GUIDED BY VOICES: GUIADO POR LA RUPTURA

15 de junio de 2012

 

Mag Earwhig!
(Matador, 1997)


Este disco de Guided By Voices tiene demasiadas cosas a destacar como para que pase desapercibido. Era el lanzamiento largo número 11. Robert Pollard, factótum del grupo, decidió despedir a su guitarrista de toda la vida (y a veces compositor), Tobin Sprout -y junto a él, a todos los demás. Contrató a la banda Cobra Verde para que toque con él. Y se mandó con una placa de 21 canciones, algunas de las cuales no llegan a los dos minutos (y apenas pasan del primero). No serán las 28 de Alien Lanes (Matador, 1995), pero igual reafirman la asombrosa prolijidad del buen Robert.

Queda claro que Mag Earwhig! no es otra cosa que una experiencia solista de Pollard, más que un nuevo disco de GBV (o como lo rebautizaron los fans, Guided By Verde). ¿Qué más prueba que la nota de prensa del lanzamiento (“Pollard es el personaje principal en esta extensa narración”) necesitas? Su nueva banda, oriunda de Cleveland (y también formada de los escombros de otra, Death Of Samantha), le proveyó el soporte para seguir dando rienda suelta a sus impulsos creativos. A los fans, gracia no le hizo, y demandaron el respetuoso cambio de nombre. No pasó. Lo que sí sucedió fue que, como indicaba la lógica, su sonido lo-fi viró hacia una solidez que a algunos les hizo extrañar demasiado ese pop sucinto de jornadas predecesoras.

Hay punche en el sonido, pero ME! no te deja knock-out, y quizás apenas llega a ganar por puntos. En ese entonces, ya habían pasado 3 años desde el Bee Thousand, su primer disco para Matador (y quizás tu favorito). Más allá de acusar a la banda, o a Pollard, de falta de filtro en sus temas, o de trastocar para mal el “verdadero” sonido del grupo; sabemos que quizá este trabajo no llegue a obtener el calificativo de memorable. A pesar de esto, Mag Earwhig! (nombre que alude a una figura de dibujos animados en forma de insecto -Magnificent Earwhig; él, obviamente- que interactúa con algunos personajes salvajes) posee canciones en las que Pollard evoca nostálgicos recuerdos de la infancia en su Ohio natal. No sé si soy injusto, o puede ser que las sensaciones provocadas por este mismo disco no son las mismas ahora a esta edad.


No soy de la opinión de condenar o arremeter contra una banda por su dependencia a una estética determinada para mantener su status (quizás debería). Pero ya que estamos en este asunto, si la experiencia lo-fi significa algo para mí, es en el mismo sentido que llegaría a significar una canción grabada en la orilla opuesta: se trata de las canciones, no del soporte o el proceso. O los métodos de producción. No considero que deshacerse de un line-up haga mella en el sonido de tu grupo, si lo que siempre buscaste era eventualmente darle la vuelta -a pesar de la reputación de poco disciplinado de Pollard. ME! incluso, como figura en los créditos, fue producido por todos los involucrados (“everyone involved”). Eso sí, irregular por donde se le oiga.


El disco larga con una disonancia que me palteó, “Can’t Hear The Revolution”. Ése y los 4 números que le siguen arman un arranque prometedor. Me quedo con la impresión que me sigue dejando “I Am A Tree” toda vez que la escucho. ¿Dice mucho que la mejor canción del disco esté colocada apenas comenzando, y que haya sido escrita por el guitarrista Doug Gillard? No importa, lo es. “Bulldog Skin” cierra esta primera parte: un inicio áspero, guitarrero, entusiasta. “Are You Faster?”, colocada inmediatamente después, apenas sobrepasando el minuto de duración, es una de las últimas colaboraciones del GBV “firme” que se incluyen aquí, junto a “Jane Of The Waking Universe”, casi al final -esta última tiene todo eso que extrañarán los “hardcore-fans” del antiguo Guided. Esos hooks lo-fi, esas armonías beatlescas (“Learning To Hunt”), esos riffs para tararear... Pequeños himnos que se encuentran espaciados entre intermitentes “arias” de 30 segundos de duración de esta fallida opera indie (qué buen chiste el de Pollard, ¿eh?).


Esas joyitas de 2 minutos y algo, que capturan la esencia de lo que es una buena canción rock, tienen nombre propio: “Not Behind The Fighter Jet” es un buen ejemplo. “Portable Men’s Society” es otro, demostrando frescura y -por qué no- novedad (los títulos son materia aparte, siempre descolocando). El cierre tampoco es para nada deleznable: “The Colossus Crawls West”, “Mute Superstar” y “Bomb In The Bee-Hive” (¿alusión al Bee Thousand, Robertito? uhm…) funcionan, aunque “Bomb...” me resulta hasta cierto punto inconclusa, sin remate, no te deja ganas de más. Eso sí, bacán que haya intensidad (y hasta más que en anteriores esfuerzos).


No encontrarás aquí un “The Official Ironmen Rally Song”. No será un disco producido por Steve Albini. Hasta te decepcionará la notable mesura en lo que a consumo alcohólico se refiere. Pero en Mag Earwhig!, Robert Pollard busca eso, romper con el pasado. Y lo logra. Era lógico: para una mejor “producción”, necesitaba una mejor banda. Llamémosle “disco de transición”. Vamos, esto es música, no el calentamiento global.

Cristhian Manzanares


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