PRIMERA DOSIS

4 de septiembre de 2009

 

Decía Jorge Luis Borges, en uno de sus cuentos más celebrados (Tlön, Uqbar, Orbius Tertius), que una estirpe de solitarios había logrado transformar el mundo hasta convertirlo justamente en el planeta imaginado/¿soñado? Por supuesto, creemos que está más al alcance de nuestras capacidades simplemente resistir en la Magia y protegerla, pero es evidente que compartimos espíritu de cuerpo con ese puñado de adelantados en las ciencias y las humanidades. “Caballería espiritual”, blasonaría Umberto Eco.

Siempre que hemos coincidido entre nosotros, la hemos pasado increíble. Hemos apreciado las bondades de tal o cual película, paladeado las sensaciones que cada tanto nos revelan la música rock y la electrónica -las mejores que se hayan hecho sobre la faz del vil planeta Tierra-, especulado sobre las posibilidades científicas que ofrece nuestra torpe adolescencia tecnológica, y disfrutado de literatura con mayúsculas. En suma, nos hemos reconocido en el otro.

Quizás se debe a esa hermandad que los proyectos jamás hayan escaseado. Pero el momento actual supedita su concreción a la satisfacción de necesidades más, ejem, urgentes. Aunque este estado de cosas no rija en todo el orbe, es la cruel realidad que nos ha tocado encarar. Menudo problema: estamos atrapados en un Sistema en el que sólo se vive para trabajar. Pocos son los espacios para cultivar el espíritu, la plástica, el sonido o la filosofía -el mero acto de reflexionar, considerado una rareza por generaciones que ya ni siquiera saben leer, no es visto con buenos ojos.

El mundo en manos de científicos, humanistas, tecnócratas y artistas: quién de nosotros no querría zambullirse en semejante utopía, cuyo status quo estaría determinado simplemente por la cultura/el conocimiento. En lugar de eso, el mundo está en manos de políticos, despojos, títeres y lumpen. Lo peor de todo es que esas siniestras criaturas están fagocitando a la aplastante mayoría de la raza humana. “Vive a 1000 kph, abandónate en el alcohol, sé 100% productivo, renuncia al ocio”, parece ser el nuevo y estúpido lema.

Acaso no sea, entonces, gratuito que hayamos llegado a conocernos. En más de una ocasión hemos hablado de esta problemática. Y, asimismo, hemos querido pasar de la palabra al hecho repetidas veces. Sabemos que es/seguirá siendo difícil, mientras haya que convertirse en un esclavo para subsistir. Pensando en esto es que apostamos por levantar una zona virtual liberada, compartiendo todo aquello que hemos reunido a lo largo de los años, tanto en cine como en música, literatura y otras artes que nos alimentan. Aunque físicamente lejos, estaremos acompañados si vivimos y nos comunicamos en la Magia. Aunque muchos no nos conozcamos o hace mucho que no nos veamos. “Sí, Pero Con Estilo” proclamaba el poeta horazeriano Jorge Pimentel hace ya tantos años.

El hecho de sentirnos parte de un grupo de personas con sensibilidad especial supera, al menos por ahora, la necesidad de reunirnos y actuar. En el silencio nos haremos fuertes, creceremos, aguantaremos mejor a que termine este atroz invierno nuclear. Lo que importa es que unamos fuerzas. Todos: los que nos hemos emocionado hasta las lágrimas viendo The Russian Ark, los que hemos descubierto y redescubierto a Philip K. Dick y a Howard Phillips Lovecraft, los que hemos saltado hasta el techo escuchando “Man Of Steel” de Frank Black, los que nos hemos quedado horas de horas en el paradero discutiendo sobre mundos paralelos y viajes en el tiempo, los que hemos renegado como cochitos de las torpezas con las que tenemos que lidiar en nuestra cotidianeidad.

No estamos solos. No estás solo/a. A pesar de las rupturas sentimentales, de las bozzadas que nos deparan los días, a pesar de las injusticias mil, a pesar de los bordes contractuales; nos tenemos a nosotros mismos. El resto sale sobrando.



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