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SERIE RÍO BABEL (LUSTRA EDITORES)

13 de diciembre de 2013

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Con el auspicio de la prestigiosa Biblioteca Abraham Valdelomar de Ica, el año pasado la editorial limeña Lustra publicó una ambiciosa colección de poesía universal llamada Serie Río Babel, que hasta el momento abarca siete volúmenes, a saber:

1) T. S. Eliot. La tierra baldía. Traducción, prólogo y notas de Roque Puel de Cristo.
2) Ezra Pound. Lustra. Traducción y presentación de Ricardo Silva-Santisteban.
3) César Vallejo. Trilce. Edición y estudio de Raúl Hernández Novás.
4) Rainer Maria Rilke. Elegías de Duino. Traducción y presentación de Renato Sandoval.
5) Robert Browning. Poesía escogida. Selección, traducción y nota preliminar de Armando Roa Vial.
6) Saint-John Perse. Anábasis. Traducción y prefacio de Octavio G. Barreda.
7) William Butler Yeats. El yelmo verde y otros poemas. Traducción y prólogo de Roque Puel de Cristo.

Quisiera señalar primero la gran voluntad y entusiasmo de la editorial por recrear aquel maravilloso año de 1922, el denominado annus mirabilis, alrededor del cual vieron la luz o se gestaron no sólo algunas de estas obras, sino otras como el Ulises de James Joyce. Además, lo loable del caso es la oportunidad, hablando del reducido y ridículo ámbito editorial peruano -a excepción obviamente de Trilce-; de que estos libros, algunos de ellos los más importantes dentro de la historia poética mundial, estén por fin al alcance del público lector nacional, que posiblemente nunca tuvo la ocasión de conocer a alguno de estos destacados poetas, ya que las anteriores ediciones nacionales están fuera de circulación desde hace años -como los Veinticinco Poemas de Yeats (1), la Poesía Completa de Vallejo (que contiene Trilce) (2), el Personæ de Pound (que incluye Lustra) (3), las Elegías De Duino (4), la Obra Poética Completa de Perse en dos tomos (5), y la inhallable La Tierra Agostada de Eliot (6), por lo que la Poesía Escogida de Browning se convierte en una verdadera primicia editorial peruana; es decir todo un plausible esfuerzo humano.

Muy importante es el hecho de que todas éstas sean ediciones bilingües, exceptuando nuevamente a Vallejo (bueno ¿y en qué caso no fue la obra vallejiana un anomalía en las efemérides de la poesía?), lo que posibilita el acercamiento a los textos en sus idiomas originales y facilita el acuerdo o no con lo propuesto por el traductor, convirtiendo plenamente a estos volúmenes en “obras abiertas” al hacer uso de nuestro derecho como lectores de volvernos dignos escoliastas: ¡a sacarle punta al lápiz! También es importante el precio asequible de esta colección: la editorial me vendió directamente los siete volúmenes a 105 soles, es decir a quince soles cada libro. Y digo asequible pues los costos de ediciones extranjeras (que mayormente vienen de la alicaída España) están siempre por las nubes -basta darse una vuelta por la librería El Virrey para comprobarlo.

En cuanto al papel, la cubierta, la encuadernación y el acabado, los libros son impecables. Sin embargo, en lo tocante a la edición literaria, nos topamos con muchos inconvenientes que los empobrecen sobremanera. En primer lugar, hay una carencia de datos biográficos de los traductores, que en todo libro de traducción es merced incluir, ya que de esa forma sabremos la experiencia y erudición del intérprete. Y por ello va la siguiente pregunta: ¿quién es Roque Puel de Cristo? Nunca había escuchado su nombre con anterioridad y, por lo que escribe en sus textos introductorios, deduzco que es peruano. Por lo demás, intuyo que tal vez sea uno de esos nuevos talentos de la interpretación literaria que nos da la “excelente” escuela de traductores de la excluyente Universidad Ricardo Palma (como Miluska Benavides, traductora de Una temporada en el infierno de Jean Arthur Rimbaud, en reciente pulcra edición limeña). ¿Cómo diablos saberlo? ¿No que los libros fueron concebidos en la Antigüedad justamente para divulgar conocimientos? O será que, en estos tiempos de la así llamada Era Cibernética, cuando algo no se sabe hay que necesariamente “googlearlo”... Aun así, lo único que encontré del tal Puel de Cristo (por cierto, qué feo nombre, ¿padres fanáticos religiosos, tal vez?) en Internet fue el mismo prólogo a esta edición de La tierra baldía. ¿Por qué tanto misterio? Muy a pesar de que algunos sean nombres célebres dentro de la traducción literaria en español (Silva-S., Sandoval, Roa Vial), las noticias bio-bibliográficas sirven para saber las buenas nuevas por parte de ellos, pues mayormente son ellos mismos quienes las redactan, para así estar al tanto de sus últimos libros o próximos proyectos, y saber también si están vivos, enfermos, muertos, etc (7). Este increíble resbalón es, parafraseando a Eliot, il miglior difetto.

En segundo lugar, cada libro viene con un epílogo escrito expresamente por jóvenes poetas peruanos ligados a Lustra Editores. Pero en muchos de ellos hay sandeces imperdonables y lugares recontra comunes. Tal vez el que sale mejor librado de todos es Jerónimo Pimentel en su epílogo a Trilce, pues es un libro que nunca se alcanzará a comprender, incluso para quienes hablan el mismo idioma de Vallejo; mas no así creo yo para quienes deben valerse de una traducción para tratar de entender lo que dijeron dichos poetas. Incluso entre estos epílogos abunda la mala redacción. Por ejemplo, José Agustín Haya de La Torre escribe en el epílogo a Anábasis:

“No por nada, el Nobel de Literatura de 1960, despertó el interés de poetas como T. S. Eliot, Giuseppe Ungaretti y de Hugo von Hofmannthal -quienes lo tradujeron a sus lenguas-, y hasta de un poeta lejano en su expresión, como Juan Ramón Jiménez” (Perse, p. 66).

Leyendo esto, uno puede discernir que Perse, a raíz del Nobel, recién le fue atractivo al buen Juan Ramón ¡quien había muerto en 1958...! Por otra parte, Bruno Polack, muy a pesar suyo y de lo que trató de esbozar/tartamudear acerca de Pound, siempre será el pequeño y mugroso pólack... Mario Pera, en el epílogo a Rilke, también nos deja con sus escarceos en medio de la nada, sin conclusiones ni sentencias ante el inmenso corpus de la obra rilkeana. Pobre Rainer Maria, ahora sí que las espinas del rosal le deben estar doliendo en el alma.

Pero quien da la mayor patinada es el más viejo de estos jóvenes poetas, el horazeriano Paul Guillén, quien titula pomposamente su epílogo como “Robert Browning en el Perú”, para luego escribir líneas abajo:

“Debemos preguntarnos sobre el por qué en la poesía peruana no existen menciones directas o traducciones de Browning; seguro Antonio Cisneros, que [sic, aquí debió poner “quien”] dedicó una tesis doctoral a la poesía inglesa, lo conocía, e intuimos que Rodolfo Hinostroza [¡Sí, el mierda ese!] también debió conocerlo, pero no ha habido mayor interés en el Perú por el poeta de ‘Sordello’ ” (Browning, p. 181).

¡Oh vaya!, muy aparte de notarse apresuramiento al ser escrito, Guillén cae en la gran necedad de aseverar que posiblemente haya alguna lejana conexión entre Perú y Browning cuando en realidad no la hay, chamullando para ello en el camino al mismo estilo de César Toro Montalvo. Qué gran diferencia existe entre ese estúpido epílogo y, por ejemplo, el espléndido prólogo titulado “André Breton en el Perú” de Ricardo Silva-Santisteban (8) (el que sin duda Guillén ha tratado infructuosamente de emular), en donde sí se evidencian vasos comunicantes entre artistas peruanos y el poeta francés. Por lo demás, Guillén no es de buen corazón ni de hábil memoria, ya que no da crédito a quienes alguna vez le ayudamos. Verbigracia: en la solapa de su libro Historia Secreta (publicado por Lustra en 2008, véase facsímil adjunto en el siguiente párrafo) se encuentra un retrato fotográfico suyo que fue tomado por quien esto escribe en noviembre de 2005, durante la presentación en la Universidad de San Marcos de su anterior poemario La transformación de los metales, foto por la que no se me acreditó -como se supone es de justicia- en la susodicha hoja de créditos. Sin embargo, a los fotógrafos que colaboraron en la portada del libro (véase al inicio de este párrafo), sí se les acreditó, tal vez porque ellos sí eran profesionales y no aficionados apasionados por la poesía como quien escribe. No sé si la gente de Lustra sabía esto, pero Guillén sí lo sabía desde el 2005 (véase autógrafo adjunto). Lástima, pues ésta ha sido la más dolorosa puñalada en la espalda que un “amigo de la poesía” me haya dado. Advierto que si hay alguien allá afuera que aún no conozca la verdadera personalidad de Paul Guillén, aquí tiene la punta del iceberg.

Dicho esto, hay que afirmar una vez más que la crítica literaria en el Perú está podrida y agonizante gracias a las persistentes argollas literarias, que ha llegado a un nivel paupérrimo como muy bien lo atestiguamos con estos deleznables epílogos. Y si así son los noveles colofones de estos jóvenes poetas, podríamos figurarnos cómo serán sus futuros prólogos, antologías, ediciones críticas, discursos de aceptación ante la Academia Peruana de la Lengua, discursos ante el rey de Suecia al aceptar el premio Nobel, etc. ¿Se imaginan? Tal vez serían un copy and paste maldito del floro telúrico y magnético de Marco Martos, o del discurso hecho para club literario de tías ricachonas de Ricardo González Vigil...

Por otra parte, hay que señalar que todos los epiloguistas (exceptuando al iqueño César Panduro en el libro de Yeats, quien es el más sincero y menos complejo de todos) forman el consejo editorial que diseñó esta colección. Como ya se habrán dado cuenta, todos son del género masculino. ¿Acaso ésta es otra sede del famoso club de Toby en el que sólo figuran hombres? ¿Acaso a ese testosteronado consejo no pudieron ser convocadas poetisas importantes como Arianna Castañeda, Alessandra Tenorio, Luisa Fernanda Lindo o Karina Valcárcel, quienes han publicado con Lustra? ¿De nuevo estamos ante las magnánimas argollas literarias?

Por último, en el caso de La tierra baldía, existe una inmensa deuda con el traductor Ricardo Silva-Santisteban, quien -como ya dimos a conocer- en el año 2010 publicó su versión del mismo poema, y de quien sin lugar a dudas Puel de Cristo ha tomado muchas referencias, tanto en el cuerpo del texto poético como en las notas del poema, pero acreditándolo tan solo dos veces (¡!) en todo el libro (véanse las pp. 57 y 63). Por ejemplo, compárense sus versiones de la primer parte del poema:

Abril es el mes más cruel, engendrando
lilas de la tierra muerta, mezclando
memoria y deseo, devuelve a la vida
inertes raíces con lluvia de primavera.
El invierno nos mantuvo cobijados, cubriendo
la tierra con nieve que todo lo borra, nutriendo
con tubérculos secos una vida que casi no llega a serlo.
[Versión de Roque Puel de Cristo, p. 27].

Abril de todos los meses el más cruel,
engendra lilas de la tierra muerta,
mezcla memoria y deseo, mezcla
insensibles raíces con lluvia primaverales.
El invierno nos mantuvo abrigados, cubriendo
la tierra con olvidadiza nieve, nutriendo
escasa vida con tubérculos secos.
[Versión de Ricardo Silva-Santisteban, p. 17].

Juzgue usted, lector. En el campo de la traducción poética, sobre todo en el ámbito hispanoparlante, es necesario que las versiones se diferencien, se distingan; no solamente por el léxico y las cisuras escriturales, sino por la sapiencia y la experiencia poética de los traductores (9). Y, en el presente caso, debemos decir -muy a pesar nuestro- que Puel de Cristo se apoya demasiado en Silva-Santisteban, por no decir que voltea o disfraza el texto cual negrero de editorial barata como si fuera su versión. Y hablando de Eliot, si Robert Browning fue tan importante en la formación poética del autor de The Waste Land, ¿por qué el prologuista Puel de Cristo y el epiloguista Diego Molina Rey de Castro no lo mencionan en sus respectivos textos, como sí lo hacen saber en las introducciones a Lustra y a la selección de Browning? Seamos buenos por un momento, démosles el beneficio de la duda: tal vez ese dato no figuraba en Wikipedia cuando redactaban sus textos... En el libro de Yeats, Puel de Cristo también le agradece a Silva-Santisteban por permitir piratearlo -“cuyas traducciones de Yeats fueron una fuente inagotable de inspiración en cada momento” (p. 17), para luego continuar: “Asimismo, la traducción de la Poesía reunida del poeta irlandés llevada a cabo por Antonio Rivero Taravillo, y editada por [la editorial española] Pre-Textos, ha sido fundamental en el desarrollo de este proyecto”. Es decir, el uno la trabaja y el otro la baraja...

La verdad es que me gustaría decir mucho más, pero ya son las 3:33 a.m., estoy cansado y mañana supuestamente debo ir a trabajar, si es que logro levantarme luego de escribir haciendo de tripas corazón por defender a la Poesía. Una vez más lo digo aquí: el esfuerzo por editar la Serie Río Babel ha sido encomiable, pero muy descuidado filológicamente hablando. En las solapas de estos libros se anunciaban para este 2013 -que ya acaba- cuatro libros más en la serie, de autores como Lao Tse, Charles Baudelaire, Konstantino Kavafis y Georg Trakl; que esperemos en nombre de la sacrosanta poesía no tengan las deficiencias señalas aquí por nosotros.

Antonio De Saavedra


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1 W. B. Yeats. Veinticinco poemas. Traducción de Ricardo Silva-Santisteban. Lima: separata de la revista Lienzo No. 6, Lima, 1984. Luego publicado en libro: Lima: Universidad de Lima, 1986.
2 C. Vallejo. Poesía completa. Edición crítica de Raúl Hernández Novás. Lima: Procultura, 1988. La edición cubana, editada el mismo año, sí incluía el estudio introductorio, reeditado por Lustra.
3 E. Pound. Personæ. Traducción y presentación de Ricardo Silva-Santisteban. Lima: Ediciones Pedernal, 1995.
4 R. M. Rilke. Elegías de Duino. Traducción y presentación de Renato Sandoval. Lima: Editorial Nido de Cuervos, 2000.
5 S. J. Perse. Obra poética completa. Tomos I-II. Introducción y versión castellana de Jorge Zalamea. Lima: Rectorado de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 2004. (Colección El Manantial Oculto; 43-44).
6 T. S. Eliot. La tierra agostada. Edición bilingüe. Edición, traducción, presentación y notas adicionales de Ricardo Silva-Santisteban. Lima: edición privada fuera de comercio de 300 ejemplares para circular entre amigos del traductor, 2010. [Silva-Santisteban se justifica apartándose, como dice, “de la rutina de otros traductores” de rotular consabida y cansinamente en español el poema como La tierra baldía].
7 Al momento de escribir esta reseña, nos enteramos de que hace unas semanas Renato Sandoval sufrió un ataque cardíaco durante su estancia en España. No hemos tenido más noticias al respecto; por nuestra parte, esperamos de todo corazón que se cuente bien de salud y bregando siempre por la poesía como lo hace desde antaño.
8 Véase el prólogo en mención en: André Breton. Poemas. Traducción de Armando Rojas. Edición, prólogo y bibliografía de Ricardo Silva-Santisteban. Lima: Jaime Campodónico Editor, 1993 (Colección del Sol Blanco), pp. 7-46.
9 Por ejemplo, las versiones al español de Bernard Noël por la argentina María Negroni (Córdoba: Alción, 2004) y por el chileno Pablo Fante (Santiago: Cuneta, 2011) coinciden en algunos textos, pero cada uno tiene su modo de plasmar lo expresado por aquel poeta francés.

ENLACES RECOMENDADOS

http://la-fortaleza-de-la-soledad.blogspot.com/2013/07/poesia-para-el-invierno-lustra.html ("Poesía para el invierno / Lustra", por Gabriel Ruiz Ortega, en La Fortaleza De La Soledad).

http://escritoresporescritores.tumblr.com/post/48947445054/eliot-o-el-espejo-roto-de-la-modernidad-por-roque-puel ("Eliot o el espejo roto de la modernidad", por Roque Puel De Cristo -prólogo a su versión de La tierra baldía-, en Escritores Por Escritores).

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