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"2001: UNA ODISEA ESPACIAL", DE ARTHUR C. CLARKE: EL HORIZONTE SON LAS ESTRELLAS

21 de junio de 2013

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Desde siempre, el Hombre ha intentado comprender sus orígenes, aquello que le ha hecho progresar y el sentido de su existencia. La teoría más aceptada sobre su génesis es la que Darwin desarrolla en su famoso tratado El Origen De Las Especies. Para muchos, la doctrina que plantea esta obra es por sí sola capaz de esclarecer este misterio tan insondable. Pero hay quienes piensan que tiene que haber existido otro hecho -fuera de nuestro mundo conocido- que, combinado con esta teoría, complete la respuesta a este anhelo de conocimiento.

El enfoque científico posiciona a la especie humana como una más en el proceso de evolución biológica de los organismos vivos del planeta. Los enfoques mítico y religioso explican el origen del Hombre como un acto de voluntad de uno o varios dioses. Sin embargo, hay otras teorías que buscan absolver estas interrogantes por medio de cosmogonías menos ortodoxas y más imaginativas.

Para abundar más en un tema tan fascinante, hacemos un breve estudio sobre una de las novelas más apasionantes y emblemáticas de la ciencia ficción de todos los tiempos: 2001: Una Odisea Espacial, del reconocido escritor y científico británico Arthur C. Clarke.

MÁS QUE UN ASTRÓNOMO

Sir Arthur Charles Clarke nació el 16 de diciembre de 1917 en Minehead (Inglaterra). Desde pequeño mostró fascinación por la astronomía, al punto de dibujar un mapa de la Luna con un telescopio casero. En 1936, terminados sus estudios secundarios, se traslada a Londres. Durante la Segunda Guerra Mundial sirvió en la Royal Air Force como especialista en radares. Se involucró en el desarrollo de un sistema de defensa por radar, ejerciendo como instructor de la naciente especialidad. Al terminar la guerra, Clarke publica su artículo técnico “Extraterrestrial Relays”, en el que propone la construcción de satélites artificiales en órbita geoestacionaria -idea que es una de sus grandes contribuciones a la ciencia del siglo XX. Este trabajo le significará numerosos premios, becas y reconocimientos. En este período, Clarke también estudia Física y Matemáticas en el prestigioso King’s College de Londres, y ejerce varios años como presidente de la Sociedad Interplanetaria Británica (BIS).

Tras este importante episodio, Clarke empezó a escribir ciencia ficción. Su primer cuento publicado fue “Partida De Rescate”, que apareció en el número de mayo de 1946 de Astounding y que significó la línea de partida de una fructífera carrera literaria. Entre sus primeros relatos destaca “El Centinela”, que sirvió de base para su novela 2001: Una Odisea Espacial (1968) y para la película del mismo nombre que realizase el director estadounidense Stanley Kubrick -una experiencia casi mística que, por encima de su hálito contemplativo y su denso ritmo narrativo, ha dejado marcada a fuego su huella en la iconografía pop. También son conocidas sus famosas Leyes De Clarke, publicadas en su libro de divulgación científica Perfiles Del Futuro (1962): la más popular de ellas es la llamada Tercera Ley de Clarke (“Toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”).




Clarke mantuvo correspondencia con su coterráneo C.S. Lewis en los 40s y 50s. Ambos se reunieron una vez para discutir sobre ciencia ficción y viajes espaciales. El escritor manifestó su admiración por Lewis diciendo que la Trilogía de Ransom era una de las pocas obras de ciencia ficción que debería ser considerada literatura.

En 1953, Clarke conoció y se casó con Marilyn Mayfield, una divorciada de 22 años con un niño pequeño. Se separaron a los seis meses, aunque el divorcio no se formalizó hasta 1964. El escritor nunca volvió a casarse, pero fue amigo muy íntimo de Leslie Ekanayake, quien falleció en 1977. Desde 1956 y hasta su deceso, vivió en la isla de Sri Lanka (antigua Ceilán), en parte debido a su interés por la fotografía y la exploración submarina, en parte debido a su fascinación por la cultura india –lo que no le impidió, en 1957, viajar a Barcelona para el VIII Congreso Internacional de Astronáutica (momento que coincide con el lanzamiento del Sputnik I por parte de la antigua Unión Soviética).

En 1989, durante el Cumpleaños de Honor de la Reina, Clarke fue nombrado Comandante de la Orden del Imperio Británico “por servicios al interés cultural en Sri Lanka”. El mismo año se convierte en el primer Consejero de la Universidad Espacial Internacional. También prestó servicios como Consejero de la Universidad de Morutawa.

El autor murió la madrugada del miércoles 19 de marzo de 2008 en Colombo, debido a un paro cardio-respiratorio.

EVOLUTION NON STOP

Una antigua civilización alienígena utiliza un gran monolito de cristal para investigar mundos de esta galaxia e impulsar el desarrollo de vida inteligente. Hace tres millones de años, uno de esos monolitos apareció en África e inspiró a un grupo de homínidos -casi muertos de hambre y al borde de la extinción- a concebir herramientas. Los antropoides utilizaron estas herramientas para matar animales y terminar con la escasez de alimentos. Al día siguiente, el líder de la tribu, Moon-Watcher, mata al líder del grupo rival. Moon-Watcher se da cuenta de que ahora es dueño del mundo: “Sin embargo, no está muy seguro de qué hacer a continuación. Ya se le ocurrirá algo”. La novela sugiere que el monolito es el instrumento que incita la inteligencia en los homínidos desarrollando la habilidad de construir herramientas rudimentarias, de manera que la caza y la recolección sean más eficientes.


Tras un gran salto en el tiempo, se llega al año 2001 de nuestra era. El Doctor Heywood Floyd se dirige hacia la Luna, haciendo escala en una estación  orbital.  Al  llegar  a  la  Luna,  junto  con  el  Doctor  Halvorsen se dirige al cráter Tycho, donde -gracias a la medida de campos magnéticos- se ha detectado y desenterrado un monolito negro que emite una fuerte señal hacia el planeta Júpiter.

De camino hacia Júpiter, la nave Discovery lleva en su interior cinco personas: el comandante David Bowman, el piloto Frank Poole y tres científicos en estado de hibernación. La computadora HAL9000 gobierna la nave y conoce los verdaderos planes y objetivos de la expedición: no está programada para mentir y, puesto que es la única que está al tanto de los verdaderos detalles de la misión, se encuentra ante un conflicto interno que resolverá aniquilando a toda la tripulación. La máquina piensa que una vez eliminados los seres humanos, no tendrá a quién mentir y su problema quedará resuelto. Debido a que empezaba a presentar fallas de funcionamiento, Poole y Bowman habían decidido que, de seguir así, no tendrían más remedio que desconectarla. A pesar de las medidas de seguridad que adoptan cuando toman esa decisión, HAL9000 se acaba enterando de sus planes y actúa porque no quiere ser desconectada.

Hay muchos otros temas que son tratados en 2001: Una Odisea Espacial que pueden parecer accesorios. Sin embargo, quedan relacionados si se espera que el Hombre algún día pueda ser sustituido por máquinas: la inteligencia artificial, la física cuántica -y la interrogante sobre si, después de tantos miles de años de evolución, aquello que hizo posible nuestra existencia continúa existiendo o se ha extinguido.

Arthur C. Clarke comenzó a trabajar esta historia en 1964, en estrecha colaboración con Kubrick. Aunque basada en su cuento “El Centinela”, el literato genera una original novela, mucho más ambiciosa que su modesto antecedente, maravillosamente complementada por el intercambio que mantuvo con Kubrick mientras éste trabajaba en la adaptación fílmica de la misma historia. En 1968 se publicó la novela, y en ese mismo año Clarke y Kubrick compartieron una nominación al Oscar por la película. En 1985, Clarke publicaría 2010: Odisea Dos y trabajaría con Peter Hyams en una versión para el celuloide. Otras novelas de la serie han incluido 2061: Odisea Tres (1988) y 3001: Odisea Final (1996).


AVENTURA CIBÉRNETICA

En 2001: Una Odisea Espacial, se encuentra claramente delineada la importancia que desempeña la máquina o la tecnología. Toda esa inteligencia artificial se ve reflejada en la misma nave Discovery y en la figura de la computadora HAL9000, que es superior y reviste una mayor importancia que los otros dos tripulantes despiertos. Esa tecnología es muy necesaria para ambos astronautas, ya que, si no fuera por ella, no podrían tener ningún contacto con la Tierra y tampoco podrían recibir instrucciones de sus superiores.

Como podemos ver en nuestra cotidianeidad, estamos rodeados de máquinas, vivimos conjuntamente con ellas, lo que no nos resulta nada extraño toda vez que nos hemos acostumbrado a su presencia: las vemos en nuestros hogares, en los puestos de trabajo, en la calle, en los centros comerciales, etc. No nos faltará en casa, por ejemplo, el exprimidor para hacernos un zumo al desayuno, la batidora, el ordenador personal, el taladro de bricolage; y decenas de máquinas o electrodomésticos que nos resultan tan familiares, que los echaríamos en falta si desapareciesen.


Para comprender el planteamiento de la novela, es necesario establecer algunas diferencias esenciales entre el Hombre y la Máquina. El ser humano es una criatura sumamente intrincada, con razón, sentimientos y emociones; que tiene libre albedrío y es capaz de tomar decisiones que pueden conducirlo al  éxito  o  al  fracaso  de  sus  propósitos.  Una   tecnología   de  inteligencia artificial, por sofisticada que sea -como es el caso de la computadora HAL9000-, está programada con órdenes predeterminadas sobre su misión, y, como comprobamos en la lectura; es susceptible de hacer cualquier cosa para cumplir ese objetivo.

UN ABANICO DE POSIBILIDADES

2001: Una Odisea Espacial es un sobrecogedor viaje interestelar en busca de evidencias de que el ser humano no está solo en el Cosmos, una expedición a los confines del alma y del universo -en la que pasado, presente y futuro se amalgaman en un continuo enigmático. ¿Qué esencia última nos rige? ¿Qué lugar ocupa el Hombre en el complejo entramado del infinito? ¿Qué son el Tiempo, la Vida, la Muerte?

Los monolitos dejados por los seres extraterrestres tienen un significado cosmográfico: son hitos que debe recorrer la raza humana hasta llegar a ponerse en contacto con esa inteligencia superior. Son pasos que el ser humano debe dejar atrás en su desarrollo científico, hasta llegar a un nivel en que el contacto sea posible. El segundo monolito está enterrado en la Luna y el tercero está en un satélite de Saturno. Sólo cuando el ser humano es capaz de llegar hasta allí, está preparado para emprender el viaje definitivo. Un viaje no sólo en el espacio exterior, sino también en el interior; una evolución más allá de lo meramente físico. El largo proceso desde el primer uso de las herramientas hasta el arribo a las inmediaciones de Saturno en naves espaciales va a durar miles de años, pero la inteligencia superior no tiene ninguna prisa, pues concibe una noción diferente del Tiempo y del Espacio (tiene un sentido muy desarrollado de la ubicuidad, para empezar).


Estamos frente a una novela de dimensiones épicas, tal vez no perfecta en todos sus aspectos, pero que indiscutiblemente ha marcado una época y un camino que pocos se atrevieron a seguir. 2001: Una Odisea Espacial es una brillante especulación sobre el origen del Hombre, que, tras dejar en el pasado a la “bestia”; inicia un recorrido que le llevará hacia ese fin último al que se encuentra abocado. Es la fascinante aventura del último paso del Hombre en su camino hacia esa etapa final que lo convertirá en parte del Universo mismo: “El cuerpo de carne y hueso podría sólo ser un peldaño en su camino hacia algo que desde hace mucho tiempo ha llamado ‘espíritu’, y si hubiera algo más allá de eso, su nombre sólo podría ser Dios”.

Jorge Antonio Buckingham


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