COCTEAU TWINS: A TRAVÉS DE CANTOS DE BALLENAS Y SIRENAS

12 de septiembre de 2014

 

Victorialand
(4AD, 1986)


Hubo un momento en el panorama musical, poco más de una década atrás, en el que lo imposible parecía ser un hecho: Cocteau Twins tocaría en Coachella. Años de separación llegaban a su fin en un escenario impensado, pero con toda la expectativa puesta en recibir a un grupo que parecía por fin haber limado sus asperezas (amén de haber aceptado una suculenta oferta económica).

Y de pronto... nada. El trío escocés anuncia que la reunión nunca será y que cada uno seguiría por su senda. Según confesara posteriormente el guitarrista Robin Guthrie, aparentemente fue Liz Fraser, vocalista y a la sazón su ex esposa; quien declinara en última instancia no sólo la participación en dicho festival, sino también el mero hecho de volver a juntarse en una misma habitación. A nosotros los fans, nos quedaría consolarnos con sus discos, que no fueron pocos -y ciertamente muchos de ellos magistrales, los mismos que apuntalaron este temporal revuelo finalmente insatisfecho.

Una de esas placas definitivas, no sólo para el grupo, sino incluso para la década de los 80s; es definitivamente Victorialand. Este cuarto trabajo es una rara avis dentro de la ya de por sí inusualmente peculiar discografía de los Gemelos Cocteau: volumen que posee un idioma propio, que no tiene nada que ver con todo lo que sonaba en ninguna parte durante esa época -años de la epítome indie con The Smiths, de Metallica y su explosión thrash, de Paul Simon y Peter Gabriel en el plano más comercial de la música pop, del nacimiento hip hop de los Beastie Boys, y así.

Como todo gran álbum, Victorialand esconde una anécdota dentro de su concepción y ejecución. Cocteau Twins no podía contar momentáneamente con Simon Raymonde, su bajista, por lo que Guthrie y Fraser decidieron grabar ellos mismos el íntegro del disco... y meter un saxofón (?). El acompañamiento correría por cuenta de Richard Thomas -Dif Juz- para el tema de apertura, “Lazy Calm”. Sus vientos se encumbran sobre los sosegados efectos de guitarra con los que Guthrie arropa esta canción. Ésta sería la tónica en adelante: temas sin bajo y batería, un marcado minimalismo, y el tándem Guthrie/Fraser haciendo suyo el LP. Reinventándose ante la creciente fanaticada.


En adelante, el verdadero sonido del Victorialand se hace presente en todos los surcos. Cada canción parece enhebrarse con la que sigue, manteniendo una conexión admirable, pero en la que se percibe cierta intranquilidad y un cúmulo emocional que no llega a estallar -sino que se va conteniendo. La sensación es rarísima: estamos ante un álbum calmo pero denso (a pesar de ser solamente voz y guitarra -aunque, cierto, con muchas capas alrededor-), relajante pero al mismo tiempo atemorizante.


Esto se debe en buena parte a la inimitable voz de Elizabeth Fraser. Liz canta de forma delicada, por momentos se muestra frágil, pero a lo largo del esférico su voz es cautivante e indescifrable. Inventando letras, jugando con la sonoridad de las palabras inescrutables, pero al mismo tiempo denotando tristeza y hasta desdicha. Una voz nocturna, o eso me ha parecido siempre a mí, hecha para la luz de la luna. Sus vocales también se cubren de capas de eco y parecen elevarse a rangos imposibles para la humanidad en “Fluffy Tufts”.


Otra de las propiedades que tiene un disco de CT es la habilidad para generar y proporcionar landscapes en cada nueva escucha. Victorialand no es la excepción a la regla: ¿qué, si no, obtienes de una melodía de belleza cabal como es “Throughout The Dark Months Of April And May”? Cada sonido te remite a una sensación, te sugiere un estado, te evoca un espacio, un lugar. “'How To Bring A Blush To The Snow” y sobre todo “The Thinner The Air” nos dicen que, damas y caballeros, estamos flotando en el espacio, sobre la nieve, alrededor de la penumbra, dando vueltas al universo -cuando no nos sumergimos, por supuesto, en las profundidades del océano, en lo más frío de las depresiones marinas, para escuchar el canto de las ballenas y ver danzar sus colas mientras Fraser conversa con ellas (“Whale Tails”).

Uno de los grandes aciertos que posee el Victorialand es su duración: apenas sobrepasa la media hora, y no necesitas más. Esta característica le dota de una cohesión que convence y atrapa. Logra que escuches el disco de un tirón sin querer perderte lo que viene a continuación, sorprendiéndote de cada nota que sale de la guitarra de Guthrie y la voz de Fraser. Quizás la mayoría coincida en que Treasure (4AD, 1984) sea lo mejor que sacó el terceto en los ochentas (y tal vez a lo largo de su carrera), pero esta obra refundó su estilo y les proporcionó una exquisitez que no ha podido ser superada hasta la fecha. Otros dirán que es su disco más “ligero” y delicado, seguramente así sea, pero no encuentro un solo defecto en ello.

Atmosférico y cautivante. Un triunfo, tal como lo expone su nombre. Punto final.

Cristhian Manzanares


ESCUCHA EL VICTORIALAND AQUÍ

ENLACES RECOMENDADOS


http://www.ericr.nl/cocteaus/victorialand.html (en An Appreciation Of The Cocteau Twins).


http://www.adriandenning.co.uk/cocteautwins.html#vi (en Adrian Denning’s Album Reviews).

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