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AVATAR, LA LEYENDA DE AANG: GUERRA INPLACABLE EN UN MUNDO AGONIZANTE

7 de junio de 2011

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Si hay alguna actividad que la Humanidad practica desde los albores de la Creación, y que probablemente seguirá practicando hasta el fin de su existencia, es la Guerra. No es algo de lo que podamos estar orgullosos, pero es necesario reconocer esta realidad tan brutal/visceral y de naturaleza intrínsecamente antropológica. Ya hace poco más de dos mil quinientos años, el general chino Sun Tzu, en su tratado de estrategia militar El Arte De La Guerra; afirmaba: “Las artes bélicas son de importancia vital para el Estado, resultando ser el punto de inflexión que decide la vida o la muerte; el camino hacia la supervivencia o la pérdida del Imperio: es extremadamente necesario dominarlas”.

Para profundizar un poco sobre estos bajos “menesteres”, pasaremos revista a lo que ha sido una de las producciones televisivas más exitosas de los últimos tiempos: Avatar, La Leyenda De Aang.

EL ÚLTIMO MAESTRO AIRE: LA SERIE

Se trata de una aclamada serie animada norteamericana. Producida inicialmente por la cadena Nickelodeon en sus estudios de animación en Burbank, California, y animada después en Corea del Sur; Michael Dante DiMartino y Bryan Konietzko (ambos egresados de la Escuela de Diseño de Rhode Island) fueron sus creadores y co-productores ejecutivos, junto a Aaron Ehasz. Avatar hizo su debut el 21 de febrero del 2005 y finalizó el 19 de julio del 2008, alcanzando gran acogida entre el público y críticas muy favorables.

NICKELODEON AVATAR ANIME
La serie se desarrolla en un mundo ficticio influenciado por la diversidad cultural de varias civilizaciones asiáticas. En ese escenario, predomina la práctica de las artes marciales, así como la manipulación de elementos del misticismo oriental. Avatar narra las aventuras de Aang y sus amigos. Último sucesor de una extensa línea de avatares y último maestro aire, el pequeño monje intenta salvar al mundo del ataque inexorable de la Nación del Fuego. En su larga travesía, es acechado por el desterrado príncipe Zuko, cuyo propósito es capturarlo para recuperar su honor y reivindicarse con su ígnea familia.

En el imaginario de Avatar coexisten cuatro grandes naciones: las Tribus Agua, el Reino Tierra, la Nación del Fuego y los Nómadas Aire. En cada una de ellas existen personas capaces de dominar su elemento de origen. A éstas se les llama “maestros” (la mayor parte de la población está constituida por personas normales que no pueden dominar ningún elemento). Este principio se cumple para todas las naciones, a excepción de los Nómadas Aire, pues todos ellos son maestros.

Cada maestro manipula su elemento mediante un poder que emana de su “chi” interno. Existen cuatro técnicas básicas: agua-control entre las Tribus Agua, tierra-control en el Reino Tierra, fuego-control en la Nación del Fuego y aire-control entre los Nómadas Aire. Los primeros maestros de cada nación aprendieron de diferentes animales -salvo los maestros agua que aprendieron de un Espíritu-Astro: Fuego/Dragones, Tierra/Tejones-Topo, Aire/Bisontes Voladores, Agua/Luna.

En cada generación nace un Avatar, la única persona capaz de dominar los cuatro elementos, cuyo deber es mantener el equilibrio entre los cuatro pueblos. Este paladín sirve de intermediario entre el Mundo de los Mortales y el Mundo de los Espíritus. El Avatar se reencarna siguiendo un ciclo (agua, tierra, fuego y aire): al morir siendo un Nómada Aire, en la siguiente vida se reencarnará en las Tribus Agua, luego en el Reino Tierra, luego en la Nación del Fuego, y así...

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El Mundo de los Espíritus es una dimensión paralela al Mundo de los Mortales, donde viven los espíritus incorpóreos. El Avatar es su puente de conexión con el mundo físico. Existen muchas locaciones del Mundo de los Espíritus en el mundo físico. Éstos son los así llamados “portales”. Cuando un espíritu está en el mundo físico, es de color celeste brillante y ligeramente transparente. Aunque en el Mundo de los Espíritus se ve en colores sólidos y reales, todo se aprecia filtrado a través de una luz naranja o dorada.


HÉROE DE LEYENDA

El personaje principal es Aang, un niño de 12 años (cronológicamente 112, pues estuvo “hibernando” en un iceberg durante 100 años). Es el último maestro aire que queda, único superviviente de la masacre de los Nómadas Aire que llevó a cabo el ejército de Sozin, Señor del Fuego. La historia comienza justamente un siglo después de que la Nación del Fuego -con ayuda del abrasador cometa después conocido como “el cometa de Sozin”- iniciara una guerra en contra de las demás naciones, para expandir su imperio y hacer prevalecer su hegemonía. Este acontecimiento es dos años posterior a la muerte del Avatar Roku: en su obsesión por acabar con el Avatar, el Señor del Fuego Sozin eliminó a todos los maestros Aire del planeta. Irónicamente, la persona que buscaba fue la única que se salvó del brutal exterminio.

En el Polo Sur, Katara y su hermano Sokka descubren en el hielo a Aang, quien resulta ser el siguiente Avatar. Los tres comienzan un largo peregrinaje para que Aang aprenda a dominar los cuatro elementos. Su objetivo común es derrotar al Señor del Fuego y devolver así la paz al mundo.


Como ya hemos dicho, Aang es el último maestro Aire del que se tienen noticias. Los tatuajes de Bisonte Volador se colocan en un maestro Aire al alcanzar cierto grado de meditación/sabiduría: dominar los 32 niveles de aire-control y crear una técnica de su propia autoría. Cuando Aang era un niño, sin saberlo reveló que era el nuevo Avatar, al escoger cuatro juguetes específicos entre cientos de miles. Estos cuatro juguetes eran objetos que los antiguos avatares habían poseído en sus vidas anteriores -revelando, de esta manera, ser la reencarnación del Avatar Roku.

El Estado Avatar es un mecanismo de defensa diseñado para proteger a avatares que aún no han llegado a desarrollarse plenamente. Para entrar en él, Aang necesita mantener un equilibrio perfecto entre mente y espíritu; o en su defecto estar ante un gran peligro. Una vez alcanzado dicho estado, Aang dispone de la sabiduría de sus vidas anteriores para controlar los cuatro elementos. Únicamente al entrar a este estado, un avatar en camino de serlo puede controlar los cuatro elementos al mismo tiempo sin ninguna complicación. Pero en caso de que Aang fuera atacado en Estado Avatar, y el ataque provocara su muerte, se cerraría la cadena de reencarnaciones del Avatar, dando lugar a su fin.



CONTRACULTURA DE ORIENTE

Esta trilogía animada -Libro Agua, Libro Tierra, Libro Fuego- se distingue por presentar una interesante complejidad en mitología y arte asiáticos. Aparte de los diseños “anime” de los personajes, Avatar, La Leyenda De Aang hace gala de una elaborada fusión entre filosofía, lenguaje, religión, vestimenta y culturas china, japonesa, coreana, tibetana, india, mongol, inuit y azteca. Las influencias explícitas incluyen arte e historia chinos, hinduismo, taoísmo, budismo y yoga. El personal de producción se cuidó de contar con el consejero cultural asiático-americano Edwin Zane para revisar los guiones y dotar de coherencia a la trama.

El término “avatar” proviene de la palabra en sánscrito “Avatāra”, que significa “descendiente”. En mitología hindú, los dioses se manifiestan en forma humana para restablecer el equilibrio luego de un peligro inminente. Los caracteres chinos que aparecen sobre la palabra “avatar” en la apertura del programa significan “el medio divino que ha descendido al mundo de los mortales”. También se ha relacionado el nombre de “avatar” con “el espíritu de la tierra encarnado en una persona”, lo cual explicaría el atributo de que pueda dominar los cuatro elementos.

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Avatar, La Leyenda De Aang se basa en cuatro de los cinco elementos indios antiguos de tradiciones hinduistas y budistas para las cuatro formas de control: fuego (agni o tejas), agua (ap o jala), tierra (prithvi o bhumi), y viento o aire (vayu o pavan). El quinto elemento, éter (akasha o akash), es simbolizado por Aang como intermediario del Mundo de los Espíritus. También se basa en los cinco elementos chinos antiguos: madera (mù), fuego (huo), tierra (tu), metal (jīn) y agua (sui).

Las Tribus Agua están ubicadas en los polos del planeta y se designan según el punto cardinal (Tribu Agua del Norte y Tribu Agua del Sur). Katara y su hermano Sokka pertenecen a la Tribu Agua del Sur. La Nación del Fuego considera a las Tribus Agua una nación aguerrida, por lo que encarcelaron y asesinaron a los maestros de la Tribu del Sur, pero no a los del hemisferio boreal. La Tribu del Norte, más fuerte, ha podido resistir a la guerra durante 100 años, sobre todo porque son el elemento opuesto al fuego, lo cual les da cierta ventaja.

El Reino Tierra es considerado el más poderoso entre las cuatro naciones. Está compuesto por un enorme continente, apropiándose casi en su totalidad del lado oriental del planeta. Pero sólo algunas personas del reino, los llamados maestros Tierra, pueden controlar dicho elemento (geokinesis). Su control se basa en el saber esperar y en el sonido. La capital es la titánica, imponente ciudad de Ba Sing Se (“impenetrable” en chino), considerada hasta el final del Libro 2 como el último gran bastión que resiste a la Nación del Fuego.

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Los Nómadas Aire se caracterizaban por ser la única nación en la cual todos sus miembros controlaban el aire (eolokinesis), lo que llamaban aire-control. Los maestros Aire usaban técnicas defensivas como esquivar y evadir, y tenían un modus vivendi pacífico y sociable. Aunque llevaban una vida errante, y constantemente viajaban alrededor del mundo, los templos de los Nómadas Aire les servían como lugares de reunión y adoración. No eran considerados ciudades, ni fuertes, pues no poseían mecanismos de defensa o armas de guerra. Estos templos eran habitados por monjes del mismo género, así que no tenían una estructura social compleja como el matrimonio. Los cuatro templos estaban protegidos por su inaccesibilidad: a causa de la altura y de las montañas que los rodean, sólo se podía acceder a ellos volando.

La Nación del Fuego es la causante de la guerra y se le considera un país despiadado, ya que el fuego es visto como un elemento de naturaleza salvaje y destructiva, ignorando su contraparte positiva como fuente de vida y energía. La Nación del Fuego está compuesta por un archipiélago de islas volcánicas en el lado occidental del planeta. Es la más desarrollada industrialmente, la única nación con tecnología militar de avanzada.



ARRASADOR ÉXITO COMERCIAL

Avatar es considerada una de las series más populares entre televidentes de varias edades (incluso fuera del público de entre 6 y 11 años al que estaba dirigida originalmente). El programa ha recibido críticas halagadoras y demostrado ser popular tanto para un público adolescente como adulto, obteniendo tan altos índices de audiencia en todo el mundo, que han llegado a superar a los de otros “rankeados” -convirtiéndose en uno de los programas más exitosos de Nickelodeon.

Debido al gran impacto que tuvo desde sus inicios, el canal ordenó la creación de una segunda y tercera temporada. Más aún, se ha anunciado la realización de una trilogía de películas con actores reales basada en la serie (de las cuales ya se ha estrenado con poca fortuna la primera, ver líneas más abajo). Comercialmente, también ha generado una amplia gama de mercadotecnia que incluyen cómics, libros, figuras de acción, un juego de cartas, videojuegos y animales de peluche, entre otros.


Se dice que en una guerra nadie gana, todos pierden. Las consecuencias de los conflictos son siempre devastadoras y, cuando llega el alto el fuego o el acuerdo de paz, se corrobora su repudiable crudeza: personas desaparecidas, mutilados por minas antipersona, mujeres violadas, edificios destruidos, cientos de desplazados y refugiados. Es un hecho lamentable que todo conflicto armado genera el mayor grado de vulnerabilidad al que se puede someter a una persona.

Es por eso que, hoy más que nunca, la literatura, el arte y la filosofía deben ocupar un espacio adecuado para celebrar constantemente la conciencia humana. Es imperativo, tanto para artistas como para escritores y filósofos, mantenerse en una posición avant garde cuando se trata de defender el derecho a la vida. El diálogo, las ideas y el conocimiento pueden ser una efectiva herramienta para garantizar la paz entre las naciones. En palabras del propio Sun Tzu: “No reflexionar con seriedad sobre todo lo que le concierne es dar prueba de una culpable indiferencia en lo que respecta a la conservación o pérdida de lo que nos es más amado; y ello no debe ocurrir entre nosotros”. A su modo, Avatar, La Leyenda De Aang es un notable recordatorio de ello.

Jorge Antonio Buckingham



¿POR QUÉ EL CINE DE NIGHT SHYAMALAN DEBERÍA SER APÁTRIDA?

Fácil, porque ningún país, ni siquiera nuestro castigado Perú, se merece tener entre sus ciudadanos a un cineasta tan mediocre.

No soy cinéfilo. A lo mucho, me considero bastante afortunado si es que se me puede calificar de aficionado al cine. Así que he visto de todo un poco -Hollywood incluido-, sin cultivar una línea en particular. Pero jamás películas como The Sixth Sense, The  Village o Signs han pasado de la triste categoría  de “intentos fallidos” -eso, para no explayarme con Lady In The Water, un mamarracho inaguantable.

Sí, en cambio (como buen weirdo), he visto bastante animación, tanto de este lado del Pacífico como del otro. Y de hecho que la historia del Avatar Aang se cuenta entre mis favoritas (Samurai Jack, Invader Zim, Saber Marionette J, My Life As A Teenage Robot, siguen nombres). Por eso, cuando supe que Avatar, La Leyenda De Aang sería llevada al ecran, y teniendo en cuenta la tecnología de que ahora se dispone para adaptar las ingentes dosis de fantasía que maneja esta estupenda serie; me emocioné bastante.
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Estuve en el estreno del film a nivel local. Incluso, haciendo un gran esfuerzo, opté por la proyección en 3D, para poder apreciarlo mejor. Mala elección. Días después, a través de una entrevista con el director, un tal Night Shyamalan, me enteré de que la Paramount se portó con un gasto extra para “adaptar” a última hora un largometraje que no se concibió desde un principio bajo el formato 3D. Ah, y también me enteré de que el mentado Shyamalan había dirigido las películas enumeradas en el párrafo anterior. Lástima no haberlo sabido antes.

The Last Airbender es una adaptación que hace agua por todos lados. Tratándose de un relato de ribetes épicos, como mínimo me esperaba 3 horas de duración, no los con-las-justas 120 minutos que finalmente se editaron. El detalle es importante, ya que explica por qué el “director” ha omitido tantas instancias cruciales para la historia que sí ayudan a que ésta sea perfectamente entendible en la televisión. OK, la TV y el cine no son lo mismo, pero hay adaptaciones y adaptaciones.

El film, por ende, camina notoriamente desbalanceado: la primera hora está dedicada a mostrarnos la reaparición del Avatar y sus viajes hasta el Polo Norte en busca de un maestro agua, y la segunda hora se enfrasca en la narración de la batalla final de este primer capítulo de la trilogía. La serie dedica 17 episodios a lo que la película cuenta en una hora, y sólo 3 episodios a lo que aquella cuenta en otra hora. Es decir, por el mero hecho de lucir(se en) la mayor cantidad de escenas de acción posibles, Shyamalan se zurra en el sentido de la proporción, afectando el equilibrio de la historia -pero no sólo eso.

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Muchos personajes ampliamente trabajados en la serie original han sido despojados de su trascendental importancia en la pantalla grande. En el programa de Nickelodeon, Sokka no tienen ningún poder sobre el elemento de su tribu, a diferencia de su hermana Katara, una maestra agua innata; pero es él quien planea las operaciones, las fugas, las incursiones, gracias a su inventiva inteligencia práctica. En la película, Sokka no adquiere ninguna relevancia, como tampoco Iroh, el tío y acompañante del desterrado príncipe Zuko. Este gran guerrero, tan buen maestro fuego como sabio, está lleno de matices básicos para desenredar la madeja de TODA la trama. Lo que ha hecho Shyamalan es cambiarlo por un atlético pero anodino actor -en contraposición al campechano y empatado personaje de la pantalla chica.

No he leído hasta ahora las críticas online, pero creo que hay consenso sobre el adefesio que ha perpetrado el “cineasta” indio (ni siquiera justificable con el rótulo salvavidas de “cine familiar”). Ergo, no me sorprendería corroborar que la repulsa es la misma entre los fans de la serie. Lo que es yo, cuando se estrene la segunda parte de la trilogía, ni siquiera tendré que pensarlo: quizá la vea, pero difícilmente el visionado será en una sala de cine. Salvo que Shyamalan no esté más detrás de la cámara.

Hákim De Merv


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