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THE FLAMING LIPS: ES POSIBLE SER EXTRAÑO Y FELIZ

26 de julio de 2012

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Clouds Taste Metallic
(Warner Bros, 1995)


Era mil novecientos y algo... Doble Nueve, descubierta hacía pocos años atrás, sonaba a pleno. MTV, recién instalada apenas pocos meses antes, estaba encendida gran parte de la noche. Y la nocturnidad discurría así, en medio del mundanal ruido de los medios. Fue, pues, en medio de una de esas noches, donde el sueño venía pero hacía el quite en el último momento, donde la soledad era compañera, donde no querías que llegara el mañana porque sólo iba significar la extensión del hoy; que sonó. No entendía muy bien lo que cantaban, pero el corito decía algo de “magazines”, “vaseline”, “tangerines” o algo así. Raro eso. Quién canta sobre revistas, me preguntaba. Quién en el mundo alternativo que se comenzaba a revelar ante mí tenía tiempo para dejar de renegar de su vida y cantar sobre frutos cítricos o ungüentos. Raro eso.

Pero era pegadiza la tonada. El fraseo, el riff de la guitarra tan ácido como la mandarina, ese vaivén entre lo áspero y lo delicado de la melodía... Muy buena canción. Prendí la tele, puse el canal que siempre veía, y la esperé. La esperaba y no llegaba. ¿Cuándo pasarán el video de la canción de la mandarina y la jalea? ¿Cómo era posible mezclar ambas? Fácil habré oído mal... Cuando finalmente lo vi, todo era una melcocha. El look del grupo, las imágenes con ojo de pez, las burbujas, los pelos y globos de colores, su nombre flamígero. Pero era pegadiza la tonada.


The Flaming Lips, anoté el nombre con las justas. Busqué en la computadora, y encontré algo, Clouds Taste Metallic, justo del 95. Era lógico. Si te gustan las mandarinas con jalea, las nubes te deben saber metálicas, pues, ¿no? Descarga eterna, pero finalmente completada, y ahora play. Un momento: ¿dónde está la tonada que me gustaba? No está mal el disco, pero no está esa canción (“She Don’t Use Jelly”, por siaca). Habré escuchado mal, fácil. Me distraje, no le presté atención. Hasta que me despreocupé del asunto. ¿Era justo el choteo al disco más guitarrero del -hasta entonces- cuarteto de Oklahoma? Ahora que lo revisito, y lo vuelvo a apreciar, entiendo que en esa época adolecía del ánimo lúdico del guitarrista y cantante Wayne Coyne, así como de su inmadurez (quizás sería más exacto decir “lo opuesto a tomarse la vida en serio”,) y afición por los ácidos.


Desconociendo en ese momento su impensable aparición en Beverly Hills 90210, iba aprendiendo que lo normal ya no era mainstream para ciertas cadenas de TV (y algunas películas por ahí), y la propuesta de los Labios Llameantes encajaba perfectamente. Aquí el hombre de pelo naranja parece querer seguir un hilo, quizás el de un paciente paranoico, o simplemente el de un tipo con más pastillas de las que su lengua debió saborear, y narra aventuras inescrutables que se musicalizan entre el fuzz y la guitarra acústica. El arranque es notable, te engancha a la primera. “The Abandoned Hospital Ship”, “Psychiatric Explorations Of The Fetus With Needles”, “Placebo Headwound” se hilvanan y suenan a algo que Weezer (por hablarte de un grupo que despegó y pegó justo un año antes) ni en su peor etapa de abstracción nerd hubiera soñado componer.


Uno de los sencillos del álbum, “This Here Giraffe” es tal vez la nota aparte del Clouds... Merecidamente, claro. Hay producción, meticulosidad, arreglos de vientos, profesionalismo, caramba (y ya no hay pelos pintados en el respectivo video). A propósito, el sonido del disco, no tan lo-fi como otros que sí merecen tal calificativo; parece distante, como si las guitarras no hicieran bien contacto con los amplis. Pero cuando irrumpen, lo hacen con convicción, magullan -y cuando necesitan ser parcas, acompañan con criterio. La batería del invencible Steven Drozd es punk o sincopada cuando se le requiere, le sacaron su mejor sonido. Pero aquí no hay desorden ni anarquía sonora, y sí una búsqueda consciente (y honesta) por lo inusual, en 4 músicos que saben armar canciones tomando lo mejor de Sonic Youth -o algún grupo mucho más arriesgado que ellos- y The Beach Boys, del noise y del pop, de lo absurdo y de lo infantil. Colorido, aunque no tan “caleidoscópico” como quizás llegaron a sonar después. A pesar de las drogas fuertes. Lo cual explica que algunas canciones no signifiquen nada (mi voto para “They Punctuated My Yolk”, sampleado años después por los Beastie Boys en “We Got The”, cierre de su To The 5 Boroughs -Capitol, 2004-).


Para mi gusto, CTM (guarda ahí con las siglas) decae por el medio, y quizás es porque esa canción que en el anterior disco se volvió pegadiza no se encuentra aquí. No lo fueron ninguno de los 3 singles a decir verdad (“Brainville” y “Bad Days” fueron los otros, el segundo de ellos luego colocado en el soundtrack de Batman Forever -¿?-). Y aunque “Guy Who Got A Headache And Accidentally Saves The World” y “When You Smile” son rock que entretiene, no son los que te arrancan del letargo apático que se queda en el “qué bacán” antes que ir a conseguir el resto de canciones -como sí pasa con “She Don’t Use Jelly” y con canciones en los discos que le siguieron a éste. Sin embargo, levanta el vuelo convenientemente la lisérgica y trabajadita “Christmas At The Zoo”, una historia cantada entre silbidos sobre unos animales enjaulados que prefieren permanecer así a pesar de ser liberados. Ah, las drogas.


El cierre con “Bad Days” (que fuera en realidad el primer single) es de polendas: “You Hate Your Boss At Your Job/But In Your Dreams You Can Blow His Head Off/In Your Dreams Show No Mercy”. Es la radiografía de (más de) una generación. El universo cubierto por nubes metálicas agota sus últimos segundos con pequeños arreglos de xilófono de juguete, para que parezca que nada, al final, fue en serio. Hoy, a esta edad, eso es tan preciado que ya puedo entenderlo y disfrutarlo. Hablando como adultos, este disco fue casi un fracaso comercial, y mi tocayo Ronald Jones se quitó definitivamente del grupo, motivado sobre todo por la profunda adicción de Drozd a la heroína: mira el furibundo documental The Fearless Freaks, y verás cómo fue su duro -“no pun intended”- proceso de grabación.

Años después, la “madurez” (traducido en ese idioma tan difícil de aprender que es la muerte) fue aquello que cogiera a Coyne de las pelotas y se convirtiera en uno de sus motores, sacándole ingeniosamente la vuelta en discos y puestas en escena lúdicas que a quienes las hemos vivido ahí delante de nuestros ojos, nos hace moquear jodido. Si te gustan los Flaming Lips hoy, éste es el disco al cual agradecerle. Es el principio de la reconversión. Aquí lo pop y lo estridente supieron amalgamarse y seguir una ruta cuya coherencia es evidente en las entregas posteriores. Wayne Coyne es aquel “muchacho que accidentalmente tiene un dolor de cabeza y salva el mundo”. Gracias a estas canciones, el nuestro al menos es mucho mejor.

Cristhian Manzanares


ESCUCHA EL CLOUDS TASTE METALLIC AQUÍ

ENLACES RECOMENDADOS



http://www.wbr.com/flaminglips/cmp/clouds.htm (en The Flaming Lips Official Web Site).

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