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DEMIAN, DE HERMANN HESSE: EL VALOR TRASCENDENTE DEL ESCLARECIMIENTO MORAL

15 de noviembre de 2013

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Se entiende que la moral da forma a aquella conciencia de libertad propia del ser humano, a través de la cual sus actos son juzgados como buenos o malos. En términos generales, la moral puede conceptualizarse como aquel conjunto de valores deseables en toda persona, en el que se incluyen el respeto a la dignidad humana y la igualdad de sus congéneres (en torno a su género y ante la ley).

En  una   sociedad   democrática  y  pluralista como -teóricamente es- la nuestra, existen muchas modas que aparecen tras cada período de crisis de valores morales y/o éticos. En estos tiempos de globalización, la Ética se ha puesto de moda. Todos hablan de ella: los políticos, los científicos, los medios de comunicación, los abogados, los jóvenes, los no tan jóvenes -todos los sectores de la sociedad. Sin embargo, cabe la pregunta: ¿podemos adjudicar a la conciencia moral un valor de trascendencia que justifique nuestros esfuerzos para convivir saludablemente en una sociedad en la que la decadencia y la confusión parecen prevalecer sobre el Sistema? Para tratar de dilucidar este panorama, presentamos este análisis de la novela Demian: Historia De La Juventud De Emil Sinclair, de Hermann Hesse, uno de los más profundos escritores del siglo pasado.

ILUSTREMENTE AQUEJADO

Hermann Karl Hesse nació el 2 de julio de 1877 en Calw, Baden-Wurtemberg (Alemania). Descendiente de misioneros cristianos, su familia tuvo una editorial de textos religiosos dirigida por el abuelo materno, Hermann Gundert. Sus padres fueron Marie Gundert y Johannes Hesse, hijo de un médico originario de Estonia. Tuvo cinco hermanos, de los cuales dos fallecieron prematuramente.

Durante los primeros años, el mundo de Hesse estuvo impregnado por el espíritu del pietismo suabo. El pietismo, vale la pena recordarlo, fue un movimiento religioso protestante surgido en Alemania en el siglo XVII, como reacción evangélica contra el intelectualismo y el formalismo dominantes en las iglesias luterana y calvinista. “Suabo”, por otra parte, es el gentilicio de Suabia, una región histórica alemana repartida actualmente entre Baden-Wurtemberg -como ya se dijo, la cuna del autor- y Baviera.

En 1881, la familia se instala en Basilea, pero vuelve al año siguiente a Calw. Una vez terminados con éxito sus estudios latinos en Göppingen, Hesse ingresa en el seminario evangélico de Maulbronn, del que pronto se escaparía a causa de la rigidez educativa que le impedía -entre otras cosas- estudiar poesía (“seré poeta o nada”, dice en su autobiografía). En Bajo Las Ruedas (1906), el joven Hermann hace una descripción de ese opresivo sistema educativo.

Hesse sostuvo continuos y violentos conflictos con sus padres, lo que lo lleva a un intenso peregrinaje a través de diferentes escuelas e instituciones. Pronto entra en una fase depresiva y manifiesta tendencias suicidas (“quisiera partir como el Sol en el ocaso”). Al poco tiempo, acomete una primera tentativa de suicidio (por lo que se lo interna en un manicomio, y luego en una institución para niños).

A fines de 1895, Hesse empezó a trabajar como librero en la librería Heckenhauer, labor a la que se consagró en cuerpo y alma. El grueso del fondo literario versaba principalmente sobre teología, filología y derecho. La tarea del joven aprendiz consistía en agrupar y archivar libros por cantidad. Al terminar la jornada, continuaba enriqueciendo su cultura en solitario -los libros compensaban la ausencia de contactos sociales (“...con los libros tenía más y mejores relaciones”).

La consagración literaria de Hesse hizo posible el matrimonio con Maria Bernoulli, en 1904, permitiéndole fundar una familia. Escribió la citada Bajo Las Ruedas además de relatos y poemas varios, pero su siguiente novela, Gertrude (1910), supone una crisis de creatividad en Hesse. Acabó a duras penas la obra, y más tarde la consideró fallida. En 1911, debido a algunos problemas familiares, tuvo que viajar por Ceilán e Indonesia. Allí no pudo encontrar la inspiración espiritual y religiosa que anhelaba. No obstante, este viaje impregnó sus obras posteriores, comenzando por Cuadernos Hindúes (1913).

Tras la declaratoria de la Primera Guerra Mundial (1914), Hesse se presentó como voluntario en la embajada alemana. Se le declaró inútil para el combate, siendo destinado a Berna para asistir a prisioneros de guerra en su embajada. Los conflictos con el público alemán no se habían disipado, cuando Hesse sufrió una nueva vuelta de tuerca que le sumió en un conflicto existencial más profundo: la muerte de su padre, la grave enfermedad de su hijo Martin y la crisis esquizofrénica de su esposa. Entre septiembre y octubre de 1917, Hesse redactó su novela Demian. El libro fue publicado en 1919, con el seudónimo de Emil Sinclair.

En gran medida, por esta obra tardía le fue concedido en 1946 el premio Nobel de literatura. Después de la Segunda Guerra Mundial, su creatividad fue declinando: escribió relatos y poemas, pero ya ninguna novela. Murió mientras dormía, a los ochenta y cinco años, el 9 de agosto de 1962 en Montagnola, a consecuencia de una hemorragia cerebral. Sus obras, consideradas de gran valor espiritual y humanístico, han contribuido enormemente al despertar artístico de generaciones enteras, concretándose de este modo un aporte significativo para la literatura universal.

PERIPLO MANIQUEISTA

Demian: Historia De La Juventud De Emil Sinclair es una novela de “formación”, ya que su propósito es relatar la evolución espiritual de un adolescente recorriendo y atravesando los difíciles años del crecimiento hacia la adultez. El colegial Sinclair es engatusado por Kromer, un mal compañero -vagabundo y fanfarrón- que actúa como hombre experimentado. Sinclair, atraído por la personalidad de Kromer, engaña a sus padres, roba y cae por el tobogán del pecado. Entonces aparece Demian, otro condiscípulo que se expresa de manera distinta, una mirada entre fría, intemporal y misteriosa; que parece salir de un pasado sin edad.

Demian parece reflejar gran parte de la vida de Hesse. Muchos críticos tienden a suponer que Emil Sinclair es un “alter-ego” que Hesse utilizó para retratar su propia vida. El Hesse-Sinclair que se muestra aquí es el yo-real impregnado de los valores tradicionales de la cultura moderna y la religión cristiana; pero a la vez, es un ser inconforme y gustosamente alejado del rebaño humano, cuestionándose a sí mismo permanentemente en la búsqueda de superar la vieja moral y la esperanza de sentido en medio de una sociedad en decadencia. Por otra parte, Max Demian representa el yo-ideal que Hesse dibuja siempre con un semblante filosófico-reflexivo, cuyo sentido de la existencia busca ser trascendental, y que se opone a toda tradición hegemónica para transformarla y crear nuevos valores.

Entendido el libro de este modo, vemos en su protagonista el reflejo de un autor que se mueve entre dos mundos: el de la Luz, la familia y las tradiciones sociales; y el mundo de la Oscuridad, compuesto de todo aquello que le es ajeno. Como buen adolescente, Sinclair se siente atraído por este último. Hesse nos refleja la tormenta de emociones y temores que vive un adolescente; nos enseña el camino que su protagonista sigue para realizarse como persona, dejando de lado las partes que le resultan superfluas mientras va sacando a la luz su propia esencia.

En la introducción al libro, Hesse señala: “...He sido un hombre que busca y lo soy aún, pero no busco ya en las estrellas ni en los libros: comienzo a escuchar las enseñanzas que mi sangre murmura en mí. Mi historia no es agradable, no es suave ni armoniosa como las historias inventadas; sabe a insensatez y a confusión, a locura y a sueño, como la vida de todos los hombres que no quieren mentirse más a sí mismos...”. Por lo tanto, la figura de Abraxas resulta ser la representación de lo divino y de lo demoníaco en la realidad metafísica. Demian alguna vez le dirá a Emil que habría de ahondar más allá del dios al que se le rendía culto, porque tan sólo representaba la mitad del mundo, es decir el mundo luminoso. Habría que buscar la otra mitad, un culto a lo demoníaco, al mundo oscuro. Abraxas es el dios que hace posible la visión de los dos mundos en uno solo.

ÉTICA Y PSICOANÁLISIS

La psicología de Jung influiría de manera significativa en toda la obra literaria de Hesse, a la par que éste recogía el desesperanzador panorama que en Europa se observaba desde la Primera Guerra Mundial. Desde esta experiencia, Demian nos pinta una vida interior conflictiva en la búsqueda de la superación de la moral de la Modernidad: valores burgueses, cristianismo hegemónico, escuela tradicional, entre otros aspectos que han impregnado grandes verdades y han eclipsado el fondo de la individualidad de muchos seres humanos.

Por otro lado, Jung ejerce sobre la vida onírica de los personajes de Hesse una fuerte influencia. Los sueños son de vital importancia para la realidad, pues contribuyen a confluir pasado, presente y un posible futuro a través de los deseos inconscientes, simbolizados con imágenes que cobran forma visible a través de la vida misma. Con estas palabras Hesse sustenta su tesis: “Todos los hombres viven momentos difíciles. Para los de nivel general, es éste el punto de la existencia en el que surge la máxima oposición entre el avance de la propia vida y el mundo circundante, el punto en que se hace más difícil la vida pasa por aquel morir y renacer que es nuestro destino, sólo esta vez, cuando todo lo que hemos llegado amar quiere abandonarnos y sentimos de repente en nosotros la soledad y el frío mortal de los espacios infinitos”.

Demian: Historia De La Juventud De Emil Sinclair es una hermosa novela que nos enseña que la juventud es una época de la vida en la que se deben buscar alternativas para solventar los problemas con paciencia y rigor. Si queremos ser hombres capaces, realmente críticos y trascendentes, diferentes del espíritu gregario imperante; debemos mirarnos hacia adentro, conocernos a nosotros mismos para enfrentar al mundo exterior. Para tal conocimiento, hay que mantener la conciencia del mundo completo cuyas caras son el bien y el mal, sabiendo que ambas aparecerán en nuestras acciones vitales influyendo en sus consecuencias.


En última instancia, nuestra conciencia moral sólo pertenece a Dios y a nosotros mismos. Por lo tanto, debemos ser conscientes de que ella estará siempre ahí, latente, advirtiéndonos de ciertas cosas antes de tomar decisiones; como también rezongándonos cuando hemos elegido actuar apresurada o inapropiadamente. Y esto seguirá ocurriendo aún cuando estemos exhortados a seguirla, a pesar de los errores. En todo caso, lo importante es ser consecuentes y leales, a pesar de las limitaciones. Después de todo, no sabemos cuándo tendremos que defender nuestra propia postura a capa y espada.

Jorge Antonio Buckingham


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