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UN MUNDO FELIZ, DE ALDOUS HUXLEY: LA INSÍPIDA FRIALDAD DE UNA SOCIEDAD TECNIFICADA

22 de marzo de 2013

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La tecnificación es un proceso por el que el Hombre se rodea de objetos y herramientas (aparatos digitales, computadoras, redes, satélites, etc), y es asimismo una visión particular de la Vida. Tradicionalmente, el desarrollo tecnológico ha intentado dominar la Naturaleza e incluso modificarla, sin una reflexión de sus efectos a posteriori (como sucedió con la Revolución Industrial). Pese a ello, también ha pretendido mejorar y respetar el orden natural de las cosas. Sin embargo, ¿quién ha afirmado que lo más importante en la vida es desarrollar la ciencia y la tecnología, sin cultivar antes el amor por el prójimo y el respeto mutuo? ¿Acaso no es más importante fomentar los valores y después apostar por el progreso como forma de recuperar a una sociedad decadente?

Para sugerir algunas respuestas a estas interrogantes, ofrecemos este alcance sobre Un Mundo Feliz, la obra maestra del visionario escritor británico Aldous Huxley, en cuyas páginas se plantea una tesis alarmante/desoladora sobre los peligros del materialismo científico y el desmedido avance tecnológico.

VISIÓN ALUCINÓGENA

Aldous Leonard Huxley nace el 26 de julio de 1894 en Surrey (Inglaterra). Su abuelo fue el célebre biólogo británico Thomas Henry Huxley. Su padre, Leonard Huxley, era también biólogo y dirigió la revista Cornhill Magazine. Su madre fue Julia Arnold, una de las primeras mujeres que estudiaron en Oxford. Era nieta del poeta Matthew Arnold y hermana de la novelista Humphrey Ward, quien protegió a Aldous cuando, al contar con sólo catorce años, se produjo la muerte de su madre debido a un tumor maligno.

Huxley se educa en la más prestigiosa de las escuelas británicas: Eton. A los 16 años, sufre un ataque violento de queratitis punctata, una grave enfermedad oftálmica que produce opacidad en las córneas y que lo mantuvo prácticamente ciego durante 18 meses. Con admirable fuerza de voluntad, Huxley aprende a leer y a tocar el piano con el sistema Braille. Luego de recuperar la vista, apenas es capaz de percibir la luz en un ojo, mientras que en el otro sólo tiene visión limitada. Años más tarde, el joven Huxley conocerá las teorías sobre la reeducación visual del doctor W. H. Bates y las pondrá en práctica (esto pronto lo conduciría a una mejoría notable en su capacidad visual). Fruto de esta aciaga experiencia, escribe El Arte De Ver (1942), donde relata cómo se recuperó de una ceguera casi completa.

Debido a la deficiencia de su visión, Huxley abandona la idea de estudiar medicina y se gradúa en Literatura Inglesa en el Balliol College de Oxford (1913-1915). Al cumplir los veintidós años, se publica su primer libro, The Burning Wheel (1916), colección de poemas a la cual seguirían tres volúmenes más de poesía: Jonah (1917), The Defeat Of Youth (1918) y Leda (1920) -ninguno de los cuales se ha vertido al castellano. Su primer trabajo, como profesor en Eton, no satisface sus expectativas, y no tarda en abandonarlo.

En 1919, contrae nupcias con Marie Nys, una mujer belga refugiada en Inglaterra durante la Primera Guerra Mundial. El matrimonio se establece en el barrio de Hampstead (Londres), y en 1920 nacería su único hijo, Matthew. Este mismo año, Huxley pasa a formar parte del equipo de redactores de la prestigiosa revista Athenaeum, donde escribe con el seudónimo de Antolycus; y colabora como crítico de teatro en la Westminster Gazzette. En estas revistas, divulga gran variedad de trabajos: críticas dramáticas, de arte y de música, reseñas de libros y ensayos diversos. Algunos de estos artículos son recogidos en su libro Al Margen (1923).

El matrimonio Huxley se traslada a Italia en 1921: en un principio fijan su residencia en Florencia, pero después se mudan a Forte dei Marmi, al norte de Pisa. Allí, Aldous escribe su primera novela, Los Escándalos De Crome (1921). Vale destacar que la novela no está dotada de mucha acción, y sí de abundantes disquisiciones filosóficas y literarias. En ella aparecen los mismos intelectuales contra los que Huxley dirigió las sátiras más acuciosas de su primera época.

En 1932, Huxley escribe en cuatro meses la obra que lo llevaría al “estrellato”: Un Mundo Feliz, visión futurista/pesimista que describe una sociedad regida por el condicionamiento psicológico como parte de un inmutable sistema de castas. Paréntesis mediante, publica un nuevo volumen de ensayos, The Olive Tree (1936). A partir de entonces, aumentará considerablemente su producción de ensayos, medio de expresión con el que se sentía más cómodo -pues, a través suyo, aborda una amplia gama de temáticas: arte, música, literatura, historia, psicología, pedagogía, política, ciencia, etc.

En septiembre de 1937, los Huxley parten rumbo a California, y se establecen en Los Ángeles (California). En Hollywood traban amistad con actores como Charles Chaplin y Greta Garbo, y con directores de cine como Cukor y Korda. En sus primeros años en Estados Unidos, Huxley escribe guiones para la industria cinematográfica. El mundo de Hollywood quedará retratado en su siguiente novela: Viejo Muere El Cisne (1939).

En 1953, Huxley lee un artículo sobre el empleo de mezcalina en el tratamiento de la esquizofrenia. Llevado por su interés, conoce a uno de sus autores, el doctor Humphry Osmond, con quien desarrolla una significativa amistad. En la primavera de 1953, bajo la supervisión del doctor Osmond y de su mujer, decide experimentar por sí mismo esta droga e ingiere cuatro decigramos de mezcalina. Huxley describe y/o explica sus impresiones con esta sustancia psicodélica en un breve volumen, The Doors Of Perception (1954), que inspiraría a Jim Morrison a escoger el nombre para la legendaria banda de rock (The Doors).

Aldous Huxley fallece -al igual que su colega escritor y coterráneo C. S. Lewis- el 22 de noviembre de 1963, el mismo día del asesinato del presidente John F. Kennedy. Antes de expirar, pidió que se le leyera el Bardo Thodol (Libro Tibetano De Los Muertos). Fue incinerado, y sus cenizas trasladadas ocho años más tarde a Inglaterra, donde descansan junto con las de su familia.

“SHINNY HAPPY PEOPLE”

Un Mundo Feliz se desarrolla en la ciudad de Londres, aunque esta locación parece más un hormiguero donde las obreras trabajan para la reina y donde la individualidad no significa nada. En esta sociedad tan vacía no existe la familia, la paternidad, la ciencia, ni la cultura; y, por lo tanto, no hay inquietudes ni motivaciones para los ciudadanos. Huxley nos describe un mundo regido por castas sociales -desde los inteligentes “Alfas” hasta los semi-enanos “Epsilons”-, que viven felices en su ignorancia. Un mundo donde la gente es diseñada para una tarea concreta a realizar, y donde todos se sienten satisfechos por su mera existencia, ya sea gracias a la manipulación genética, a las drogas o a la inculcación a los jóvenes de los valores de esta sociedad “perfecta”.

Los dos personajes principales (cuyos nombres hacen alusión al líder político soviético Lenin y al padre del comunismo Karl Marx) presentan puntos de vista opuestos de esta sociedad. Lenina es la perfecta ciudadana, feliz y “neumática”, que cumple su función social relacionándose con cuantos hombres le es posible, pero incapaz de ejercer su libertad de pensamiento. Por oposición, Bernard Marx tiene algo de forastero: es intelectualmente más listo que los Alfa-plus, pero físicamente más pequeño que el Alfa promedio. Debido a ello, se enfrenta a problemas cotidianos que incluyen el rechazo social por parte de mujeres de su casta y la falta de respeto por parte de algunos miembros de castas inferiores.

La idea central de esta original novela vanguardista es que todo el mundo es feliz. Y es de allí que se extraen los más serios cuestionamientos. ¿Acaso es necesario alienarse para ser feliz? ¿Acaso es la felicidad un fin que se justifica a sí mismo, como preconizaba Aristóteles? Podríamos deducir que se trata de una mera elección: si se quiere ser feliz, se tiene que vivir en una sociedad clasista y estable, en la que el individuo es controlado desde que nace, condicionado a ser feliz viviendo la vida que le va a tocar vivir. ¿Se es más feliz al estar condicionado a no desear las cosas que no podemos tener, que desearlas y no poder conseguirlas? Es evidente que sí, pero, ¿eso realmente vale la pena?

Huxley consigue en Un Mundo Feliz explorar las inquietudes de su público burgués sobre el capitalismo, el comunismo soviético y el estadounidense fordista. Aprovecha, y luego se retroalimenta de, nuestra repulsión hacia la eugenesia y el comportamiento condicionado de estilo pavloviano. Más aún, sugiere que el precio de la felicidad universal será el sacrificio de los conceptos más sagrados de nuestra cultura: maternidad, hogar, familia, libertad, amor. El intercambio produce una insípida felicidad indigna del Hombre. Su sola evocación despierta malestar y disgusto.

CIENCIA SIN SENSIBILIDAD

Un Mundo Feliz se erige como una pesimista advertencia sobre los peligros del avance científico y tecnológico. El sistema sociopolítico descrito por Huxley es una dictadura benevolente -un gobierno totalitario, estático y eficiente. No existe la guerra, el crimen o la pobreza, y todos son permanentemente felices. La sociedad está estratificada por castas genéticamente predeterminadas. El progreso científico es aparentemente regularizado por el advenimiento del Estado Mundial, anticipando el desarrollo real en tecnología reproductiva, hipnopedia y cultivos humanos durante la segunda mitad del siglo XX. La ironía es que todos estos avances se han alcanzado eliminando muchos otros patrimonios del acervo humano -como el arte, la ciencia, la literatura, la religión y la filosofía.

La obra parece tener simbolismos filosóficos evidentes. La lucha entre la realidad y la ficción en la que vivimos gran parte de nosotros está retratada allí. Es muy claro el paralelismo con el mito de la caverna de Platón, en el que las personas son felices aún siendo esclavas en la prisión de su propia mente. Es que para asegurar una felicidad permanente y universal, la sociedad debe ser manipulada, la libertad de elección y expresión deben ser restringidas, y se ha de inhibir el ejercicio intelectual y el mero enunciado emocional. Los ciudadanos son felices, pero la novela nos deja entrever que esta felicidad es artificial e “inanimada”. En una escena crucial, se discute con el Interventor Mundial de Europa Occidental Mustafá Mond sobre el hecho de que el dolor y la angustia son partes tan necesarias de la vida como la alegría, y que sin ellas, poniendo las cosas en perspectiva, la alegría pierde completamente su significado.

Aldous Huxley poseía un saber enciclopédico fruto de su gran curiosidad intelectual. Era un hombre de ingenio incisivo y pensamiento abierto que, además de interesarse profundamente por el misticismo, lo hizo también por el mundo cotidiano y sus exigencias: la paz, la ciencia, la conservación de los recursos naturales, etc. Su mentalidad nunca aceptó el juego gratuito de las ideas, y en su pensamiento encontramos la necesidad de aportar al mundo una estructura útil y funcional. Un Mundo Feliz es una de las obras más fascinantes e insidiosas de la literatura que se ha escrito jamás. No es una exageración, en rigor: esta novela ha venido a servir como símbolo de la deshumanización en cualquier régimen de felicidad universal. Probablemente, Huxley quiso escribir una obra satírica de ficción, una profecía no-científica. Por lo tanto, tratar su obra maestra como una futurología mal concebida podría resultar un desacierto. Es más, se considera a Un Mundo Feliz una de las tres grandes distopías del siglo XX, junto con 1984 de George Orwell y Fahrenheit 451 de Ray Bradbury.


Quienes nos sentimos partícipes activos de la nueva sociedad -sea cual sea nuestra edad y condición económica o social-, nos creemos obligados, como gesto de solidaridad y comprensión, a facilitar los medios y la ayuda necesaria para dar cabida a esos nostálgicos por el pasado que, abandonados a sus propios recuerdos y recursos, viven de espaldas a las realidades presentes de esta difícil sociedad tecnificada. Concluimos este artículo citando las palabras de Fernando R. Contreras, profesor de Diseño Infográfico: “Una tecnificación irracional podría conducir al Hombre a posiciones contrarias a las pensadas originalmente, podría causar efectos inesperados que, al igual que el fuego de Prometeo, se revolvieran contra él. Una sociedad de la información sin reflexión nos llevaría al aislamiento; una sociedad de red, a la desorganización y al caos más destructivo; una sociedad del conocimiento, a la ignorancia, a la apatía, al tedio intelectual -y así podríamos dibujar un horizonte oscuro y lamentable”.

Jorge Antonio Buckingham


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