PRIMAVERA CERO: SHOEGAZING STRIKES BACK

10 de octubre de 2014

 

ORQUÍDEA
Abril
(Hype Records, 2014)

PUNA
Au Dial
(Dorog Records, 2014)

Más de cuatro lustros han transcurrido desde que el Loveless (Creation, 1991) de My Bloody Valentine extendiera el acta de nacimiento del shoegazing -y, de taquito, provocase no sólo el surgimiento del post rock, sino la decadencia de la música rock como fuerza creativa en incesante evolución. Lejos han quedado ya las jornadas fundacionales del período 92-96, los calendarios de una primavera supersónica que hizo combustión como ninguna otra y que prácticamente batió records en velocidad de extinción (puesto que el pop no tardó en canibalizarla).

Sin embargo, y pese a la rápida asimilación al vocabulario mainstream de sus principales descubrimientos y logros, la semilla plantada por los shoegazers no ha cesado de dar frutos a todo lo ancho del mundo civilizado. En el Perú, estamos próximos a conmemorar veinte años de las primeras manifestaciones que esa peculiar conjunción de ruido y melodía suscitase entre nuestros músicos, así como de sus subsecuentes derivaciones sonoras. Y aunque la tradición shoegazer local no se ha interrumpido desde su año cero (1996), pocas veces se han producido simultáneamente lanzamientos que renueven con esmero los bríos del género -una suerte de sui generis “lazarus taxon” en la estratografía sónica de estas costas.

Puna y Orquídea. Limeña la primera, arequipeña la segunda. De raigambre shoegazing ambas formaciones, acaban de editarse sus respectivos discos de debut: distintos en las tonalidades propuestos, pero hermanados a través de la estética del reverb, del feedback, del delay, de pa(i)sajes de ensueño, de letras nubladas que se desdibujan tanto como las voces incorpóreas que las entonan.

Orquídea y Puna. Con diez años a cuestas la primera, casi le dobla la edad a la segunda. A su modo, cada cual puede contar una historia de perseverancia, de tenacidad, que hoy se ve felizmente rubricada con la recompensa del primer álbum entre sus manos (y entre las nuestras). No es un logro menor, perteneciendo a una escena independiente que ha sobrevivido sorteando a diario la adversidad. Menos aún si se tiene en cuenta su consagración a un sonido como el del shoegazing: dirigiendo la mirada hacia secuenciadores y demás herramientas electrónicas los capitalinos, abrazando la ortodoxia de los primeros impulsos del género los mistianos. A fin de cuentas, dos caras de una misma moneda.

PLANOS DEFINITIVOS, SECUENCIAS INFINITAS


Intimidante. No existe otra palabra que describa mejor el revuelo que causó Puna con el tema “Au Dial”, colgado por primera vez en YouTube en febrero del 2013 y luego aparecido en With Her Cool Things And Her Heaven/Shoegaze Compilation (de la netlabel italiana Ray Rec, mismo año). Desde entonces, a la banda se le ha solicitado insistentemente la participación de este corte en compendios de diversas latitudes, llegando incluso a aparecer una versión ringtone no autorizada del mismo... ¡¡¡en una web china!!! Como era de preverse, semejante remezón ha generado muchas expectativas en torno a la puesta de largo del grupo.

En principio (2008), Puna fue un dúo formado por el multidisciplinario artista autodidacta José Rodríguez y por Jorge Rivas O’Connor -conocido este último gracias a su trabajo tras el alias IDM de Ionaxs, que ya tiene editados tres discos físicos y dos EPs para descarga gratuita. La dupla rompe fuegos con un maxi epónimo, originalmente lanzado por Dorog Records en el 2009. Luego de dos EP (Medio Día En La Luna y Madrugada Del Fin, 2010 y 2012 respectivamente) y dos singles, el ingreso al bajo de Rolando Apolo, músico que ya ha publicado varios trabajos de harsh noise solo o en comandita con otros individualistas -Gabriel Castillo, Wilder Gonzales Agreda-; ha transformado a Puna en terceto, y como tal es que su debut ha visto la luz.

Au Dial recorre la ruta trazada por el track homónimo. La apertura, “Llachua”, hace las veces de falso y desconcertante inicio, ya que incursiona en feudos dream pop con altos niveles de sacarosa; pero inmediatamente aparece “Au Dial” para poner las cosas en su sitio. Lo de Puna, párrafos atrás había quedado dicho entrelíneas, es más una inclinación hacia el segundo momento evolutivo del shoegazing, el de la licuefacción con la electrónica, que comienza a jugar un papel cada vez menos accesorio al de la distorsión generada por los pedales. De hecho, “Au Dial” marca la tónica del disco: viñetas de una media de 4 minutos y pico, en general menos pop que “Llachua” y persistentemente vertebradas por cadenciosas secuencias muy bien trabajadas.

Apuntala esta apreciación el hecho de que el arsenal de Puna no se limite a lo usual en estos casos. En Au Dial, escuchamos el saxo loopeado de Arturo Quispe Velarde, miembro de los progresivos Cholo Visceral (próximos a estrenarse). Verdad que no es una presencia permanente, pero sí matiza temas como “Aún Horizonte” y “Monorriel” desde el discreto segundo plano en que Quispe se posiciona.

Me permito subrayar el final, justamente, “Monorriel” -porque califica al mismo nivel que los últimos trabajos editados por Rivas O’Connor como Ionaxs: Ocasos Bajo El Mar... EP y Anábasis EP, editados vía Chip Musik en este 2014. ¿Señal de un nuevo golpe de timón para Puna? Cuestión de esperar al próximo lanzamiento para corroborarlo -o, en su defecto, al concierto de presentación del disco. Vital.

VUELTA POR EL UNIVERSO


Combo dark de la Ciudad Blanca, Fobya publicó a principios del 2004 su segundo esfuerzo, el recomendable Sentimental Vacío. Cuando el año declinaba, su frontman, Abdel De La Cruz -por estas fechas músico invitado a Entretinieblas-, soltó en plaza un pequeño artefacto titulado Translúcido EP. El extended en cuestión estaba acreditado a Orquídea, proyecto paralelo en clave shoegazing que conformaban el propio Abdel y Kenyi Garrafa, bajista de Fobya. Transcribo a continuación un fragmento de lo que entonces escribí a propósito del esférico.

“Orquídea no parece hacerse mayores paltas en respirar por igual del ceratiano clásico ‘Rombos’ (‘Los Planetas’), de los Cocteau Twins del precioso Heaven Or Las Vegas (‘Mar Cristal’), o del rollo audiovisual asociado a músicas de estética similar: las clásicas imágenes de ocaso, el ensangrentado cielo del crepúsculo (‘El Árbol De Los Sueños’, ‘Electrolabio’)” (Freak Out! número 4, diciembre del 2004).

Han pasado exactamente dos lustros sin noticias sobre la continuidad de Orquídea. Es por eso que este comeback ha sido bastante comentado tras su anuncio, y lo ha sido más aún por el saldo artístico que ha redituado el debut -aunque algunas cosas cambiasen en la interna del dúo. Si en Translúcido EP el crédito es mayoritaria y merecidamente de De La Cruz, en Abril las palmas van para Raúl Begazo, guitarrista de Fobya y también de los mollendinos Aerosol -hoy resucitados como Aero-, que apoyó a Orquídea en las presentaciones del extended y que es el reemplazo definitivo de Garrafa en esta nueva etapa del tándem opiáceo.

Lo de Orquídea, no es un estigma o un demérito decirlo, es bastante genérico: guiña a los días de gloria del shoegazing y a sus principales protagonistas -Slowdive, Chapterhouse, Swallow, Silvania... En el dueto, el revival de la década pasada que propugnasen 93MillionMilesFromTheSun, Fleeting Joys o M83 ha dejado poca o nula huella. Su punche es admirable, tanto como la maciza capa de distorsión guitarrera que construye -y que recién hacia “Abril” no es que desaparezca, sino que se hace más maleable: sobrepasado ese punto, puede ser estruendosa como a la mitad de “Mat04” o delgada/semitransparente como en “Interlude”.

El apego a los cánones oleados y sacramentados del también llamado baggy se torna menos evidente en números como “Untitled” o “Uh, Uh, Uh!!!”, donde podemos percibir con mayor claridad las programaciones. Tracks de esta naturaleza permiten una cierta comparación con Resplandor circa Ámbar (2002). No obstante, al cerrar el plástico con un cumplidor cover de My Bloody Valentine (“Only Shallow”) y el atronador “Output”, el binomio sureño se reafirma en las bases que sostienen la ecuación de su propuesta: noise+pop (y artilugios electrónicos a cuentagotas). Ejemplar.

Hákim de Merv


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