CODEINE: ANGUSTIA BAJO CERO

16 de marzo de 2012

 

Frigid Stars
(Sub Pop, 1990)


No me explico cómo con un sol radiante como el que nos ha atosigado todo este verano, he tenido el ánimo para escribir una reseña sobre uno de los discos más sombríos y gélidos de mi generación. O quizás haya sido por eso, precisamente. No sé si fue con un velado arresto por recordar épocas en donde, apesadumbrado por cosas que en el fondo sí podía controlar, disfrutaba esa sensación de “bajoneo”, de sentirme a gusto estando triste. Tal vez no cae mal la remembranza, ahora un año más viejo, entre tanta sensación de optimismo y mejoría rondando por ahí. Qué sé yo...

Frigid Stars sólo puede definirse como un soundtrack de las sombras. Tristeza y languidez hilvanadas para tejer una decena de temas que hasta ahora acompañan nuestros instantes de soledad. El debut de Codeine, con esa portada que simula el negativo de un cielo bañado de estrellas, bien sirve para el trance. Es efectivo en su letargo, impactante en su lobreguez.

1990 selló el inicio de una década que arrastraba, en un plano más visible, grupos que disfrutaban hacer lo inopinado por alcanzar notoriedad (y esto no significaba necesariamente grabar un videoclip para alguna de sus canciones). Codeine, valiéndose igualmente de bajo, batería y guitarra, decide recluir su estética en el ensimismamiento, y desde ahí lanzar un disco que bautizaría un género que señalase posteriormente el camino de almas en pena. Frigid Stars representa la marca con fuego del slowcore por derecho propio.

Un debut desafiante. Porque hay que tenerles paciencia a las 10 canciones que firman. El trío -Stephen Immerwahr en bajo y voces, John Engle en la guitarra, Chris Brokaw en la batería (después lo reemplazaría Doug Scharin- recurre al minimalismo huyendo de la inmediatez noise de la que se sostendría todo el batallón grunge venidero, pero esto no le resta un ápice de sinceridad a su propuesta. No se oye forzado, sino más bien consecuente con el tratamiento que desean imprimirle a sus depresivas inclinaciones.


Immerwahr, dueño de toda la lírica de la banda, no se siente particularmente alegre (“D For Effort/D For Intent/D Because You Pay The Rent”, canta en “D”, la apertura del disco; ¿será ‘D’ de ‘Depresión’? hmmm...), y no parece que le agrade mucho la idea de que el resto se sienta así (“Last Night I Dreamt Your Face/The Skin Was Falling Off/The Flesh Was Turning Grey”, dice en la insondable “Cave-In”). Sus relatos pueden resultar escalofriantes, como escuchar a un victimario rememorar sus atrocidades (cuando no “canta”, simplemente decide hablar las líricas; de aquí tomaron apuntes Slint y Arab Strap).


No hay muchos colores que apreciar en FS, ni en música ni en letras. Apunta a una sola dirección, no hay error de cálculo. Escucharlo significa adentrarte en un estado de ánimo, yendo a una velocidad estipulada de antemano (“Old Things”, “3 Angels”), abordando temas como intentos de hacer funcionar relaciones de pareja, o dejar atrás una vida para hacerle frente a una nueva -pero abordados con cierto halo de misterio y no exentos de una interpretación casi inescrutable.

Incluso cuando se otorgan ciertas libertades creativas, es para acentuar lo tétrico de su propuesta (Brokaw deja la teba y coge la guitarra en “Second Chance” sólo para añadir más ruido fúnebre a la paleta). Su sonido ciertamente exige imbuirse en un paraje en el que, a medida que desciendes, sólo puedes optar por regocijarte con lo escuchado, o huir de ahí para siempre (“This Is A Cave-In/I Said I'd Stay”). El paso track por track es casi agonizante, y las consecuencias pueden resultar no tan agradables, incluso si se piensa que has salido bien parado de la experiencia (asusta escuchar eso de “To Be One Mile High/Then I Would Kill You All” en la canción final “Pea” -por Dios...-).


Frigid Stars es el “blueprint” del slowcore. Un debut seminal, certero, ejecutado con el convencimiento no de querer instaurar un nuevo lenguaje -sino de expresar un sentimiento real, que retratara posteriormente toda una pléyade de jóvenes que hicieran del “menos es más” un leit motiv. Eso sucedía cuando los noventas, musicalmente, aún significaban algo más que tener tu video en MTV. Así de irrepetible.

Cristhian Manzanares

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