ARCHER PREWITT: EL ELEGANTE ARTESANO DEL POP

11 de enero de 2013

 

Wilderness
(Thrill Jockey, 2004)


Todos hemos tenido un momento en nuestra adolescencia en donde la música nos entraba más por los ojos que por las orejas. Era más lo que leíamos de música, que la que efectivamente escuchábamos. ¿Factores? Miles: difícil acceso a las fuentes, escasez monetaria, simple flojera... Y por qué no, incluso era divertido buscar esa revista o esa columna en el diario, y (re)leerla a placer. Ahí, al menos, no habría decepción. Así, entre otros “descubrimientos”, llegué a The Sea And Cake, gracias a una inmejorable reseña de One Bedroom, su gran disco del 2003 (aunque hasta hoy me sigue pareciendo que esa reseña es mejor que el album, jeje).

El acercamiento a ese sexto episodio del quinteto fue como el de un zancudo al neón. Y debo decir que fue todo menos decepcionante, a pesar de lo mencionado líneas arriba (en realidad, es la envidia por no haber sido yo quién escribió esas líneas). Posteriores escuchas no hicieron sino comprobar que el combo de Chicago tiene un efecto tan hipnótico que es difícil dejarlo así nomás. Algo que no cuesta entender cuando luego te das cuenta del talento contenido en varios de sus miembros.

Tiempo después del One Bedroom, uno de estos muchachos de talento prolífico, Archer Prewitt, se dedicó a dejar de lado esas canciones pop espaciales y meterse de lleno a sacar nuevo material para su carrera personal (cosa que ya venía haciendo a la par de su banda “oficial” desde el debut solista In The Sun, fechado en 1997). Wilderness se presentaba en aquel momento como su quinto álbum en solitario y definitivamente puede sentirse algo más delicado que su aventura grupal, con matices propios de un espíritu creativo en constante búsqueda -a pesar de ingresar a terrenos hasta cierto punto convencionales.


Creo que no serviría de nada compararlo con lo que venían haciendo también aisladamente sus yuntas en TSAC (o con este mismo grupo, incluso), pero bueno, tiene poco que ver con la onda jazzy y energética de la banda matriz. Aquí se muestra confesional, con cierta filia setentera: por momentos es atormentado, y por otros incómodo (tranquilo, que no es un disco para acompañar tus depres en lo absoluto). Pero hay temas, digamos, intensos, que le sirven como expiación, y se aplaude la valentía.


Dicho esto, sería contraproducente pensar que a lo que nos enfrentaremos será a un trabajo frío y distante, cuando todo lo que ha querido Prewitt es grabar un disco elegante, y con exquisitos arreglos forjados para hacer de Wilderness un álbum más bien cálido y artísticamente coherente. Sin embargo, debo reconocer que estas 11 canciones no te capturan desde la primera escucha; y confieso que, luego de todo este tiempo, sigo sintiendo que recién alza vuelo llegando a la mitad. Una vez ahí, la experiencia es inmejorable. El sonido gana una riqueza encomiable gracias a la instrumentación de la banda que acompaña al buen Archer. Un ‘grower’, en definitiva.

Atípico como podíamos suponerlo, Prewitt se vale de “alteraciones” en las estructuras normales de una canción para captar nuestro interés. Sale victorioso la mayoría de veces. Esta aventura introspectiva arranca a muy bajo volumen (y con lo que parece develarse como el sonido de una cajita de juguete) gracias a “Way Of The Sun”, cuya coda fluye con una naturalidad que se aplaude. Una ruta similar, en cuanto al tratamiento de la estructura de la canción, sucede con “Leaders”, logrando que los quiebres, las codas, los puentes; vamos, la forma en que se desarrolla la canción, escape a lo predecible. Es cierto, podría conceder que este afán “subversivo” de sorprender logre por instantes alargar innecesariamente un par de temas, pero toda ruptura tiene sus riesgos.


Los ánimos en ocasiones no son de los mejores, valgan verdades. “O, Ky” toca el doloroso tema de la pérdida del padre, aunque sin que eso haya significado una canción lastimera (menos mal). Quizás la canción más Elliot Smith que le haya escuchado a ningún mortal sobre la faz de la tierra. “Think Again” tiene unos versos bastante enfadados: “Feeling That There's Something Wong With Your Days And Nights/Love's Evaded You/Now You're Gonna Wreck It All Like You Did, Like You Do/You Continue To”. Aún así, Prewitt se las arregla para lograr temas incluso tarareables mostrándose, como mencioné, en plena forma a partir del quinto track. Es cuando comienza a sonar “Judy, Judy”, a mi juicio, que Wilderness se robustece, se cree más su plan de ser un disco pop, que, aunque difícil, muestra su peculiar frescura, su manifiesta complejidad, y ese sonido tan “profesional” como artístico, que no es frecuente encontrar a la vuelta de la esquina.


Más puntos altos llegan con “No More” y su aura melancólica post setiembre-2001, o esa joya de nombre “Cheap Rhyme”, el corte más alegre de la placa, sin que este adjetivo denote resignación: escucha esos vientos, y sentirás la más simpática resolana en tu cara. Toda una revelación. El único “bajón” en la parte final del disco es, a mis oídos, “O, Lord”, pero tampoco es grave. Alguien tan inteligente como nuestro Archer sabe que un buen arreglo de cuerdas salva la situación, y aquí lo logra (sumándole convenientemente una guitarra con slide para adornarla).

Prewitt es un artesano. Un artista con la elegancia y el talento suficiente para hacer un disco con D mayúscula, de la portada al último track. Su estética va más allá de la música, pues además es dibujante -autor del comic Sof’ Boy, e ilustrador de la portada de este Wilderness, en el que con su lápiz retrata a su esposa. Puede volarte el cerebro con su grupo de toda la vida, o componer temas tan desgarradores como “Without You”, e igual vas a querer seguirle la ruta que camine. Una ruta en donde la calidad y la elegancia siempre serán el machete que abra la trocha. A caminar detrás de él, entonces, a pie juntillas.

Cristhian Manzanares


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