Quiero ir al fondo del asunto,
hoy quiero soñar mi vida
para disfrutar la independencia del hombre solo,
solo y enfermo de sangre marchita.
Esta noche quiero dormir mi muerte,
(como todos y como nadie)
con nueva compañía.
Alguien que suela jugar como niña y como mujer,
alguien que preste atención al silencio,
alguien que ría como la primera mujer en el mundo,
alguien que recuerde
pero que no sepa nada,
nada de lo que hay en el Cielo y en la Tierra.
Jorge Antonio Buckingham
(Fragmento del poema
“Somos Solos, Mi Vida”,
inspirado en el LP5)
Resulta increíble cómo el panorama de fines del siglo XX, que pintaba para un exquisito desenfreno estilístico en predios de la música electrónica, devino en esta suerte de limbo que hoy nos ha tocado sobrellevar. Eran ciertamente los días de gloria del sampling y del dub, del trip hop y del scratch, del ambient y del post rock, del drum’n’bass y del easy listening, del ruidismo binario y del gabber. Los albores del siglo XXI dejaban entrever, para las huestes electrónicas, una edad de oro cuyo horizonte parecía ilimitado.
Pero todas las predicciones, incluso las más prudentes, se fueron al tacho. Y con ellas -o mejor dicho, antes de ellas-, la trayectoria de uno de los puntales más prominentes de esta asonada digital. En efecto, Autechre, piedra filosofal compuesta por Sean Booth y Rob Brown, también vio declinar su más que prometedora carrera con discos cada vez menos turbulentos. De grupo absolutamente imprescindible y de referencia obligada, a binomio que bajó las revoluciones de su proceso creativo para vivir de un pasado que (eso sí) continúa deslumbrando. Tiende a pasar, pero eso no lo hace menos traumático.

AÑO CAPICÚA: 1987
Hace unos días nos llegó la dolorosa noticia de la muerte del gran Adam Yauch, miembro de los queridos Beastie Boys. Francamente, uno solía pensar que estos tipazos eran inmortales -si no, chequeen el guiño que Matt Groening les dedica en Futurama (temporada 1, capítulo 9).
Este triste suceso nos hizo recordar que, en Loops: Una Historia De La Música Electrónica (2002), Javier Blánquez señalaba los inicios b-boys de Booth y Brown. Si no supiera que lo dice la biblia-de-la-música-electrónica-de-todos-los-tiempos, también a mí el dato me sonaría a broma(/)improbable. Otras versiones apuntan a productores caseros que se escurrían entre el mixtape y un muy rudimentario y prototípico mash up. En cualquier caso, lo de Autechre como entidad electrónica creadora fue radical desde un principio: no sólo cortó con esa nebulosa prehistoria, sino que se planteó como heredero directo de Kraftwerk, Brian Eno, John Cage y Karlheinz Stockhausen.
La primera vez que se les oyó mencionar por aquí fue gracias al Delay Tambor (Stereophonic Elefant Dance Recordings, 1996), fabuloso disco de remezclas de los extintos Silvania: allí consumaban una fascinante transmutación de “Un Bosque En la Memoria”. La ocasión se prestó para saber un poco más sobre ellos: que desde siempre fueron dos, que habían sido fichados por Warp después de un entripado con Wax Trax, que tenían tres discos en circulación (pero que sus singles y EPs eran muchos más), y que manejaban una licenciosa identidad paralela como Gescom (tras clausurar la más antigua de Lego Feet, usada sólo en un white label de 1991).
Tres años más tarde, empezaron a llegar a Lima sus álbums: rodajas extrañísimas pero sorprendentemente comunicantes, que aprovechaban todo tipo de tecnologías disponibles para producir sonidos contrastantemente cálidos en progresiones siderales y futuristas zarabandas de emociones (sobre)humanas. Un estudio angular del Sonido, que bebía de los nombres dos párrafos arriba citados, pero también de la música analógica (a través de sintetizadores de esta naturaleza). Aparentemente, dos geniecillos curtidos en la manipulación sonora. Aparentemente.
TODAS LAS FIESTAS DEL MAÑANA
En realidad, aunque su background suene culturoso, Autechre no perdía oportunidad para demostrar lo contrario, sin ser autorreferencial y sin caer en los lugares comunes de la estética ambient-electrónica. Más allá de sus texturas cuasi barrocas, de su cultivada selva inextricable de pistas, loops y laberintos rítmicos de espíritu zigzagueante, más allá de sus asombrosas rugosidades o su bien ensamblado metalismo superficial; estos británicos empleaban/predicaban un metodismo compositivo minimal, instintivo e incluso pop -que no lo parecía debido a un sencillo efecto de superposición utilizando numerosas capas.
Cómo entender si no el Tri Repetae, disco al que le queda chico el mote de “conceptual” -donde ni el empaque plástico ni la portada te indican que se trata de Autechre, ni que se trata del disco en mención, ni que son dos CDs de 75 minutos cada uno. Cómo comprender si no el inmediatismo que los asaltaba al bautizar sus creaciones, cacofonías léxicas que algún despistado rockista podía endilgar a un snob amago de neo-lenguaje inventado por ellos mismos. Escarbando en el interior de cada álbum lanzado entre 1993 y 1998, siempre encontramos a la dupla facturando suites impregnadas de un glorioso esencialismo primordial. Siempre. Lo que varía es, digamos, el esfuerzo por encontrar el camino. Incunabula, notable inicio de operaciones allá por 1993, lo tenía a flor de piel. En la otra esquina, el LP5, obra maestra e inobjetable primer puesto de 1998, por encima incluso del genial Mezzanine (Virgin) de Massive Attack o el Music Has The Right To Children (Skam/Warp) de Boards Of Canada; exigía bastante para percibir la grandeza de esta mancuerna que había forjado su propio ascenso artístico al Parnaso del Sonido.

(¿SÚBITO?) ANTICLÍMAX
Desgraciada o previsiblemente, el dueto no supo mantener igual de alta la vara después del LP5. Salvo su primer Peel Sessions (Warp, 1999), espeluznante zambullida alienígena hacia insondables orbes transgalácticos, el EP7 (Warp, 1999) y el Confield (Warp, 2001) -aunque excelentes- ya evidenciaban cierto desgaste. En estos trabajos, es difícil distinguir si estaban tratando de mejorar/forzar la fórmula y afinar su ejecución, o si comenzaban a quedarse sin ideas. Fuera lo primero o lo segundo, su ritmo de publicación bajó después del Confield: Draft 7.30 (Warp) llegó a las tiendas a mediados del 2003, y Untitled (Warp), que supuso el desbarranco definitivo de sus días dorados, salió a fines del 2005.
Quaristice (Warp), aparecido en el 2008, prometía despertarles de un prolongado letargo -en inédita coincidencia, Third (Island Records, mismo año) de Portishead y A Pale Blue Dot (Lo Recordings, mismo año) de Red Snapper practicaba jugada similar-. Pero el desperezo no alcanzó al Oversteps (Warp, 2010), último disco a la fecha.
Es discutible adivinar si Autechre será reivindicado por la lejana posteridad. La instauración de la retórica autechreana como paradigma y la previsible avalancha de émulos a fines de los 90s no bastaron para instaurar una tradición ruido-electrónica independiente de sus inspirado(re)s modelos. Pero la Historia suele enseñarnos que no es descabellado pensar en revaloraciones ulteriores. Mientras tanto, consolémonos pensando que una vez fuimos partícipes entusiastas de un futuro que nadie pensó que nunca llegaría.
BACK TO THE FUTURE





Hákim de Merv
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(DE PASADITA)
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(DE PASADITA)
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ENLACES RECOMENDADOS
http://www.discogs.com/artist/Autechre (en Discogs.rog).
http://en.wikipedia.org/wiki/Autechre (en Wikipedia).
http://www.coorslight.com.mx/coorsnews/descongelan-el-album-debut-de-autechre/#Home (en Coors Light).
http://www.hipersonica.com/electronica/autechre-recopilan-parte-de-sus-trabajos-en-5-cds (en Hipersónica).
1 comentarios:
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https://www.lucidsamples.com
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