y la de todo el mundo para siempre...




Cabe acotar que la trilogía de El Señor De Los Anillos tuvo como locación escogida a Nueva Zelanda, que, según los conocedores, es lo más parecido a la Tierra Media sobre la faz del planeta. A despecho de contar con un gran presupuesto y los últimos adelantos en efectos especiales, el reto -cumplido- de Jackson fue resumir toda esa maraña de aventuras logrando satisfacer por igual al público, a los fans y a las demandas del circuito comercial.

La magistral obra de J.R.R. Tolkien está catalogada como un monumento épico que constituye verdaderas piezas mitológicas en pleno siglo XX. En palabras del propio C.S. Lewis, “Un relámpago en un cielo claro que representa la conquista de un nuevo territorio”.

Jorge Antonio Buckingham
Eliana Esparza


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