0

PHOTEK: ARTCORE EN FASE ZEN

30 de marzo de 2012

0 comentarios Enlaces a esta entrada  

Modus Operandi
(Science, 1997)


“Psicodelia rítmica”, “mitosis del sonido”, “ciencia del breakbeat”. Desde que emergiese del underground londinense, al promediar la década de los 90s, el drum’n’bass se convirtió por derecho propio en la máxima expresión de la música electrónica de impronta bailable. Era menos marciano que el IDM, pero podía ser mucho más barroco con una sencilla replicación de secuencias. Era menos “stone” que el trip hop, pero lo que no tenía de humeante profundidad lo tenía de inconcreta, ominosa oscuridad que avanzaba a la velocidad de la luz. Era más difícil de asimilar que la rocktrónica de The Chemical Brothers o Underworld, pero eso no tardaría mucho en cambiar...

Y es que el también llamado “jungle” o “artcore” no sólo se forjó una identidad y estilo propios, anabolizando de forma sui generis las bass lines jamaiquinas y multiplicando en velocidad como nadie los beats derretidos de ADN hip hop. Se dio maña además para conciliar a los públicos más dispersos, ramificándose en subgéneros a cual más excitante que los otros -techstep, darkcore, neurofunk, 2step, UK garage-, y para rebasar los lindes del territorio dance con el fin de ser asimismo susceptible de una escucha estática.

Muchos nombres se me vienen a la mente cuando pienso en una antología ideal del género. Goldie, Grooverider, 4 Hero, The Ganja Kru, Omni Trio, A Guy Called Gerald, Spring Heel Jack, Ram Trilogy, Roni Size & Reprazent... No es para menos: hablamos de un sonido futurista lo suficientemente maleable como para satisfacer el impulso tonero, elevarse a la categoría de Arte, picar de curiosidad a ilustres habitantes de otros predios digitales (Squarepusher, Aphex Twin, Orbital, Luke Vibert), saciar a los pinchadiscos, a los amantes de la música negra -soul, jazz, funk- y al público masivo.

Tamaño big bang, obvio decirlo, no podía menos que guardar espacio hasta para las nebulosas y estrellas más insulares. Photek es una de ellas. Después del Natural Born Killa EP (Metalheadz, 1994), no tuvimos que esperar mucho para el estreno en formato largo. Lo que no esperábamos era que Rupert Parkes -su nombre civil- consiguiera hacer del debut un auténtico derroche de genio. Siendo el d’n’b un discurso que transforma la agresividad  y  la velocidad  en  energía  abstracta -que, como dice Kodwo Eshun, debe escucharse “con el cerebro distribuido por toda la piel”-, ¿qué otra cosa podría derrochar quien toma este maëlstrom polimórfico, voluble, voluptuoso, burbujeante; y lo canaliza hacia la búsqueda de la imperturbabilidad interior? Pocos, muy pocos músicos poseen la habilidad de tomar músicas que hacen de la celeridad su principal leit motiv, nulificar la vertiginosa barrera del tempo rítmico y acceder a un estado dramáticamente opuesto, de reflexiva quietud.


Modus Operandi es como un torrente subterráneo de agua. Su forma siempre es una y siempre es cambiante. Parkes lo logra reacomodando los elementos del jungle para levantar -con precisión casi científica- un intrincado edificio hecho de imprevistos silencios, de intempestivos quiebres ambientales, de secuencias cortadas a medio camino, de repentinos virajes, de loops sin sentido aparente (“Smoke Rings”). No cabe duda de que es drum’n’bass, pero hay algo diferente y extraño (¿acaso cierto tratamiento “acústico” en algunas texturas? ¿acaso esos guiños jazzeros?). Si prestas demasiada atención a ese decorado, y caes bajo el influjo de su misterioso suspense (“Aleph 1”), pronto te verás abrumado por la angustia de errar sin reposo en el laberinto, con el Minotauro respirándote en la nuca, vagando entre lóbregos pasillos de indefinidas proporciones (“The Hidden Camera”).


Por el contrario, si examinas con otros oídos la inextricable estructura sónica de cuatro dimensiones que propone el disco, descubrirás la ilusión que a terceros aprisiona. Tras su apariencia de fondista, en Modus Operandi Photek trasciende el “fisicalismo” del género, utilizándole como ejercicio zen para abrir una vía hacia otras percepciones de Tiempo y Espacio (“Axiom”), hacia el equilibrio espiritual y la serenidad ultra-contemplativa (“Trans 7”). Cuando se detenga el CD, pensarás que han pasado horas de horas de meditación, y en realidad no han sido más que 70 minutos del mejor drum’n’bass que se haya facturado jamás.

Jamás. Una palabra que pesa mucho en este último tramo del post. Lamentablemente, el maravilloso sonido patentado en Modus Operandi sólo tuvo continuidad en “Ni Ten Ichi Ryu” (“dos espadas, un estilo”), tema cedido para el algo oportunista MTV’s Amp (Astralwerks, 1997). El video respectivo es un homenaje al cine épico de ese maestro de maestros que fue Akira Kurosawa.


Al año siguiente, Photek recopila singles y colaboraciones diversas en el recomendable Form & Function (Science). En el 2000, sin embargo, se olvidó del jungle en favor del house. Solaris (Science) es un disco que puede resultar agradable de escuchar, pero que no tiene ni pizca de la inventiva ni de la destreza exhibidas en el debut. Y si bien dio la impresión en el 2007 de que Photek regresaba por sus gloriosos fueros con Form & Function Vol 2 (Sanctuary Records), hasta el día de hoy esa segunda recopilación viene siendo su canto de cisne en cuanto a LPs se refiere. Salvo “Ni Ten...”, pues, Photek jamás ha vuelto a ser el mismo que concretara la odisea del Modus Operandi.

Hákim de Merv


ESCUCHA EL MODUS OPERANDI AQUÍ

ENLACES RECOMENDADOS

http://www.discogs.com/artist/Photek (en Discogs.com).

http://killedincars.blogspot.com/2009/08/photek-modus-operandi-science-1997.html (en Killed In Cars).

http://www.silumsoundz.com/photek-fact-mix-226/ (en Silum Soundz).

http://www.planetamodular.com/doce-pulgadas/photek-modus-operandi/ (en Planeta Modular).

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...